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El señaló la caja de música. -Te he traído un presente. Sha

– Gracias, Ruark. ¿Eso viene de las colonias?

– Le pedí al capitán Beauchamp que la hiciera comprar y que la enviara aquí -repuso Ruark-. ¿Te gusta?

Sha

– Hum, me gusta mucho. -Vio que él cerraba la tapa de la caja haciendo cesar la melodía, y levantó la vista con expresión inocente-. ¿Podría haber otro motivo que te trajo a mis habitaciones?

El sonrió lentamente y sus ojos recorrieron todo el cuerpo de ella.

– Me informaron que preguntaste por mí en toda la isla y no pude encontrar motivos para tanta urgencia, excepto uno. -Sus blancos dientes relampaguearon en una rápida sonrisa-. Por eso, aunque ya era tarde, vine aquí en la primera oportunidad para asegurarte que no me había escapado ante una inminente paternidad.

Sha

– ¡Bribón! ¡Víbora! -estalló-. ¡Tonto presumido! -Su mano buscó algo en el agua-. ¿Crees que yo andaría pregonando eso en toda la isla?

Levantó la esponja para arrojársela.

– ¡Ah, ah! -Ruark sonrió traviesamente y agitó un dedo hacia ella-. Tencuidado, Sha

– Ooohhhh -gimió Sha

– Ven -dijo Ruark con voz suave, pero conteniendo la risa, sal de esa tina y sécate.

Ruark le tendió la toalla y esperó junto a la tina. Sha

– ¿Por qué me buscabas? -preguntó Ruark, mientras ella cepillaba sus largos cabellos.

Sha

– Oh, Ruark, el capitán Beauchamp me ha hecho el más maravilloso de los regalos. Una yegua hermosa, pero ha sido maltratada y necesita que la cuiden.

Ruark enarcó las cejas, sorprendido.

– ¿Maltratada?

– El capitán Roberts dijo que hubo una tormenta en el mar y que el animal se golpeó contra las paredes del pesebre. Le dije al muchacho de los establos que hiciera lo que pudiese hasta que tú vinieras. -Los ojos azul verdoso lo miraron implorantes-. Oh, Ruark, por favor, ocúpate del animal y haz que se ponga bien.

Ruark estiró una mano para acariciar los rizos dorados y la miro con ojos tiernos..

– ¿Te gusta mucho ese animal, Sha

– Sí, Ruark, muchísimo.

– Haré todo lo que pueda por ella -sonrió él-. Sabes que soy el más fiel y ardiente de tus esclavos.

Sha

– ¿Y si fueras libre? -preguntó- ¿Te irías de aquí a buscar fortuna en otra parte?

– ¿Qué grandes tesoros podrían arrancarme de tu lado, amor mío? -repuso él mientras jugaba con un rizo de ella-. ¿Cómo podría abandonarte? Tú eres mi tesoro, la joya rara de mis deseos.

Sha

– Te burlas de mí, Ruark. Y yo tendría que saber la verdad.

– ¿La verdad? -Ruark hizo una reverencia a la imagen reflejada en el espejo y sonrió-. Deberías recordar los votos formulados ante el altar. Estoy unido a ti hasta que la muerte nos separe.

Sha

– Cómo te gusta fastidiarme con eso, Ruark. Te comportas en una forma e invades mis habitaciones como si en este mundo poseyeras algo más que esa estúpida prenda que usas para cubrirte.

– Si yo soy un hombre pobre, entonces tú eres la esposa de un pobre -señaló Ruark con una risita.

– Eres un canalla que aprovecha cualquier débil pretexto para irrumpir en mis habitaciones -replicó Sha

Ruark se le acercó con pasos mesurados y con una sonrisa lenta, hipnótica en sus labios. Sha

– Señora, debo admitir que aprovecho cualquier excusa para estar con usted -dijo él en tono de broma-. ¿Pero yo un canalla, un desvergonzado? Seguramente, la vida que estoy llevando últimamente no es tan reprochable.

– ¡Ja! -replicó Sha

– Ruark, contrólate -dijo ella, tratando de que su voz sonara severa-. Terminaré con esto de una vez por todas.

– Oh, sí que terminaremos -replicó él, hizo la mesa a un lado y le demostró que no había obstáculos para su avance.

La pared detuvo la retirada de Sha

Sha

Súbitamente los juegos terminaron. Se miraron a los ojos, sus pulsos se aceleraron. Ruark bajó la cabeza y ella le rodeó el cuello con los brazos. Sus labios y sus cuerpos se unieron fundiéndolos en un solo ser y los dos se sintieron arrojados a un mundo privado de pasión abrasadora. El tiempo se detuvo y el momento pareció perdurar eternamente… hasta que fue destrozado como una copa de cristal por un fuerte golpe en la puerta del dormitorio de Sha

– ¿Sha

Ella respondió con voz ronca, áspera, como si estuviera semidormida, mientras se apartaba rápidamente Ruark.

– Un momento, papá, por favor.

Sha

– Entra, papá -dijo.

Sha

– Buenas noches, hija -dijo él, tratando de suavizar su voz habitualmente áspera-. Espero no haberte molestado demasiado.

– No, papá. -Bostezó y declaró, sin faltar a la verdad-: No dormía.

Trahern se sentó en el borde de la cama y Sha

– Pareces contenta de estar nuevamente en casa -dijo él, casi con vacilación.

– Claro que sí, papá -dijo Sha

El pecho de Orlan rugió con su versión de una risita.

– Nunca pude soportar -dijo él- esas doncellas blancas como la leche, y tú, como tu madre, eres más hermosa con el color del sol en tus mejillas y en tu cabello. Y he comprobado con sorpresa que tienes una mente, y una voluntad propias. Pero hay algo que no puedo explicar. Hay en ti, últimamente, algo así como un aire de mujer casada, de esposa.