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Los labios, suavemente rosados, eran tentadores y graciosamente curvos, vagamente sonrientes. Bajo la intensa mirada de él, la piel alabastrina se coloreó levemente. Con una voluntad de hierro, Ruark se contuvo y guardó silencio.

Sha

– Al contrario – respondió Ruark con una aparente desenvoltura que no sentía-. Su belleza me ciega tanto que temo que tendrán que conducirme de la mano hasta la horca. Mi mente no puede absorber semejante esplendor después de la sordidez de esta mazmorra. ¿Se supone que debo conocer su nombre, o eso es parte de su secreto?

Sha

El prisionero seguía sin moverse, aguardando que Sha

La segunda salva fue disparada.

Dio en el blanco con una efectividad de la que Sha

Hebras doradas, sin duda aclaradas por el sol, brillaban entre los sueltos rizos. Ruark sintió una fuerte tentación de acercársele y acariciar la copiosa y sedosa cabellera y pasar suavemente sus dedos por los delicados pómulos tersos como pétalos. Las facciones de ella eran perfectas, la nariz recta y finamente formada. Las suaves cejas de color castaño curvábanse sobre unos ojos que eran claros, de color verde mar, brillantes contra el espeso marco de pestañas muy negras. Esos ojos lo miraban directamente, abiertos aunque inescrutables como cualquier mar que él había visto en su vida. Los labios, suavemente rosados, eran tentadores y graciosamente curvos, vagamente sonrientes. Bajo la intensa mirada de él, la piel alabastrina se coloreó levemente. Con una voluntad de hierro, Ruark se contuvo y guardó silencio.

Sha

– Al contrario – respondió Ruark con una aparente desenvoltura que no sentía-. Su belleza me ciega tanto que temo que tendrán que conducirme de la mano hasta la horca. Mi mente no puede absorber semejante esplendor después de la sordidez de esta mazmorra. ¿Se supone que debo conocer su nombre, o eso es parte de su secreto?

Sha

A menudo había oído declaraciones similares, casi con esas mismas palabras, y ello la había irritado. Que ahora este andrajoso miserable las usara era casi una afrenta a su orgullo. Pero siguió el juego. Agitó la cabeza y sus bucles se sacudieron seductores. Rió con algo de melancolía.

No señor, yo se lo diré, a1 aunque le pido discreción porque allí está el mayor peso de mi problema. Soy Sha

Hizo una pausa, aguardando la reacción de él. Ruark levantó las cejas y no pudo ocultar su sorpresa. Lord Trahern era conocido en todos los círculos, y entre los jóvenes Sha

Satisfecha, Sha

– Como usted ve, Ruark -usó el nombre de pila con despreocupada familiaridad- yo tengo necesidad de su nombre.

– ¡Mi nombre! -exclamó él con incredulidad- ¿Ruark Beauchamp? ¿Necesita el nombre de un asesino convicto cuando el suyo podría abrirle cualquier puerta que usted desee?

Sha

– Ruark, estoy en aprietos. Debo casarme con un hombre de apellido ilustre y usted debe estar al tanto de la importancia que tiene en Inglaterra el apellido Beauchamp. Nadie sabrá, excepto yo; por supuesto, que usted no es pariente de ellos. Y puesto que usted tiene poca necesidad futura de su apellido, yo podría usado muy bien.

La confusión de Ruark le embotó el ingenio. No podía imaginar los motivos de ella. ¿Un amante? ¿Una criatura? Ciertamente no se trataba de deudas, porque ella tenía tanto dinero que ninguna deuda podría molestarla. Miró desconcertado esos ojos azul verdosos.

– Seguramente, señora, usted está bromeando. ¿Propone de matrimonio a un hombre a quien van a colgar dentro de poco? Le doy mi palabra de que no veo la lógica de esta situación.

– Es una Cuestión de cierta delicadeza -dijo Sha

Ante el persistente silencio de él, Sha

La voz de Ruark sonó algo tensa cuando por fin habló.

.

– Mi lady, usted me somete a una prueba dolorosa. Mi madre trató de enseñarme a ser un caballero respetuoso de las mujeres.

– Sha

Caminó lentamente alrededor de ella tal como ella hiciera con él unos momentos antes y se detuvo cuando estuvo a sus espaldas. Casi sin respirar, Sha

– Nunca… -el susurro de Ruark sonó cerca de su oído y le produjo un estremecimiento de temor-…nunca compres una yegua con una manta sobre el lomo.

Sha

– ¿Puedo? -preguntó él y su voz, aunque suave, pareció llenar todos los rincones de la celda.

Ruark aceptó el silencio de ella como consentimiento Y Sha

Ruark seguía inmóvil, su respiración tocaba suavemente el cabello de ella, su cabeza llenábase con el delicioso perfume de mujer. Pasaron unos instantes que volaron con alas silenciosas y él siguió sin moverse. Sha

Con todos sus sentidos completamente dedicados a ella, Ruark sintió un deseo abrumador de tomar a Sha

y estaba, además, ese desconcertante fulgor debajo de la superficie de la belleza de ella, ese indicio de algo que él no alcanzaba a captar, una sugerencia de sarcasmo, un fugaz relámpago de insinceridad, un extraño toque de arrogancia. Sin embargo, estaba convencido de que si ella hubiera podido elegir otra cosa no se encontraría aquí. El sabía que Orlan Trahern era un hombre poderoso pero le resultaba difícil imaginar que fuera capaz de imponerse en esa forma a su, única descendiente.