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III. UN PROBLEMA DE AJEDREZ
«El noble juego tiene sus abismos en los que muchas veces un alma noble ha desaparecido.»
Un antiguo maestro alemán
– Yo creo -dijo el anticuario- que se trata de un problema de ajedrez.
Hacía media hora que cambiaban impresiones frente al cuadro. César de pie, apoyado en la pared con un vaso de ginebra y limón pulcramente sostenido entre los dedos pulgar e índice. Menchu ocupaba el sofá con aire lánguido. Julia se mordía una uña sentada en la alfombra con el cenicero entre las piernas. Los tres miraban la pintura como si estuviesen frente a un aparato de televisión. Los colores del Van Huys oscurecían ante sus ojos, a medida que se iba extinguiendo la última luz del atardecer por la claraboya del techo.
– ¿Alguien puede encender algo? -sugirió Menchu-. Tengo la sensación de estarme quedando ciega poco a poco.
César accionó el interruptor que tenía a su espalda, y una luz indirecta, reflejada en las paredes, devolvió vida y color a Roger de Arras y a los duques de Ostenburgo. Casi al mismo tiempo, en el reloj de pared sonaron ocho campanadas al compás del largo péndulo de latón dorado. Julia movió la cabeza, acechando en la escalera ruido de pasos inexistentes.
– Álvaro se retrasa -dijo, y vio a César hacer una mueca.
– Por muy tarde que llegue ese filisteo -murmuró el anticuario- siempre llegará demasiado pronto.
Julia le dirigió una mirada de reproche.
– Prometiste ser correcto. No lo olvides.
– No lo olvido, princesa. Reprimiré mis impulsos homicidas, sólo merced a la devoción que te profeso.
– Te lo agradeceré eternamente.
– Eso espero -el anticuario miró su reloj de pulsera como si no confiase en el de pared, viejo regalo suyo-. Pero ese cerdo no es muy puntual, que digamos.
– César.
– Vale, queridísima. Ya me callo.
– No, no te calles -Julia señaló el cuadro-. Estabas diciendo que se trata de un problema de ajedrez…
César asintió. Hizo una pausa teatral para mojar los labios en la bebida, secándoselos después con un pañuelo de inmaculada blancura que extrajo del bolsillo.
– Verás… -Miró también a Menchu y suspiró levemente-. Veréis. Existe en la inscripción oculta un detalle en el que no habíamos caído hasta ahora, al menos yo. Quis necavit equitem se traduce, efectivamente, por la pregunta: ¿Quién mato al caballero? Lo que, según los datos de que disponemos, puede interpretarse como un acertijo sobre la muerte, o el asesinato, de Roger de Arras… Sin embargo -César hizo un gesto de prestidigitador que extrae una sorpresa de su chistera-, esa frase puede traducirse también con matiz diferente. Que yo sepa, la pieza de ajedrez que nosotros conocemos por caballo se llamaba caballero en la Edad Media… Incluso hoy en muchos países europeos sigue siendo así. En inglés, por ejemplo, la pieza es literalmente knight: caballero -miró pensativo el cuadro, juzgando la solvencia de su razonamiento-. Quizá la pregunta, entonces, no sea quién mató al caballero, sino quién mató al caballo… O, formulada en términos ajedrecísticos: ¿Quién se comió el caballo?
Quedaron en silencio, meditando. Por fin habló Menchu.
– Una lástima, nuestro cuento de la lechera -su mueca traslucía la decepción-. Hemos montado toda esta película de una simple bobada…
Julia, que miraba fijamente al anticuario, movió la cabeza.
– Nada de eso; el misterio sigue existiendo. ¿No es cierto, César?… Roger de Arras fue asesinado antes de que se pintara el cuadro -se incorporó indicando un ángulo de la tabla-. ¿Véis? La fecha de ejecución de la pintura está aquí: Petrus Van Huys fecit me, a
Menchu estaba confusa, pero excitadísima. Se había movido hasta el borde del sofá y miraba la tabla flamenca con ojos muy abiertos, como si la viera por primera vez.
