Страница 51 из 87
45
El teniente Tindema
Cuando llegó a la zona antiargentina, los guardias ingleses le dieron la voz de alto y uno de ellos le enfocó la cara con una linterna. El teniente saludó con una mirada helada y un cabo le hizo la venia antes de preguntarle, con la voz respetuosa de un subordinado, si tenía novedades del duelo. En un trabajoso inglés Tindema
Contrariado, Tindema
En ese momento, el cine que estaba al otro lado de la calle abrió sus puertas y la gente empezó a salir abriendo los paraguas. De pronto hubo un revuelo y todos regresaron corriendo a la sala. El teniente pensó que tal vez se le presentaba una buena oportunidad para conseguir un abrigo que le cubriera el uniforme, de modo que cruzó la calle y se mezcló con la gente. A medida que advertían la presencia de un militar blanco, los nativos se apartaban para dejarlo pasar. Tindema
Los nativos seguían sus movimientos con un respetuoso asombro. De vez en cuando un chico se agachaba, tomaba uno de los billetes y se lo alcanzaba, como quien rinde su primer examen de cortesía en público.
El teniente Tindema
El impermeable le iba un poco chico, pero servía para taparle el uniforme. Se quitó la gorra, cruzó la calle y fue a refugiarse bajo la marquesina de una farmacia. Desde allí vio pasar un Austin de la embajada británica, conducido por el capitán Standford que miraba hacia uno y otro lado por las ventanillas abiertas. Tindema
Encendió un cigarrillo y esperó recostado en la pared. Al rato vio salir al cónsul, seguido por una multitud, como si encabezara una procesión. Caminaba doblado, con la valija apretada contra el pecho y a ratos se daba vuelta y hacía gestos para alejar a los curiosos. El teniente esperó a que pasaran a su lado, desplegó el paraguas y se unió a la caravana que dobló la esquina en silencio, como hipnotizada