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Entró al comedor donde había estado trabajando y se sentó sobre el borde de la mesa. Una lámpara de aceite colgaba por medio de una cadena y a su luz él miró sin ver los los papeles y bocetos dispersos sobre la mesa. Aun así, Sha

Lentamente, Ruark sintió una presencia en la habitación y levantó la vista para descubrir la sombra de una mujer isleña. Estaba apoyada silenciosamente contra la puerta. Con fluidos movimientos, la mujer se adelantó hacia la luz y Ruark se puso rápidamente de pie al reconocer a Sha

Sha

Emergiendo de las profundidades del sueño, Ruark despertó como de un trance y por un momento fugaz temió que todo hubiera sido un sueño. Pero entonces sintió el cuerpo suave y tibio entrelazado con el suyo y se relajó sobre la almohada. El recuerdo de la pasión de Sha

Sus labios volvieron a encontrarse una y otra vez, como si cada beso fuera más dulce que el anterior. Se apartaron y en seguida volvieron a unirse con un ardor que los fundió en un solo ser, cada uno olvidado de todo lo que no fuera el otro. Todo 10 sucedido antes desapareció en el resplandor de la unión.

Un relámpago surcó él cielo de ébano y gotas de lluvia golpearon las hojas de los árboles fuera de la ventana. Brisas errantes trajeron el fresco olor de la tormenta que llenó la habitación. ambos estaban despiertos pero silenciosos y algo intimidados por la felicidad que juntos habían disfrutado. Sha

– Debo pedirte que te marches antes que mi padre se entere -dijo ella quedamente-. Hergus teme que eso sucederá.

Ruark rió por lo bajo.

– ¿Y debo marchame, simplemente? Palabra, esa mujer debe de estar ciega, o hubiera visto cómo me has embrujado.

Sha

Ruark le acarició suavemente el cabello. Sha

Se le escapó un largo suspiro. -Creo que tengo que irme antes que empeore la tormenta.

Ruark le rozó la sien con los labios y la besó en la mejilla. -Quédate hasta que amanezca-dijo contra su oído- y para entonces habrá pasado. Déjame tenerte en mis brazos unas pocas horas más.

Sha

– Pero tú necesitas descansar -dijo ella-. ¿Qué sucederá mañana? Tienes que trabajar.

– Me las arreglaré. -La boca de él se volvió insistente-. ¿Te quedarás?

Sha

– Sí -dijo-, hasta el amanecer.

La tormenta rugía contra la ventana y juntos miraron cómo los cielos bailaban sus relampagueantes danzas y pequeñas estrellas aparecían entre las nubes que corrían enloquecidas.

El carillón del reloj del hall dio las cuatro y Ruark se despert6 completamente, consciente de que Sha

– Vamos, amor mío. No hay más remedio. Yo te llevaré de regreso.

Ruark buscó en la oscuridad, encontró pedernal y yesca y encendió una vela que iluminó la habitación. Se levantó y recogió del suelo las ropas de ella. Sha

– ¿Te pondrás los calzones? -preguntó ella suavemente, mirando recatadamente sus manos enlazadas en su regazo. Le dirigió una mirada rápida y furtiva y se alzó de hombros ante la expresión de interrogación

de él-. Te ves tan desnudo así… No me parece que seas muy modesto. Eres… eres tan despreocupado acerca de todo eso.

Ruark la miró con expresión dubitativa. ¿Llegaría a entenderla alguna vez? Pero cedió y se puso los calzones.

– Como debes recordar -dijo él mientras se ajustaba el cinturón- es muy difícil hacer el amor completamente vestido y yo prefiero hacerlo en forma más íntima. Me temo que tendrás que acostumbrarte a verme en cueros. Solamente una novia reciente puede manifestar tanto recato.

Ella lo miró con sus ojos verdes muy dilatados. – ¿No pensarás que esto puede continuar? -dijo. Ruark la miró ceñudo.

– ¿Y por qué, señora mía, debería pensar lo contrario? -replicó.

Sha

– Esto… anoche… pues, sucedió -insistió Sha

El estallido de risa de Ruark cortó abruptamente el torrente de palabras y Sha

– Qué rápidamente me castigas, como si te lo hubieras propuesto con empecinamiento. Difícilmente puedes culparme de todo lo que sucedió anoche, Sha

me regañas por mirarte. Mujer veleidosa -bromeó Ruark-, me provocas y me rechazas como a todos esos hombres a los que has atrapado con tus lazos de seda.

– ¡Oh! ¡Ooohhhh! -exclamó Sha

– ¿De veras lo crees? -Ruark la tomó en brazos, la besó en el cabello, en la mejilla y en la boca. La llevó nuevamente a la cama y su boca descendió donde la blusa dejaba desnudas las curvas superiores del

pecho y después más abajo, aventurándose en los pezones. Sha

¿Qué locura era ésta?

– Tu corazón late demasiado de prisa para que puedas decir que no tienes interés en mí, amor mío.

A Sha