Страница 66 из 144
CAPITULO TRECE
Una pareja de águilas marinas tenía su nido sobre el acantilado que corría a lo largo de la costa oriental de la isla. Sha
Había transcurrido casi una semana desde la visita de él a su habitación. El día había amanecido con densas nubes que amenazaban envolver en una tormenta a la verde ante isla. Sha
Un fuerte y furioso relincho desgarró el aire y Sha
– Eh, mucho cuidado con la yegua. El animal ya está herido. La voz que gritó era desconocida para Sha
– ¡Eh, ustedes! -gritó Sha
Bajó como un torbellino la amplia escalinata y se acercó al grupo. Hablando en tono tranquilizador, estiró una mano para acariciar el suave morro de la yegua y palmearle los flancos temblorosos. El animal se tranquilizó gradualmente bajo el suave contacto y accedió a quedarse quieto mientras los hombres quedaban boquiabiertos por la sorpresa. Todo el camino desde la aldea habían tenido que luchar con la yegua, quien se había resistido a dejarse llevar en carro o de la brida.
El hombre corpulento y de grandes patillas se adelantó y habló en tono de disculpas:
– Tuvimos un poco de mal tiempo después de dejar las colonias y el barco se sacudió tanto que la yegua se hirió contra las paredes del pesebre que construimos para ella. Le aseguro, señora, que no fue por malos tratos..,
Sha
El hizo un rápido movimiento con su cabeza.
– Capitán Roberts, a su servicio, señora. De la Compañía de Virginia. El capitán Beauchamp me ordenó que trajera la yegua al señor Trahern o a su hija en retribución por la generosa hospitalidad que aquí le brindaron. ¿Es usted la viuda Beauchamp?
Sha
– Sí, lo soy.
El capitán buscó en su chaqueta y sacó una carta sellada que le tendió a ella.
– Esto es para usted, señora, del capitán Beauchamp.
Sha
La nota continuaba asegurándole que los Beauchamp estaban aguardando con alegría su visita y Nathanial expresaba sus esperanzas de que nada pudiera demorar el viaje porque predecía que el otoño de este año sería lleno de colores:
– No teníamos a nadie que cuidara de las heridas del animal, señora -explicó el capitán Roberts.
– Oh, no importa -replicó lentamente Sha
Un muchachito, de unos diez años quizá, se adelantó de donde había estado casi oculto, llevando en sus brazos un gran bulto.
– ¿Dónde tengo que llevar esto, señor? -preguntó el muchachito dirigiéndose al capitán, y sin soltar el bulto envuelto en cuero.
– ¿Señora? -El capitán miró a Sha
Sha
– Está esto -dijo el hombre señalando el paquete- que es para él. ¿Podemos dejarlo en la cabaña?
– Sí-. Sha
Cuando los hombres se alejaron Sha
– Los Beauchamps te pusieron, de 'nombre JezebeL Ajá, seguramente tú tentarás a mi Attila porque por aquí no hay otra potranca tan bella como tú. Pero debo buscara Ruark para que te, cure porque no confío en ningún otro para que te atienda." Mi dragón es muy hábil con las damas Susurró', sonriendo pensativa-. Sé que, ¡él te gustará…
"Cuando preguntó por Ruark en la tienda de la aldea, Sha
– No lo sé, muchacha. Estuvo aquí esta mañana temprano para ordenar algunas mercaderías pero desde entonces, no le he vuelto a ver.
¿Ha preguntado en el aserradero?
En el sitio de la, construcción, Sha
Pero tampoco allí pudieron decirle dónde había ido el señor Ruark i
cuando se marchó. Finalmente" bien entrada la tarde, Sl1a
con ellos en el salón y no aceptó la excusa de que Sha
Cerró lo ojos y apoyó la cabeza contra el alto borde de la tina, dejando que el baño aflojara sus tensiones. Ahora era raro pasar todo un día sin ver a Ruark, aunque habitualmente él era necesario en cualquier parte donde se presentaran problemas. Por alguna razón, Sha
El reloj de su habitación dio las diez y con la última campanada empezó una nueva melodía que Sha
Sha
– Buenas noches, amor, y gracias -dijo, Ruark y sus ojos bajaron rápidamente hacia los pechos mojados y brillantes de ella.
– No tienes derecho -dijo Sha
Ruark sonrió con muy buen humor.
– Ejerzo mis derechos maritales, Sha
– Estás diciendo tonterías, Ruark. -Sha