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Capítulo 17 Domingo de Resurrección, 27 de marzo – Martes, 29 de marzo
El domingo por la mañana, tras una noche de inquietas cavilaciones, Dragan Armanskij se levantó pronto. Bajó sigilosamente a la cocina, sin despertar a su mujer, y preparó café y unos sándwiches. Luego sacó su portátil y se puso a escribir.
Empleó el mismo formulario que utilizaba Milton Security para sus investigaciones personales. Completó su informe con todos los datos básicos que se le ocurrieron sobre la personalidad de Lisbeth Salander.
A eso de las nueve bajó Ritva y se sirvió café de la cafetera eléctrica. Le preguntó qué estaba haciendo. Él contestó evasivamente y siguió escribiendo. Conocía a su marido lo suficiente como para saber que ese día él iba a estar aislado en su propio mundo.
Mikael se equivocó; hasta la mañana del domingo de Pascua los medios de comunicación no descubrieron que era él quien había hallado los cuerpos de Dag y Mia, cosa que, sin duda, se debía a que estaban en Pascua y a que la jefatura de policía permanecía prácticamente desierta. El primero en llamarlo fue un reportero de Aftonbladet, un viejo conocido de Mikael.
– Hola, Blomkvist. Soy Nicklasson.
– Hola, Nicklasson -dijo Mikael.
– Fuiste tú quien encontró a la pareja de Enskede, ¿no?
Mikael se lo confirmó.
– Una de mis fuentes afirma que trabajaban para Mille
– Tu fuente tiene razón a medias: Dag Svensson estaba haciendo un reportaje como freelance y, sí, trabajaba para Mille
– Joder, pues es una bomba.
– Supongo que sí -reconoció, fatigado, Mikael.
– ¿Por qué no habéis emitido ningún comunicado?
– Dag Svensson era un buen amigo y un buen compañero. Pensamos que era una cuestión de ética periodística dejar que por lo menos la familia de él y la de Mia se enteraran de lo ocurrido antes de que publicáramos algo.
Mikael sabía perfectamente que no iban a citar esas últimas palabras.
– Vale. ¿En qué estaba trabajando Dag?
– En un reportaje para Mille
– ¿De qué se trataba?
– ¿Qué scoop pensáis publicar mañana enAftonbladet?
– O sea, que se trataba de un scoop.
– Nicklasson, vete a la mierda.
– Venga, Blomman, ¿crees que los asesinatos tienen alguna relación con el reportaje que estaba preparando Dag Svensson?
– Si vuelves a llamarme Blomman otra vez, te cuelgo y no vuelvo a hablar contigo en lo que queda de año.
– Bueno, perdona. ¿Crees que Dag Svensson fue asesinado por su trabajo como periodista de investigación?
– No tengo ni idea de por qué asesinaron a Dag.
– El reportaje en el que andaba metido, ¿tenía algo que ver con Lisbeth Salander?
– No. Ni lo más mínimo.
– ¿Sabes si Dag conocía a esa loca de Salander?
– No.
– Dag ha escrito muchos textos sobre la delincuencia informática. ¿Iba de eso?
«Joder, tío, no te rindes», pensó Mikael. Estaba a punto de mandar a Nicklasson a la mierda cuando, de repente, se contuvo y se incorporó súbitamente en la cama. Le asaltaron dos ideas paralelas. Nicklasson volvió a decir algo.
– Espera un segundo, Nicklasson. No cuelgues. Ahora vuelvo.
Mikael se levantó y tapó el auricular con la mano. De pronto se encontró en otro mundo.
Desde que se habían cometido los asesinatos, Mikael había estado dándole vueltas a cómo contactar con Lisbeth Salander. Se encontrara donde se encontrase, la posibilidad de que ella leyera lo que él dijera era muy grande. Si negaba que la conocía, ella podría interpretarlo como que él la había abandonado o vendido. Si la defendía, otros lo interpretarían como que Mikael sabía de los asesinatos mucho más de lo que había dicho. Pero si hiciera el comentario adecuado, quizá Lisbeth se viera impulsada a contactar con él. La ocasión era demasiado buena para desperdiciarla. Tenía que decir algo. Pero ¿qué?
– Perdóname, ya estoy aquí. ¿Qué decías?
– Te había preguntado si Dag Svensson estaba escribiendo sobre la delincuencia informática.
– Si quieres un comunicado, te lo puedo dar.
– Adelante.
– Pero tienes que citarme literalmente.
– Claro, ¿de qué otro modo podría hacerlo?
– No me hagas contestar a esa pregunta.
– ¿Y qué es lo que quieres comunicar?
– Te envío un correo en quince minutos.
– ¿Qué?
– Que compruebes tu correo dentro de quince minutos -dijo Mikael y colgó.
Se acercó a su mesa, encendió su iBook y abrió el Word. Luego se concentró dos minutos antes de empezar a redactar el texto:
La redactora jefe de Mille
Fue el editor responsable de Mille
«Dag Svensson era un periodista fantástico y una persona a la que quería mucho», ha señalado Erika Berger.
«Tenía muchas ideas para futuros reportajes. Entre otras cosas, trabajaba en un gran reportaje sobre la intrusión informática ilegal», ha declarado Mikael Blomkvist a Aftonbladet.
