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Lentamente empezaron a caminar y él señaló y explicó los detalles de la construcción. Sha
Los tres enormes rodillos habían sido terminados y aguardaban cargamentos enteros de caña y había una cuba gigantesca para recibir los jugos. Dos alas se extendían a los costados del trapiche propiamente dicho, una con grandes calderos de cobre para cocinar el jarabe y convertirlo en un líquido más denso, la otra con cubas de fermentación y alambique de bronce para producir diversos rones, el negro para abastecer a los barcos de Su Majestad, el más claro para servir en cualquier mesa.
Parte de la mente de Sha
Sha
Seguramente- pensó- él es más que un siervo. La respuesta le llegó sola. Por supuesto, ella siempre lo había sabido. El nunca había sido esclavo de ningún hombre ni de ninguna mujer.
Sha
La risa suave de Ruark interrumpió sus cavilaciones. Sha
– Me temo que he sido demasiado detallista en mis explicaciones, pero por lo menos podrás responder cualquier pregunta que te hagan acerca del trapiche.
– y a he visto antes partes del trapiche y he escuchado a otros describirlo. Realmente, es una maravilla..
Sha
– ¿Y qué debo responder cuando la gente me pregunte cosas de ti, John Ruark? Sé muy poco de ti. ¿Y tu familia? Esta mañana mencionaste a tu padre. ¿El está enterado de ese incidente en Inglaterra?
– Espero que no. No, ruego que no. -Ruark miró a la distancia, con expresión preocupada-. Sus fuerzas serían puestas a prueba si llegaran hasta él esos rumores y me creyera muerto.
– ¿y tu madre? -insistió Sha
Ruark la miró sonriendo.
– ¿Cómo podría jactarme de ellos, Sha
Sha
– Tus ojos revelan tus pensamientos -1o acusó bruscamente-. Es una grosería mirar tan abiertamente, y peor aún hacerlo en la iglesia.
– Sólo estaba admirándote -dijo él-. Eras la más hermosa mujer que allí había, y yo, como la mayoría de los otros hombres, sólo admiraba tu belleza.
– Tú eres más atrevido que los otros -dijo ella-. Cada vez que me miras me siento desnuda.
– Lees muy bien mis pensamientos, Sha
– ¡Eres un canalla! ¡Un canalla grosero, mal pensado! -gritó Sha
– Sólo si tú lo quieres así -replicó suavemente Ruark.
– ¡Oh, calla! -estalló Sha
Ruark la miró fijamente.
– ¿Tienes alguna indicación de que estás encinta, Sha
Sha
– No, aún no -dijo.
Ruark la tocó en un hombro.
– Entonces pronto, quizá, amor mío, y podrás estar más tranquila. Sha
– ¿Debes espiar en mi vida privada? ¿No puedo tener secretos para ti?
Bajo los dedos de él, el suave rodete de cabello de su nuca quedó libre. Ruark tomó unos rizos y aspiró la deliciosa fragancia. Le habló al oído.
– Para tu esposo no, amor mío. Si la simiente ha sido plantada sólo nos queda aceptar el hecho.
Con franca irritación, Sha
– ¿Sí? -exclamó ella-. ¿Y qué harías tú si yo estuviera encinta? ¿Aceptarías al hijo de mis entrañas y le darías tu apellido?
– Ciertamente -le aseguró Ruark-. Pero allí está el problema.
¿Deberíamos darle el apellido Ruark; admitir que somos amantes, y después casarnos otra vez? ¿O le damos el apellido Beauchamp, como es su derecho, y confesamos todo, que desde el principio estuvimos casados, y nos entregamos a la misericordia de tu padre?
Sha
– Eres grosero -dijo, magnífica en su furia, con los ojos echando chispas-. ¡Eres un bárbaro de la peor clase! Bromeas con mi orgullo y tomas mi honor a la ligera. Me privarías de 1o que tanto he trabajado para conservar: mi derecho a elegir esposo. ¿Acaso esperas que yo acepte mansamente ser la madre de tus bastardos?
– No serán bastardos, Sha
Ella negó con la cabeza y trató de apartarse pero él tenía sus dedos en la nuca de ella y la miraba fijamente ti la cara.
– ¡El pacto ha sido cumplido! -dijo ella, casi sin aliento-. ¡Tú 1o has admitido!
– ¿Y qué hay de los votos matrimoniales! -replicó él-. ¿Crees que fueron pronunciados con ligereza y que puedes rechazarlos a voluntad? ¿Respetas lo que has jurado ante un altar menos que lo que prometiste en una oscura celda? ¿Cómo explicas que eres viuda cuando yo estoy vivo, con buena salud? -Sus palabras adquirieron un tono insultante, duro-. ¿Acaso has comprobado que me falta vigor para que tengas que buscar otro esposo y tenderte debajo de él a fin de gozar de los placeres que él pueda proporcionarte?
Sha
– Tal vez -continuó él- prefieras casarte con un lord de ilustre apellido pero empobrecido y pasar el resto de tu vida deseando un hombre de verdad. ¿O me llamarás para complacerte en lo que no pueda complacerte tu elegante lord?
– ¡Bestia! -estalló ella y levantó la fusta como si fuera a golpearlo en el rostro-. Te muestras frívolo pues poco tienes que perder. Puedes huir muy bien y dejarme con el vientre hinchado. -Se apartó de él-. Como son los hombres, eres libre para satisfacer todos tus caprichos.
– ¡Libre! -dijo Ruark en tono despectivo-. No Sha
¡Sha
– Sí, realmente eres un renegado -dijo Sha
– ¡Todo que perder! -replicó él-. ¿Y qué más que mi cuello puedo perder yo? ¿Crees que lo valoro tan poco que tomo tu estado a la ligera? ¿Crees que busco por padrino al verdugo?
Sha
– ¡Creo que eres un asno pomposo!
– ¡Y tú eres una niña malcriada! -rugió Ruark-. Yo creo que debería hacer lo que hacía tu padre, ponerte boca abajo sobre mis rodillas y darte una buena azotaina.
Los ojos verdes lo miraron amenazadores.
– ¡Atrévete a tocarme, Ruark Beauchamp, Y te arrancaré la piel de tu cuerpo desnudo!
Estaban de pie en el trapiche a medio construir, sobre una estrecha plataforma que temblaba bajo la cólera de los dos, pero ninguno lo advertía. Una pequeña nube de tormenta entró en el valle arrastrando consigo a otras más.
– ¡Mequetrefe! -exclamó Sha
Hubo un relámpago cegador sobre sus cabezas. Al instante siguiente el estallido ensordecedor de un trueno los envolvió en una masa de sonido. Sha