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ESCENA IV

Llaman débilmente a la puerta del fondo. Calígula se vuelve con brusquedad y ve al Viejo Patricio.

El viejo patricio (vacilante). ¿Me permites, Cayo?

Calígula (impaciente). Bueno, entra. (Mirándolo.) ¡Vaya, preciosa, venimos a ver de nuevo a Venus!

El viejo patricio. No, no es eso. ¡Shh! ¡Oh!, perdón, Cayo… Quiero decir… Tú sabes que te quiero mucho… y además lo único que deseo es terminar tranquilo mis últimos días…

Calígula. ¡Démonos prisa! ¡Démonos prisa!

El viejo patricio. En fin… (Muy rápido.) Es muy grave, eso es todo.

Calígula. No, no es grave.

El viejo patricio. ¿Pero qué cosa, Cayo?

Calígula. ¿De qué hablábamos, amor mío?

El viejo patricio (mirando a su alrededor). Es decir… (Se retuerce y termina por estallar.) Una conspiración contra ti…

Calígula. Ya lo ves, es lo que yo decía, nada grave.

El viejo patricio. Cayo, quieren matarte.

Calígula (se le acerca y lo toma de los hombros). ¿Sabes porqué no puedo creerte?

El viejo patricio (haciendo ademán de jurar). Por todos los dioses, Cayo…

Calígula (suavemente y empujándolo poco a poco hacia la puerta). No jures, sobre todo no jures. Escucha, en cambio. Si lo que dices fuera cierto, tendría que suponer que traicionas a tus amigos, ¿no es así?

El viejo patricio (un poco perdido). Es decir, Cayo, que mi amor por ti…

Calígula (en el mismo tono). Y no puedo suponer eso. He detestado tanto la cobardía que nunca podría evitar la muerte de un traidor. Bien sé lo que vales. Y seguramente no querrás traicionar ni morir.

El viejo patricio. ¡Seguramente, Cayo, seguramente!

Calígula. Ya ves, entonces, que tenía razón al no creerte. No eres un cobarde, ¿verdad?

El viejo patricio. Oh, no…

Calígula. Ni un traidor.

El viejo patricio. Ni qué decirlo, Cayo.

Calígula. Y en consecuencia, si no hay conspiración, dime, ¿sólo era una broma?

El viejo patricio (descompuesto). Una broma, una simple broma…

Calígula. Nadie quiere matarme, ¿no es evidente?

El viejo patricio. Nadie, claro está, nadie.

Calígula (respirando con fuerza; luego, lentamente). Entonces lárgate, ricura. Un hombre honorable es un animal tan raro en este mundo que no podría soportar su vista demasiado tiempo. Necesito quedarme solo para saborear este gran momento.