Ni Mikael Blomkvist ni Erika Berger quieren especular sobre el presunto autor del crimen ni sobre los posibles motivos.
Acto seguido, Mikael cogió el teléfono y llamó a Erika Berger.
– Hola, Ricky. Aftonbladet te acaba de entrevistar.
– ¿Ah sí?
Le leyó rápidamente las breves declaraciones.
– ¿Por qué? -preguntó Erika.
– Porque cada palabra es totalmente cierta. Dag trabajó durante diez años como freelance y uno de los campos en los que estaba especializado era precisamente la seguridad informática. Hablé con él sobre ese tema varias veces y también contemplamos la idea de publicar un texto suyo después de lo del trafficking.
Permaneció callado durante cinco segundos.
– ¿Conoces a alguien que esté también interesado en temas de intrusión informática? -preguntó.
Erika Berger guardó silencio durante diez segundos. Luego se dio cuenta de lo que intentaba hacer Mikael.
– Qué listo, Micke. ¡Joder, qué listo! De acuerdo. Adelante.
Nicklasson volvió a llamar un minuto después de haber recibido el correo de Mikael.
– ¿Eso es todo?
– Es todo lo que te doy, lo cual es más de lo que le he dado a ningún otro periódico. O lo publicas íntegro o nada.
Acto seguido, Mikael se sentó a su mesa y encendió su iBook. Meditó un momento y luego redactó una breve carta:
Querida Lisbeth:
Te escribo esta carta y la dejo en mi disco duro con la certeza de que tarde o temprano la leerás. Recuerdo que hace dos años te metiste en el disco duro de We
Desgraciadamente, te guste o no, los acontecimientos de los últimos días nos han unido de nuevo. La policía sostiene que has asesinado a sangre fría a dos personas a las que yo quería mucho. No pongo en duda la brutalidad de los crímenes: fui yo quien encontró a Dag y a Mia pocos minutos después de que los mataran. El problema es que yo no creo que hayas sido tú. O al menos eso es lo que espero. Si tú eres una asesina psicótica, como afirma la policía, entonces es que o yo te he juzgado muy mal o has cambiado terriblemente durante el último año. Y si tú no eres la asesina, entonces la policía está persiguiendo a la persona errónea.
Ante estas circunstancias, probablemente debería instarte a que te entregaras a la policía. Sin embargo, sospecho que harás oídos sordos. Pero la realidad es que tu situación resulta insostenible y, tarde o temprano, te detendrán. Cuando lo hagan, necesitarás un amigo. Si no quieres ningún trato conmigo, tengo una hermana. Se llama A
Por lo que respecta a Mille
Mi problema es que no entiendo qué pinta en todo esto el abogado Nils Bjurman. No se le menciona en el material de Dag y no veo ningún tipo de conexión entre él y Dag y Mia.
Ayúdame. Please. ¿Cuál es la conexión?
Mikael
P.S. Deberías cambiar la foto del pasaporte. No te hace justicia.
Reflexionó un rato y tituló el documento «Para Sally». Luego creó una carpeta a la que llamó «Lisbeth Salander» y la colocó a plena vista, en el escritorio de su iBook.
El martes por la mañana, Dragan Armanskij convocó a tres personas en la mesa de reuniones que tenía en el despacho de Milton Security.
Johan Fräklund, sesenta y dos años, y ex inspector de la policía criminal de Solna, ostentaba ahora el cargo de jefe de la unidad operativa de Milton. Fräklund era el responsable general de la planificación y el análisis. Hacía diez años que Armanskij se lo había quitado a las fuerzas de seguridad del Estado y había llegado a considerarlo, sin comparación, como uno de los mejores recursos de la empresa.
Armanskij convocó, asimismo, a So
Niklas Eriksson era considerado un rookie. Se formó en la academia de policía, pero poco antes de graduarse se enteró de que padecía una lesión cardíaca congenita que no sólo requirió una importante intervención quirúrgica, sino que también fue el causante de que su futura carrera policial se fuera al traste.
Fräklund -que había sido compañero del padre de Eriksson- acudió a Armanskij para pedirle que le diera a Eriksson una oportunidad. Como había un puesto vacante en la unidad de análisis, Armanskij dio su visto bueno. No había tenido motivos para arrepentirse. Eriksson llevaba cinco años trabajando en Milton. A diferencia de la mayoría de los colaboradores de la unidad operativa, Eriksson carecía de experiencia en el trabajo de campo. En cambio, destacaba por sus agudas dotes intelectuales.
– Buenos días a los tres. Sentaos y empezad a leer -dijo Armanskij.
Entregó a cada uno una carpeta que contenía una cincuentena de páginas con recortes de prensa sobre la caza de Lisbeth Salander, así como un resumen de tres folios de su historial. Armanskij se había pasado el lunes de Pascua preparando la documentación. Eriksson terminó de leer el primero y dejó la carpeta. Armanskij esperó a que también Bohman y Fräklund acabaran.
– Supongo que los titulares de los vespertinos de este fin de semana no os han pasado desapercibidos -dijo Dragan Armanskij.