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Apoyándose en las paredes, O'Co

La lluvia empezaba a despabilarlo, pero todavía no podía pronunciar una palabra. Tenía la lengua insensible y se dijo que debería explicarse por escrito ante el comandante. Buscó en el bolsillo interior del smoking y encontró la lapicera con que Bertoldi había dibujado el plano de la embajada. Si Quomo había establecido su cuartel de operaciones en el consulado argentino, lo más prudente sería presentarse ante él con un parte de lo sucedido para evitar cualquier confusión.

Llegó a la plaza del mercado, cubierta por una laguna pestilente, y vio que la estatua del Emperador seguía en su lugar, por lo que dedujo que los rebeldes no tenían aún el control de la ciudad.

Cruzó a la recova y entrevió, en la penumbra, a los mendigos que dormían como si no pasara nada. Tomó por una calle lateral y caminó con el agua a los tobillos. Buscaba un bar para sentarse a escribir su informe. Desde la esquina divisó la luz roja de un farol a kerosene y supuso que se trataba de una boite o un club nocturno. Se acercó por la vereda, chorreando agua por las botamangas y cuando iba a saltar sobre una alcantarilla vio aparecer, al fondo de la calle, una columna que marchaba detrás de un hombre que parecía conducirla a los gritos.

O'Co

La fila que lo seguía era larga y ordenada y los negros parecían dispuestos a acompañarlo hasta el propio infierno. Pero lo que más sorprendió al irlandés fue que con ellos desfilaba también el militar soviético que un rato antes lo había arrojado por la ventana. Por un momento estuvo tentado de darse a conocer, pero lo detuvo la certeza de que si el ruso estaba allí, el cónsul había caído en una trampa.

Los vio descender hacia el puerto y conjeturó que Bertoldi se disponía a atacar el arsenal de la marina. Notó, con cierto orgullo, que el argentino se había puesto su sombrero, y pensó que en la valija llevaría las armas y los explosivos con los que él había hecho las campañas de diecisiete sublevaciones.

Ahora le aparecía con toda claridad que los soviéticos se disponían, como siempre, a copar la insurrección. ¿Había aceptado Quomo una alianza táctica o se trataba de una decisión del propio Bertoldi al calor de la lucha? De cualquier manera, O'Co