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Lo sé.

Gin sigue hablando.

—Ni siquiera había terminado la carrera de la universidad cuando empezó como Gerente de la nueva sucursal Hidalgo, le hicieron una pequeña reseña en el artículo, es un jodido genio, se graduó con honores.

—Gin —me giro hacia ella, tomándola por los hombros—… te adoro, pero ¿podrías callarte?

Gin bufa.

—¿Por qué nunca quieres hablar de él?

—Porque no hay razón para hacerlo.

—A mí nadie me saca de la cabeza de que algo pasó entre ustedes, es el único de los Hidalgo del que nunca quieres hablar.

—No paso nada —le digo mientras nos adelantamos a la sala donde todo está decorado, los muebles han sido reemplazados por adornos y pequeñas mesas muy altas con bebidas y aperitivos.

Sofia y Juan están parados en la puerta, listos para recibir a sus invitados y veo a Apolo, su hijo menor de 16 años, a un lado de ellos en un traje muy bonito. Arrugo mis cejas, ¿Dónde está Ares?

Me apresuro escaleras arriba porque conozco muy bien estos chicos. Ares estuvo de fiesta anoche, llegó casi en la mañana, lo más probable es que este durmiendo a pesar de que ya son casi las 6 de la tarde.

Sin tocar la puerta, entro en su habitación que no me sorprende encontrar a oscuras, el olor a alcohol y a cigarro me hace arrugar la nariz. Abro las cortinas de las ventanas, la luz del atardecer iluminando al chico de 18 años que conozco tan bien, acostado, sin camisa, con su cara enterrada en la almohada, las sabanas cubriendo más arriba de su cintura.

Tampoco me sorprende la chica rubia que está durmiendo a su lado, aunque no la conozco, sé que debe ser una de sus chicas de una noche.

—¡Ares! —golpeo su hombro ligeramente y él solo gime en molestia—. ¡Ares! —esta vez aprieto su hombro y logro que abra esos ojos azules que tiene que son tan parecidos a los de su madre.

—¡Ah, luz! —se queja, poniendo su mano sobre sus ojos.

—La luz es el menor de tus problemas —enderezo mi cuerpo con las manos en mi cintura.

—¿Qué pasa? —se sienta, masajeando su cara.

Digo la única palabra que sé que le dirá todo lo que tiene que saber.

—Artemis.

Observo como todo hace clic en su cerebro, y se levanta, está en solo boxers y si no lo hubiera visto tantas veces así, me habría deslumbrando.

—¡Mierda! ¡Es hoy!

—Corre, dúchate —le ordeno—. Tu traje está guindando en la puerta del closet.

Ares está a punto de correr al baño cuando nota a la chica durmiendo en su cama

—Oh, mierda.

Levanto una ceja.

—Pensé que estabas tomando un descanso de las folladas de una noche.

—Lo estaba, ah, maldito alcohol —se rasca la parte de atrás de la cabeza—. No tengo tiempo para lidiar con todo el drama de sacarla —se acerca a mí—. Tú me quieres, ¿verdad, Clau?

Volteo los ojos.

—No voy a sacarla, tienes que ser responsable de tus actos.

—Pero no tengo tiempo, por favor —suplica—. No podré bajar a tiempo para recibir a mi hermano si lidio con eso.

—Está bien, esta de verdad es la última vez —lo empujo al baño—. Corre.

Suspirando, procedo a despertar a la chica, ella se viste en silencio y le doy tanta privacidad como puedo. Es incomodo, y es horrible decir que estoy acostumbrada a lidiar con estas situaciones, pero lo estoy. Vivir con un chico de 18 en pleno apogeo sexual me ha obligado a acostumbrarme. Apolo aún es inocente y agradezco por eso.

Debo admitir que la rubia es muy bonita, y siento mucha pena por ella.

—Vamos, te pediré un taxi y te guiaré a la puerta de atrás.

Ella luce ofendida.

—¿La puerta de atrás? ¿Quién crees que soy? Y aun no me has dicho, ¿Quién eres tú?

—entiendo su pregunta, en este elegante vestido no hay nada que indique que solo soy el servicio de la casa.

—Eso no es importante, hay una fiesta allá abajo y a menos que quieras que una docena de gente te vea en estas fachas, saliendo de la casa de un chico, te sugiero la puerta de atrás.

—Lo que sea —ella me da una mirada asesina.

Malagradecida.

Se que estoy haciendo el trabajo sucio y de ninguna forma apoyo las cosas que hace Ares, pero conozco al chico, sé que él es dolorosamente honesto, él siempre les deja claro a las chicas lo que quiere, y si ellas aun así se lo dan, pues ya es responsabilidad de ellas si esperan más de él.

Después de despedir a la chica, y verla irse en un taxi, vuelvo a la fiesta. Ya han llegado varias personas con sus elegantes vestidos y trajes de marca. Preparo mi mejor sonrisa y comienzo a servir amablemente, riéndome de bromas que no me parecen graciosas y dándole cumplidos a todo el mundo, aunque no sean honestos.

A medida que pasa el tiempo y que se llena la sala, me pongo más nerviosa, esta es una fiesta sorpresa, Artemis no tiene idea de que cuando vuelva a casa esta noche después de tanto tiempo, lo recibirá toda esta gente y cada vez se acerca más la hora de que llegue. Ni siquiera sé porque estoy nerviosa.

La señora Sofia pide la atención de todo el mundo, y nos hace una señal de silencio, Jon apaga las luces, y todo el mundo espera en silencio absoluto mientras escuchamos la puerta abrirse.

Artemis está aquí.