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Capítulo 1:

"¿Qué se siente vivir con tres chicos hermosos?"

 

4 de Julio, 2016.

Claudia

¿Qué se siente vivir con tres chicos hermosos?

Eres tan afortunada.

Que envidia.

Vivir con esas bellezas, que privilegio.

¿Cómo puedes vivir con ellos?

¿Te has tirado alguno?

¿Podrías conseguirme su número de celular?

Eso es solo un poco de lo que he tenido que lidiar desde que los chicos Hidalgo crecieron y se convirtieron en el sueño húmedo de todas las chicas de este lugar. Artemis, Ares y Apolo Hidalgo son los responsables de muchos suspiros de chicas en las calles y con los que crecí, aunque no seamos familia.

¿Cómo pasó eso? Bueno, mi madre ha trabajado como mujer de servicio para los Hidalgo desde que yo era una niña, el señor Juan Hidalgo nos abrió las puertas de su casa, dejándonos vivir aquí, por lo que siempre le estaré eternamente agradecida. Él se ha portado muy bien con nosotras, cuando mi madre se enfermó hace un año sin poder seguir trabajando, él me dejó tomar su lugar de trabajo en la casa.

Muchas chicas me envidian, creyendo que mi vida es perfecta solo porque vivo con chicos atractivos, pero están tan lejos de la realidad, la vida no solo se trata de relaciones, sexo, chicos, etc., es mucho más que eso para mí. Las relaciones solo traen complicaciones, problemas, discusiones y si tal vez, traigan felicidad temporal, ¿Pero vale la pena arriesgarse por destellos de felicidad? No lo creo, prefiero estabilidad y tranquilidad mil veces sobre lo que sea que una relación pueda ofrecer, por eso me mantengo alejada de eso, ya tengo suficiente con lo que tengo que lidiar ahora.

No solamente me refiero al amor, se me ha hecho muy difícil establecer amistades, no tengo tiempo para eso, trabajo en la casa Hidalgo durante el día, cuidando y alimentando a mi mamá cuando tengo mis descansos y voy a la universidad a clases nocturnas, mi día comienza a las 4 de la mañana y termina casi a la medianoche, apenas tengo tiempo para dormir.

Teniendo 20 años ya debería tener varias amistades, solo me las he arreglado para hacer una sola amiga y eso es porque tenemos las mismas clases en la universidad. Claro que considero a los chicos mis amigos, sobre todo Ares y Apolo. Artemis es otra historia.

En realidad, Artemis y yo solíamos ser muy cercanos mientras crecíamos, hasta hace 5

años cuando todo cambió aquella noche del 4 de Julio cuando lo rechacé después de que me besó. Después de eso, el ambiente entre nosotros dejó de ser cómodo y relajado y paso a ser distante. Él solo me hablaba cuando era necesario, Ares y Apolo lo notaron, pero nunca hicieron preguntas al respecto y aprecié eso, hubiera sido muy incómodo tener que explicarles eso.

Tampoco fue difícil para él evitarme, ya que al final de ese verano se fue a la universidad, dejando la casa y viviendo en el campus universitario durante los 5 años de su carrera. Sin embargo, se graduó hace un mes, y va a volver a casa.

Hoy.

La vida puede ser una bastarda irónica cuando se lo propone. Tenía que ser hoy cuando se cumplen 5 años de aquella noche. Su familia ha organizado una fiesta sorpresa para él.

No puedo negar que estoy nerviosa, la última vez que lo vi fue hace seis meses y solo fue un ligero segundo cuando vino a buscar unas cosas a la casa ni siquiera me había saludado. Honestamente, espero que esta vez podamos tener una relación más civil, ya han pasado cinco años desde aquella noche, no creo que aún lo recuerde. No digo que volvamos a ser tan cercanos como antes, pero que por lo menos podamos hablar casualmente sin incomodidad.

—¿La comida está en orden? —Marta, mi madre pregunta por tercera vez mientras subo el cierre de la parte de atrás de mi vestido negro. Sofia, la señora de la casa, me ha hecho llegar este vestido, quería que todo el personal que había contratado para atender luciera elegante, y yo no podía ser la excepción—. Claudia, ¿Me estas escuchando?

Me giro hacia ella con una sonrisa.

—Todo está en orden, mamá, no te preocupes, duerme, ¿Sí? —la obligo a acostarse, arropándola. Le doy un beso en la frente—. Volveré pronto.

—No te metas en problemas, ya sabes, quedarte callada es.

—Mejor que ser honesta —termino por ella—. Lo sé.

Ella acaricia mi rostro,

—No lo sabes, la gente que viene hoy puede ser muy grosera.

—No causaré problemas, mamá, ya estoy grande.

Le doy otro beso en la frente y me alejo de ella. Revisando en el espejo que el moño que me hice en el cabello este perfectamente recogido, ni un solo mechón rojo escapando del mismo, ya que estaré alrededor de comida, no puedo tenerlo suelto. Apago la luz y salgo de la habitación, caminando rápidamente, los tacones negros que llevo puestos sonando con cada paso. A pesar de que no uso tacones con frecuencia, soy muy buena caminando en ellos.

Al llegar a la cocina, me encuentro con 4 personas, 2 chicos vestidos de mesoneros y dos chicas vestidas con el mismo vestido que llevo puesto, los conozco porque ellos forman parte de la compañía de organización de fiestas que la señora de la casa siempre contrata, ella siempre les pide que sean los mismos mesoneros y mesoneras porque según ella, trabajan bien y tienen experiencia con eventos pasados aquí, sin mencionar que una de las chicas es mi amiga de la universidad, lo sé, yo le ayudé a conseguir el trabajo.

—¿Cómo va todo?

Gin, mi amiga, suspira.

—Todo bien, ya Anellie —señala a la pelinegra— ha preparado algunos cocteles, y ha puesto el champagne y el vino en el mini bar.

—Bien, ¿Quién estará en el mini bar preparando los tragos? —pregunto, acomodando una bandeja de appetizers—, ¿Jon?

Jon asiente.

—Si, lo usual, el mejor bartender del mundo —me guiña el ojo.

Gin voltea los ojos.

—¿Disculpa? Yo preparo las mejores margaritas del mundo.

Miguel que se ha mantenido callado hasta ahora habla.

—Lo certifico.

Jon les saca el dedo a ambos y yo reviso la hora.

—Hora de salir, los invitados deben estar por llegar.

Los observo salir y Gin se queda atrás a propósito para caminar a mi lado.

—¿Cómo te sientes?

Me encojo de hombros.

—Normal, ¿Cómo debería sentirme?

Ella gruñe.

—No tienes que fingir conmigo, no lo has visto en meses, debes estar muy nerviosa.

—Estoy bien —repito.

—Te dije que lo vi en una revista de negocios hace días —comienza—. ¿Sabes que es uno de los gerentes más jóvenes del estado?