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Y así concluye el nuevo vals, palabra por palabra le ha ido dictando Joha
De repente un claro se abre en el bosque, donde se halla una típica hostería de cazadores que a uno de los lados presenta una glorieta vasta, toda teñida de lila por racimos de glicinas. El cochero se relame los bigotes pues ya estaba sintiendo un hambre muy fuerte y propone a la pareja detenerse a almorzar allí. A la sombra de las glicinas se ve alguna que otra pareja ocupando pocas mesas, tomando refrescos ellas y cerveza ellos, una de las parejas parece ser de estudiantes, tienen libros arrumbados en una silla, tal vez hayan aprovechado todos los desórdenes que hay en la ciudad para faltar a la escuela, él bebe algo alcohólico, posiblemente para perder la timidez y decirle a ella lo que seguramente ya les ha dicho a todos sus compañeros aunque no a la interesada, es una pareja envidiable, ella diáfana y serena, él apuesto y de ojos renegridos y cabellos rubios como un maizal, de ánimo bueno pero nadie por ello se va a aprovechar a molestarlo, pues tiene no sólo las espaldas anchas sino también los brazos fuertes y diestros para la defensa. El cochero dice «tengo apetito» y Carla y Joha
La dueña los mira maliciosa y los acompaña a un aposento sombreado, con un hecho de dosel en el centro y divanes con almohadones. Carla elude la mirada de su compañero y se retira a higienizarse. Joha
Su piel blanca, que no me digan que el blanco es la falta de color, porque es el color más hermoso, y es el culor de la pureza, y por supuesto que el blanco no es la falta de color: los profesores de física han descubierto a todo el mundo que en un copo de nieve, alineados en un blanco inmaculado están ocultos sin embargo el violeta de los lirios, o sea la tristeza, la melancolía, pero también está presente el azul que significa la calma de contemplar reflejado en un charco de la calle el cielo que nos espera, porque el azul está al lado del verde que es la límpida esperanza, y después viene el amarillo de las margaritas del campo, que florecen sin que nadie las plante y se presentan sin buscarlas, como buenas noticias cuando menos se las espera, y el color de las naranjas que ya están maduras por el verano se llama muy apropiadamente anaranjado, el azahar dio un fruto que el verano madura a causa del calor, qué goce saber que germinó la semilla, creció la planta que es la adolescencia y se va a entrar en la juventud del fruto que da el goce anaranjado, el fruto jugoso y refrescante de las tardes calurosas. Pero de ahí al rojo de la pasión hay un solo paso. El rojo también está oculto en el blanco, también está en ella, en Carla, que es tan blanca. ¿Será por eso que Hagenbruhl quiere verle la sangre para convencerse de que ella es tan baja como él?
Pero las cosas no tendrían que ser así, si Carla es blanca como la nieve, el símbolo de la pureza, tendría que ser tratada como se trata a la pureza misma, ¡tiene que ser tratada como se trata a la pureza misma! Pensando todo esto Joha
Sí, sí, se lo confiesa a sí mismo que la desea a Carla, un animal como los otros había resultado ser Joha
El estudiante, alentado por un poco de alcohol, ya le habrá confesado a la compañera todo su amor, y ahora no hay duda de que buscan un lugar donde estarán solos. Joha
«¡Joha
Oscurece, y debido a que el sol se va poniendo, se empieza a sentir un poco de frío y la pareja que ha dejado los abrigos en el aposento entra a buscarlos, quieren salir a caminar bajo la luna y por lo tanto necesitarán alguna prenda de lana. Pero se encuentran con una sorpresa, la dueña tan diligente y buena comerciante ha encendido el hogar del cuarto tan bonito y de ese modo los está incitando a quedarse y pasar la noche también allí en la hostería.
No encienden la luz al entrar, el fuego ilumina tenue pero cálidamente la pieza, ya estaban sintiendo escalofríos afuera pero aquí adentro una dulce tibieza embalsama el aire, Carla estira el brazo para tomar su abrigo y Joha
Ella se siente por fin despertar de una pesadilla, no tiene más alrededor a seres brutales y sedientos de escarnio, y tampoco tiene más que estudiar tantas horas para mantener su voz dentro de una técnica perfecta, todo eso quedó atrás, precisamente como en una pesadilla, y ahora su mirada fuego pasa a ese ser que tanto la quiere, y que se lo ha dicho con la excusa de escribir letras para valses. Lo mira y qué bello se lo ve alumbrado por esas llamas doradas, nunca lo había visto así, esas espaldas fuertes y dos brazos robustos que estarán siempre listos para defenderla, qué alivio saber que no tiene ya nada más que temer, y las llamas hacen lucir más negros que nunca los ojos y pestañas de él, mientras que sobre el cabello le arrojan reflejos dorados, ahora los cabellos del joven parecen dorados como un maizal. Lo cual significa que está ocurriendo una especie de milagro de amor.