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Sha

– ¿Entonces le resulta desagradable compartir su apellido? ¿Su respuesta es no?

¿Por qué, cielo santo, tenía ella que regatear con este rústico canalla?

Ruark aspiró profundamente y con un extremado esfuerzo de voluntad respondió en tono despreocupado:

– Hay muchas cosas que considerar… ¿Sha

– Le prometo, Ruark, que no tengo intención de deshonrarlo -se apresuró ella a replicar-: Lo tomaré prestado por un tiempo y cuando haya encontrado a aquel a quien pueda amar, todo terminará. Si usted accede, será sepultado con todo respeto en una tumba bien identificada en el cementerio de una iglesia. ¿Acaso aquellos que le preocupan podrán entonces recordar su vergüenza?

– ¿Y me promete alivio para mis últimos días, Sha

Como si se sintiera muy perturbado, Ruark empezó a caminar de un lado a otro de la celda, en apariencia sumida profundamente en sus pensamientos. Se detuvo junto a la cama y nuevamente su mirada adquirió una expresión inquisitiva.

– ¿Puedo sentarme, Sha

– No…no, gracias -respondió ella rápidamente. Miró el sucio jergón de paja Y no pudo contener un estremecimiento.

Ruark se sentó en un ángulo de la cama, apoyó la espalda en la húmeda pared de piedra, levantó una rodilla y apoyó en ella su brazo y dejó caer blandamente la mano. Fijó la mirada en ella y Sha

– ¿Cree que yo tomo esto a la ligera, Ruark? Mi padre es un hombre de voluntad de hierro, y aunque lo han llamado muchas cosas, nunca oí que nadie cuestionara su palabra. No tengo ninguna duda de que él hará como ha dicho y que me obligará a casarme con un hombre al que yo despreciaré.

Ruark siguió contemplándola pero – ni una palabra salió de sus labios. Le tocó a ella ponerse nerviosa y caminar de un lado a otro; y al hacerlo su causa resultó favorecida en grado considerable. Sha

Sha

– Ruark -dijo firmemente, y él levantó de mala gana los ojos hasta encontrar los de ella-. ¿Hay algo en mí que encuentre desagradable?

– Nada, Sha

Sha

– Ella soltó el aliento y sus, ojos se encendieron de cólera. Ahogó una exclamación de rabia ante esta afrenta. ¡Vaya atrevimiento el de este hombre! Sha

Ruark puso ambas piernas sobre la cama, enlazó las manos detrás de su cabeza y se relajó como si estuviera en una taberna bebiendo ale.

– Ah, sí -rió despectivamente-. Pensé que tenía que saber el verdadero precio para salir de sus apuros. Usted busca mi apellido por un motivo apremiante, este apellido que es mi última y única posesión y que yo solo puedo darle. Cuando pido lo mismo de usted, un precio que usted sola puede pagar, entonces le parece demasiado. De modo que no acepta el precio, rechaza el pacto y terminará plegándose a la voluntad de su padre.

Ruark tomó el frasco, lo levantó y brindó.

– Por su casamiento, Sha

Bebió abundantemente y quedó mirándola con una vaga sonrisa, consciente de, que había perdido. Sha

¡Ese tonto sucio y maldito! ¿Creería que podría vencerla?

Se le acercó, meneando las caderas como una bailarina gitana, con el cabello suelto y los ojos llenos de un fuego verde. Había sentido el aguijonazo de él y necesitaba hacérselo pagar. Se impuso la cólera donde el temor. La hubiera hecho temblar. Se detuvo frente a él, con los pies separados y los brazos en jarra, y lentamente estiró una mano y pasó un dedo por la línea recta de la nariz de él.

– Mire -dijo en tono despreciativo y burlón-. Me atrevo a tocarlo, sucio como está, puerco, aunque se burla de mi situación. Y si me acuesto con usted ¿qué gano? ¿Salvarme de la voluntad de mi padre y soportar su contacto?

Ruark echó la cabeza hacia atrás y se rió de la furia de ella.

– La voluntad de su padre, amor mío, parece una cosa tan segura como la muerte, a la cual no podrá escapar. ¿Y qué pasará cuando el marido dificultosamente encontrado despose a la viuda y compruebe que ella todavía es virgen? ¿Qué dirá? ¿Que ella mintió a su padre? Y en cuanto a mí, puede tomarme o no. Así lo quiere Dios. Si no acepta, usted no pierde nada y gana mucho. Si acepta, entonces será una viuda verdadera que ningún padre podrá negar. -Suspiró profundamente-. Pero no todo es tan malo, porque veo que usted no quiere correr riesgos. Usted quiere mi apellido y todos los beneficios mientras que yo nada tengo que ganar, por lo menos nada que pueda atesorar hasta mi aliento final, un recuerdo que aliviaría verdaderamente mis últimos momentos de vida. Pero vamos, ya basta de esto. Ciertamente, Sha

Apoyó una mano en el brazo de ella, en tierna caricia.

– ¿Sabe que usted es mía hasta que yo muera? Este es el precio que paga una mujer por buscar a un hombre y proponerle casamiento. Así lo dicen los que saben, ella debe pertenecerle hasta que él muera.

Sha

– Pero mi necesidad es grande -susurró ella y reconoció algo de verdad en lo que decía él. Ella no se sentiría libre hasta que él muriese-. He venido dispuesta a implorar. -Su voz sonó grave y ronca-. No he venido para rendirme pero me rendiré. Entonces, trato hecho.

La mandíbula de Ruark cayó un brevísimo instante. El no esperaba esto. Súbitamente sintió se eufórico. Casi valdría la pena ser ahorcado. Se puso de pie frente a ella, aunque todavía no se atrevió a tocarla, de modo que apretó las manos contra sus muslos como para reprimir el impulso. Su voz sonó gentil, casi como un susurro.

– Un pacto. Sí, un pacto. Y que se sepa que el primero que se casa contigo, mi bella Sha

Sha

Por fin, lista para marcharse, lo enfrentó pero casi retrocedió cuando él levantó una mano para tocarla. Se sorprendió cuando él se limitó a tomar entre sus dedos un rizo suelto y a cerrar lentamente el broche que aseguraba el capuchón.

Sha

– Debo hacer los arreglos necesarios -dijo ella firmemente, reuniendo coraje-. Después enviaré a Pitney por usted. No será más de un día o dos. Buenas noches..

Con una compostura duramente controlada, Sha