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– ¡No aguantas sin una ducha! A veces eres tan flojo que pienso que estás bromeando. Pero no es un chiste. A veces realmente no tienes ningún control, y las fuerzas de tu vida te agarran con entera libertad.
Aducí que era humanamente imposible estar controlado en todo momento. El sostuvo que para un guerrero no había nada fuera de control. Yo traje a colación la idea de los accidentes y dije que lo ocurrido en la zanja de riego podía sin duda considerarse como tal, pues yo actué sin intención y sin conciencia de mi conducta impropia. Hablé de diversas personas que habían sufrido infortunios explicables como accidentes; me referí en especial a Lucas, un excelente viejo yaqui que resultó herido al volcarse el camión que conducía.
– Me parece que es imposible evitar los accidentes -dije-. Ningún hombre puede controlar todo cuanto lo rodea.
– Cierto -dijo don Juan, cortante-. Pero no todo es un accidente inevitable. Lucas no vive como guerrero. De lo contrario, sabría que está esperando y porque espera, y no habría manejado ese camión estando borracho. Se estrelló contra las peñas porque estaba borracho, y destrozó su cuerpo por nada.
"La vida, para un guerrero, es un ejercicio de estrategia -prosiguió don Juan-, Pero tú quieres hallar el significado de la vida. A un guerrero no le importan los significados. Si Lucas viviera como guerrero -y tuvo su oportunidad, como todos tenemos la nuestra- armaría su vida estratégicamente. De ese modo, si no podía evitar un accidente que le destrozara las costillas, habría hallado medios para compensar ese contratiempo, o evitar sus consecuencias, o batallar contra ellas. Si Lucas fuera guerrero no estaría muriéndose de hambre en su casa mugrosa. Estaría batallando hasta el final.
Planteé a don Juan una posibilidad, usándolo a él mismo como ejemplo, y le pregunté que haría si él tuviese un accidente en el que perdiera las piernas.
– Si no puedo evitarlo, y pierdo las piernas -dijo-, ya no podré ser un hombre, así que me uniré a lo que me está esperando allá.
Hizo un arco con la mano para señalar a todo al derredor.
Argumenté que me malinterpretaba. Yo había querido hacer referencia a la imposibilidad de que cualquier individuo previera todas las variables implicadas en sus acciones de cada día.
– Todo lo que puedo decirte -dijo don Juan- es que un guerrero nunca está disponible; nunca está parado en el camino esperando las pedradas. Así corta al mínimo el chance de lo imprevisto. Lo que tú llamas accidentes son casi siempre muy fáciles de evitar, excepto para los tontos que viven por las puras.
– No es posible vivir estratégicamente todo el tiempo -dije-. Imagínese que alguien lo está esperando con un rifle de alta potencia con mira telescópica; puede darle con exactitud a quinientos metros de distancia. ¿Qué haría usted?
Don Juan me miró con aire de incredulidad y luego se echó a reír.
– ¿Qué haría usted? -insistí.
– ¿Si alguien me está esperando con un rifle de mira telescópica? -dijo, obviamente en son de burla.
– Si alguien está escondido fuera de vista, esperándolo. No tiene usted el menor chance. No puede parar una bala.
– No, no puedo. Pero sigo sin entender lo que quieres decir.
– Quiero decir que toda su estrategia no puede servirle de nada en una situación así.
– Ah, pero sí sirve. Si alguien me está esperando en un sitio con un rifle de alta potencia con mira telescópica, sencillamente no llego a ese sitio.