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ESCENA V

Calígula contempla un instante la tablilla desde su sitio. La toma y la lee. Respira hondo y llama a un guardia.

Calígula. Trae a Quereas.

El guardia sale.

Calígula. Un momento.

El guardia se detiene.

Calígula. Con cuidado.

El guardia sale.

Calígula va y viene. Luego se dirige hacia el espejo.

Calígula. Habías decidido ser lógico, idiota. Sólo es cuestión de saber hasta dónde llegarán las cosas. (Irónico.) Si te trajeran la luna, todo cambiaría, ¿verdad? Lo imposible resultaría posible y al mismo tiempo, de una vez, todo se transfiguraría. ¿Por qué no, Calígula? ¿Quién puede saberlo? (Mirá a su alrededor.) Cada vez hay menos gente a mi alrededor, es curioso. (Al espejo, con voz sorda.) Demasiados muertos, demasiados muertos; todo queda desguarnecido. Aunque me trajeran la luna, no podría echarme atrás. Aunque los muertos se estremecieran de nuevo bajo la caricia del sol, los asesinatos no volverían bajo tierra. (Con acento furioso.) La lógica, Calígula, hay que perseguir la lógica. El poder hasta el fin, el abandono hasta el fin. ¡No, no es posible volver atrás; es preciso llegar hasta la consumación!

Entra Quereas.