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-¿Qué estás sugiriendo, entonces? -le interrumpió bruscamente Antar.
-Todavía no sugiero nada -repuso Murugan-. Sólo te estoy exponiendo los hechos y la cronología.
-De acuerdo -se contentó Antar-. Sigue.
-Muy bien. Rebobinemos a la semana siguiente a la llegada de Abdul Kadir: 25 de mayo de 1895. Doc Manson cree que Ro
»Ro
»¿Y adivinas qué pasa? Vuelve a tener suerte. O quizá no es sólo suerte; a lo mejor dejó la carta encima del escritorio y alguien la leyó. Puede ser. De todas formas el 25 de mayo de 1895, exactamente a las ocho de la tarde, un individuo llamado Lutchman aparece en la vida de Ro
»El tal Lutchman es “un joven de aspecto saludable”, observa Ro
»A la mañana siguiente, Lutchman tiene fiebre: 37,6 a las ocho (“Parece enfermo”, observa Ro
-Un momento, un momento -le interrumpió Antar-. Aclárame una cosa. ¿Estás afirmando que enviaron a Lutchman al laboratorio de Ross específicamente para rebatir la teoría de Manson?
-Yo no afirmo nada -sentenció Murugan-. Sólo expongo los hechos tal como son. Y los hechos son los siguientes: Ro
»A mediados de mayo saben que Ro
-Pero ¿por qué a Lutchman?
-Deja que te lo explique. Los que escogieron a Lutchman sabían muy bien lo que hacían. En primer lugar, sabían lo suficiente de microscopía como para asegurarse de que en su sangre no había ningún parásito de la malaria. En eso fueron más listos que Ro
»Así que se ponen manos a la obra y le envían a alguien que no tiene parásitos. Recuerda que están en un sitio donde los índices de malaria entre la población general son tan altos que se escapan a las estadísticas. No es fácil encontrar gente que no tenga rastro alguno de parásitos en la sangre. Pero esos tíos rebuscan entre sus partidarios, encuentran a alguien con las condiciones adecuadas y luego lo envían a Begumpett. Da resultado: Ro
-Pero ¿no habría notado Ross algo tan evidente? -objetó Antar.
-¿Ro
»Durante los treinta y cuatro meses siguientes, toda la época en que Ron trabaja sobre la malaria, Lutchman se pega a él como un desodorante de bola. A partir de mayo de 1895 hasta julio de 1898, cuando Ron realiza su descubrimiento definitivo en Calcuta, Lutchman no le pierde casi ni un momento de vista. Hace muy bien el papel de equipaje. “Salí de Secunderabad con el ‘equipo’ más reducido posible”, dice Ro
»Las cosas llegan a un punto que hasta Ron no puede menos de notar que Lutchman piensa por él, estableciendo nexos bastante importantes para su trabajo. En abril de 1897, Ron se toma un descanso en la sierra de Nilgiri. Se lleva a Lutchman a Ootacamund: “un trozo de Inglatera situado en las ovaladas cumbres de la sierra de Nilgiri”, dice Ron. Pero baja a un valle, al cafetal de Westbury, en busca de parásitos de malaria, y allí, por primera vez en su vida, atrapa la enfermedad.
»Mientras se recupera, Lutchman logra meterle en la cabeza una idea de importancia decisiva: que el vector de la malaria podría ser una especie particular de mosquito. “¿Ah, sí?”, dice Ron; la sugerencia de Lutchman le parece una chorrada: ha obtenido muchos resultados negativos, pero nunca se le ha ocurrido que se debieran a diferencias de familia entre mosquitos.
»“Oye una cosa, Lutch”, dice Ron, “la próxima vez que quiera tu ayuda te la pediré.” Pero una vez que Lutchman planta su semillita, algo empieza a removerse en el barro: una idea empieza a cobrar cuerpo en la imaginación de Ron.
»Empieza a observar atentamente todas las distintas especies de mosquitos que caen en sus manos. El problema es que no tiene ni pajolera idea de mosquitos: nunca ha oído la palabra anofeles. Y acaba persiguiendo culícidos, estegomías, yendo en todas direcciones menos hacia adelante. Pero Lutchman interviene de nuevo. El 15 de agosto de 1897 se reúne en conciliábulo con el resto del equipo y decide que hay que hacer algo, y rápido.
»Según lo cuenta Ro
»Al día siguiente Lutchman se cerciora de que Ro
»El 20 de agosto de 1897 Ro
»“¡Fiúú!”, suspira Lutchman, enjugándose el sudor de la frente. “Creí que nunca lo conseguiría.”
»Ron le pregunta más tarde: “Oye, Lutch, ¿de dónde sacaste esa información sobre las especies de mosquitos?” Lutchman se hace el tonto: “Bueno, unos aldeanos de la sierra me lo insinuaron una mañana mientras dejaban pastar las cabras.” ¿Y sabes una cosa? Ron se lo traga. Cree que a Lutchman se le ocurrió esa brillante idea mientras retozaba en las montañas con unos alegres nativos.