– Explícate, hija. Me tienes en ascuas.
– Según sabemos, Roger de Arras pudo ser asesinado por varias razones; y una de ellas habría sido un supuesto romance entre él y la duquesa Beatriz… La mujer vestida de negro que lee junto a la ventana.
– ¿Quieres decir que el duque lo mató por celos?
Julia hizo un gesto evasivo.
– Yo no quiero decir nada. Me limito a sugerir una posibilidad -indicó con un gesto el montón de libros, documentos y fotocopias que tenía sobre la mesa-. Tal vez el pintor quiso llamar la atención sobre el crimen… Es posible que eso lo decidiera a pintar el cuadro, o quizá lo hizo por encargo -encogió los hombros-. Jamás lo sabremos con certeza, pero hay algo que sí está claro: este cuadro contiene la clave del asesinato de Roger de Arras. Lo prueba la inscripción.
– Inscripción tapada -matizó César.
– Más a mi favor.
– Supongamos que el pintor tuviera miedo de haber sido demasiado explícito… -sugirió Menchu-. Tampoco en el siglo quince podía ir acusándose a la gente así, por las buenas.
Julia miró el cuadro.
– Puede que Van Huys se asustara de haber reflejado la cosa con excesiva claridad.
– O alguien lo hizo después -sugirió Menchu.
– No. Yo también pensé en eso, y además de mirarlo con luz negra hice un análisis estratigráfico, tomando una muestra con bisturí para estudiarla al microscopio -cogió de la mesa una hoja de papel-. Ahí lo tenéis, por capas sucesivas: soporte de madera de roble, una preparación muy delgada con carbonato de calcio y cola animal, blanco de plomo y óleo como imprimación, y tres capas con blanco de plomo, bermellón y negro marfil, blanco de plomo y resinato de cobre, barniz, etcétera. Todo idéntico al resto: las mismas mezclas, los mismos pigmentos. Fue Van Huys en persona quien tapó la inscripción, poco después de haberla escrito. De eso no cabe duda.
– ¿Entonces?
– Siempre teniendo en cuenta que nos hallamos sobre una cuerda floja de cinco siglos, estoy de acuerdo con César. Es muy posible que la clave esté en la partida de ajedrez. En cuanto a lo de comerse el caballo, ni siquiera se me había ocurrido… -miró al anticuario-. ¿Qué opinas tú?
César se apartó de la pared para sentarse en el otro extremo del sofá, junto a Menchu, y después de beber un pequeño sorbo de su vaso cruzó las piernas.
– Opino lo mismo, querida. Creo que al dirigir nuestra atención del caballero al caballo, el pintor pretende plantearnos la pista principal… -apuró delicadamente el contenido de su vaso para dejarlo, tintineando el hielo, sobre la mesita que tenía al lado-. Cuando pregunta quién se comió el caballo nos obliga a estudiar la partida… Ese retorcido Van Huys, de quien empiezo a creer que tenía un sentido del humor bastante peculiar, nos está invitando a jugar al ajedrez.
A Julia se le iluminaron los ojos.
– Juguemos, entonces -exclamó, volviéndose hacia el cuadro. Aquellas palabras arrancaron otro suspiro al anticuario.
– Eso quisiera yo. Pero esto rebasa mis habilidades.
– Vamos, César. Tú debes conocer el ajedrez.
– Frívola suposición la tuya, cariñito… ¿Me has visto jugar alguna vez?
– Nunca. Pero todo el mundo tiene idea de eso.
– En este asunto hace falta algo más que una simple idea sobre cómo mover las piezas… ¿Te has fijado bien? Las posiciones son muy complicadas -se echó hacia atrás en el sofá, teatralmente abatido-. Incluso yo tengo ciertas enojosas limitaciones, amor. Nadie es perfecto.
En ese momento llamaron a la puerta.
– Álvaro -dijo Julia, y corrió a abrir.
No era Álvaro. Regresó con un sobre traído por un mensajero; contenía varias fotocopias y una cronología escrita a máquina.
