Аннотация
Luzmila
Luzmila era flaca, alta y común. Había sido una buena moza de carga allá en sus tiempos de recadera de las monjas. Desde siempre, desde mucho antes de esa zona lamida y difusa donde empiezan sus recuerdos, han acudido a ella toda suerte de errátiles enjambres. Sus padres, cada cual tirando por su lado, la abuela imposibilitada desde el camastro, extendiendo las dos manos, con esa certera y ciega voracidad de la criaturas atrapadas, sus hermanos, las monjitas, que sin proponérselo pero con el infalible egoísmo de los ángeles, entretuvieron a Luzmila nueve o diez años haciéndole creer que entraría un día de novicia -para lega, que es lo que Luzmila quería ser-, llevando y trayendo los recaditos de pitiminí de las madres, y decir luego, a última hora, que no tenía «verdadera vocación» y que, en frase de la madre superiora, «estará mucho más hallada en una buena casa».
«¡Oh, Buen Jesús, yo creo firmemente -bisbiseaba Luzmila todas las noches, arrullá...

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