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Murugan garabateó una fecha en una coloreada servilleta del restaurante y la colocó delante de Antar.

-Así es la cosa -dijo-. Estamos en mayo de 1895, en el hospital militar de Secunderabad. Hace tanto calor que sale vaho del suelo, ni ventiladores, ni electricidad, una habitación llena de frascos, todos ordenadamente colocados en estanterías, un escritorio con una silla de respaldo recto, un solo microscopio con portaobjetos desparramados por ahí, un individuo, en uniforme, inclinado sobre el microscopio y un enjambre de ordenanzas zumbando a su alrededor. Ése es Ro

-Espera un momento -le interrumpió Antar-. ¿Mayo de 1895? Entonces Ronald Ross está al principio de su investigación, ¿no?

-Eso es -confirmó Murugan-. Ro

-¿Patrick Manson? -Antar enarcó una ceja-. ¿Te refieres al Manson de la elefantiasis?

-Al mismo -dijo Murugan-. Manson es uno de los grandes de todas las épocas; ha vivido tanto tiempo en China que es capaz de desollar a una pitón con los palillos; es el tipo que escribió el libro sobre la filaria, el microbio que causa la elefantiasis. Ahora ha vuelto a Inglaterra, donde se ha convertido en el capitoste de la investigación bacteriológica de Su Majestad. El doctor Manson quiere ganar el premio por la malaria; para Gran Bretaña, según dice, para el Imperio: que se jodan los alemanes, los franchutes, los italianos y los yanquis. Será escocés, pero a la hora del partido aplaude por la Reina y por la Patria: no hay que convencerle de que ningún escocés ha visto jamás algo tan bonito como la carretera de Londres; él ya está convencido.

-Si recuerdo bien -dijo Antar-, Manson demostró que el mosquito era el vector de la filaria. ¿Estoy en lo cierto?

-Exacto -corroboró Murugan-. Ahora tiene la corazonada de que el mosquito tiene también algo que ver con el origen de la malaria. No tiene tiempo para ocuparse personalmente del trabajo, de modo que está buscando a alguien que lo haga por amor a la Reina y al Imperio. ¿Y adivinas quién aparece? Ro

»Así que Laveran ata cabos: Oye, esto se mueve, es un microbio. Pone un fax a la Academia de Medicina de París; les dice que ha encontrado la causa de la malaria y que es un bicho, un protozoo, un parásito. Pero París no se lo traga. Allí manda Pasteur, y ha recibido un montón de dinero para investigar de forma inteligente la bacteria. El animálculo protozoaico de Laveran no convence a nadie: como si hubiera dicho que había encontrado al yeti. Algunas de las más grandes figuras de la medicina se dedican a refutar el “laveranismo”. Los únicos prosélitos son los italianos: se convierten en laveranitas entusiastas. En 1886 Camillo Golgi demuestra que el parásito de Laveran se cría en los glóbulos rojos, devorando a su anfitrión y cagando pigmento negro; que el pigmento se concentra en el medio mientras el microbio se va dividiendo; demostró que la recurrencia de las fiebres palúdicas está vinculada a esa forma de reproducción asexual.

»Y cuando la fiesta se va ambientando, a Ro

-Así que -le interrumpió Antar- fue Manson el primero que estableció la relación entre la malaria y los mosquitos, ¿no?

-No era exactamente una idea nueva -contestó Murugan-. La mayoría de los pueblos que se enfrentaban con la malaria sabían que existía alguna relación.

-Pero -insistió Antar- ¿no decías que fue Manson quien dio la idea a Ross?

-Podría decirse que Manson le indicó la dirección. Salvo que lo mandó por un camino lateral. Tenía la estrafalaria hipótesis de que el microbio de la malaria se transmitía del mosquito al hombre por el agua potable. Su plan consistía en que Ro

-¿Y Ross tenía fe en ella?

-Y que lo digas.

-¿Y qué pasó entonces?

-Bueno, volvemos a 1895, ¿vale? Ross está impaciente por empezar con la teoría de Doc Manson sobre la secreción de mosquito. Desembarca en Madrás y coge un tren para unirse a su regimiento, el Diecinueve de Infantería de Madrás. Están apostados en un barrio de Secunderabad llamado Begumpett. De camino, Ro

»Y entonces su suerte cambia de repente. El 17 de mayo de 1895, justo cuando la situación empieza a parecer verdaderamente desesperada, encuentra su primer caso perfecto de malaria: un paciente llamado Abdul Kadir. Ro

-¿Y puede un solo caso ser tan concluyente? -inquirió Antar.

-Así lo creía Ro

-Aclárame una cosa, por favor -pidió Antar-. ¿Estás sugiriendo que la llegada de Abdul Kadir al hospital el 17 de mayo no fue una simple coincidencia?

-Pues es un poco raro -repuso Murugan-. Fíjate en esto: Ross sabe que nadie más se acercará a él aunque duplique o triplique su tarifa de una rupia por pinchazo. El 17 de julio escribe a Doc Manson: «Los del bazar no vienen aunque les ofrezca lo que para ellos es una cantidad enorme. Les doy dos y tres rupias por un solo pinchazo en el dedo y mucho más si encuentro semicírculos; piensan que es brujería.» Pero Ro