– Mirad. Por lo visto ha decidido no venir, pero nos manda esto.
– Tan grosero como siempre -murmuró César, con desdén-. Podía haber telefoneado para disculparse, el canalla -se encogió de hombros-. Aunque en el fondo me alegro… ¿Qué nos manda el infame?
– No te metas con él -lo reconvino Julia-. Ha tenido que trabajar mucho para ordenar estos datos.
Y se puso a leer en voz alta.
PIETER VAN HUYS Y LOS PERSONAJES RETRATADOS EN LA «PARTIDA DE AJEDREZ» CRONOLOGÍA BIOGRÁFICA:
1415: Pieter Van Huys nace en Brujas (Flandes). Actual Bélgica.
1431: Nace Roger de Arras en el castillo de Bellesang, en Ostenburgo. Su padre, Fulco de Arras, es vasallo del rey de Francia y está emparentado con la dinastía reinante de los Valois. Su madre, cuyo nombre no se ha conservado, pertenece a la familia ducal ostenburguesa, los Altenhoffen.
1435: Borgoña y Ostenburgo rompen su vasallaje con Francia. Nace Fernando Altenhoffen, futuro duque de Ostenburgo.
1437: Roger de Arras se ha criado en la corte ostenburguesa como compañero de juegos y estudios del futuro duque Fernando.
Al cumplir dieciséis años acompaña a su padre Fulco de Arras en la guerra que Carlos Vii de Francia sostiene contra Inglaterra.
1441: Nace Beatriz, sobrina de Felipe el Bueno, duque de Borgoña.
1442: Se estima que hacia esta época realiza Pieter Van Huys sus primeras pinturas tras haberse relacionado en Brujas con los hermanos Van Eyck y en Tournai con Roberto Campin, sus maestros. No se conserva ninguna obra suya de este período hasta:
1448: Van Huys pinta el Retrato del orfebre Guillermo Walhuus.
1449: Roger de Arras se distingue en la conquista de Normandía y Guyena a los ingleses.
1450: Roger de Arras combate en la batalla de Formigny.
1452: Van Huys pinta La familia de Lucas Bremer. (Su mejor cuadro conocido).
1453: Roger de Arras combate en la batalla de Castillon. El mismo año se imprime en Nuremberg su Poema de la rosa y el caballero (se conserva un ejemplar en la Biblioteca Nacional de París).
1455: Van Huys pinta su Virgen del oratorio. (Sin fecha, pero que los expertos datan hacia esta época).
1457: Muere Wilhelmus Altenhoffen, duque de Ostenburgo. Le sucede su hijo Fernando, que acaba de cumplir veintidós años. Uno de sus primeros actos habría sido llamar a su lado a Roger de Arras. Presumiblemente, éste permanece en la corte de Francia, ligado al rey Carlos VII por juramento de lealtad.
1457: Van Huys pinta El cambista de Lovaina.
1458: Van Huys pinta Retrato del comerciante Matías Conzini y su esposa.
1461: Muerte de Carlos VII de Francia. Supuestamente liberado de su compromiso de lealtad con el monarca francés, Roger de Arras regresa a Ostenburgo. Hacia la misma época, Pieter Van Huys termina el Retablo de Amberes y se instala en la corte ostenburguesa.
1462: Van Huys pinta El caballero y el diablo. Fotografías del original (Rijksmuseum de Amsterdam) permiten aventurar que el caballero que posó para ese retrato podría ser Roger de Arras, aunque el parecido entre ese personaje y el de La partida de ajedrez no sea rigurosamente exacto.
1463: Compromiso oficial de Fernando de Ostenburgo con Beatriz de Borgoña. En la embajada ante la corte borgoñona figuran Roger de Arras y Pieter Van Huys, enviado para pintar el retrato de Beatriz, que realiza ese año. (El retrato, citado en la crónica de los esponsorios y en un inventario de 1474, no se ha conservado hasta nuestros días).
1464: Boda ducal. Roger de Arras preside la comitiva que conduce a la novia desde Borgoña a Ostenburgo.