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Los asientos de la familia Trahern eran macizos, con altos respaldos, y estaban juntos de modo que todos los apoyabrazos tallados se tocaban, excepto el perteneciente al mismo Trahern. Los asientos restantes y unos más pequeños ubicados adelante, obviamente hechos para niños, estaban destinados a Sha

El ya había reclamado demasiados derechos conyugales. Al mirarlo de soslayo, Sha

Sha

– ¿Cómo es que no ha encontrado esposa en las colonias, señor Ruark? -;-preguntó Sha

– No hay escasez, señora mía… Ciertamente, allí hay abundancia de mujeres hermosas. -Sonrió y sus ojos se encontraron con los de ella en cálida comunicación-. Aunque ninguna igual a usted, señora. Sucedió que el trabajo me dejaba muy poco tiempo libre para buscar la compañía de una dama. Ello no hacía muy feliz a mi padre, quien creía que yo me dedicaba demasiado a mis tareas. pero después, en Inglaterra, una joven muy dulce y hermosa me conquistó. Espero convencerla algún día de que yo puedo ser un buen marido.

– Aquí hay espacio suficiente para una familia grande -comentó Trahern, señalando los asientos-. Pero todavía tengo que ver estos bancos ocupados. Si ella llegara a encontrar un marido adecuado sería un milagro.

Sha

– Todavía soy joven -dijo recatadamente-. y sin duda te daré muchos nietos en tu ancianidad, padre.

– Hum -replicó Trahern-. Ya soy viejo. Encuentra un marido, hija, y te ruego que lo hagas pronto.

– ¡Papá! -Sha

El hacendado miró a su siervo, quien trataba de ocultar su regocijo detrás de lo que parecía un penoso bostezo.

Salvada de más agravios por la iniciación del culto, Sha

Sólo después que hubieron abandonado la pequeña iglesia Sha

Poco después del almuerzo, sintiendo necesidad de hacer ejercicio para cansar tanto su mente como su cuerpo, Sha

– Un trozo de cuero asegurado al lomo de un caballo -dijo él no tiene nada que atraiga a mi sentido de la comodidad. No tengo el menor deseo de molerme el trasero galopando por esta isla cada vez que tú decides hacerlo. -Pero para suavizar sus palabras, añadió-: Ve y diviértete, muchacha. Pitney vendrá pronto para jugar otra partida de ajedrez.

Así Sha

El día era agradable, casi fresco, con ráfagas de viento que hinchaban la falda de su traje de amazona color gris paloma y agitaba los rizos de pelo alrededor de su cara. Cuando se acercaban al lugar de la construcción, Attila empezó a encabritarse. Sha

El caballo se lanzó a la carrera pero en seguida surcó el aire un silbido claro y agudo. Attila se detuvo de repente y empezó a caminar hacia el molino, tan tranquilo como un potrillo recién destetado.

El caballo respondía de esa manera solamente a una persona. ¡Ruark! Sha

Ruark tomó las riendas y las ató a un poste. Su propia ira se notó en su voz.

– Si tiene que montar este animal, señora, podría hacerlo poniendo más cuidado por su seguridad. Si prefiere cabalgar distraída y soñando despierta, búsquese una montura más mansa.

La reprimenda fastidió a Sha

– ¿Mi padre es un amo tan duro que lo obliga a trabajar en un domingo? -dijo Sha

– Quería ver unas pocas cosas sin que estén aquí los obreros -dijo Ruark.

Se acercó más, la tomó de la cintura y la hizo bajar deslizándola contra su torso desnudo.

– Hasta que tú apareciste, amor mío, estaba seguro de que mi día estaba perdido.

La depositó en el suelo y se inclinó para besarla. Pero Sha

– ¿y cómo fue, señor, que yo le he salvado el día? -replicó ella fríamente. Se apartó un paso de él y puso su sombrero en el arzón de la montura. Todavía sentía en su cintura la presión de las manos de él-. Vine solamente para ver los progresos del trapiche. Si hubiera sabido que estarías aquí habría buscado un placer diferente.

Ruark sonrió y se alisó el cabello con una mano.

– Ah, amor mío, ¿es que todavía me temes? -dijo él. Sha

– Es que prefiero no ser maltratada y ultrajada como parece que te sientes inclinado a hacerlo. El cumplimiento del pacto parece que no te bastó.

– Sí, amor, no me basta -confesó ligeramente Ruark y la atrajo hacia sí-. En realidad, ello ha aumentado mis deseos.

Sha

– Trata de controlarte, Ruark -advirtió ella-. No vine a acostarme contigo, sólo a ver el trapiche. Ahora me pregunto si debo quedarme. Tú nunca pareces conforme.

Los ojos de Ruark brillaron como ascuas doradas entre sus pestañas oscuras.

– Ah, tú me tientas irresistiblemente, Sha

La mirada de él hizo que se aceleraran los latidos de su corazón y Sha

Turbada por sus propios pensamientos, Sha

– ¿Me mostrarás el trapiche? -dijo desviando la mirada-. ¿Y te comportarás como un caballero?

– Te mostraré el trapiche -replicó Ruark, pero no hizo ninguna promesa acerca de la segunda pregunta.