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– ¿Halagarla demasiado, señora? En mi vida he hablado más en serio -declaró el hombre con vehemencia. Tomó una copa de champaña de la bandeja que le ofrecía un criado y la ofreció a Sha

Sha

Cuando volvieron al salón Sha

¡Señor! Sha

Fue como si se viera a sí misma desde lejos. La hermosa mujer, pálida pero serena, pasó entre la multitud respondiendo saludos y de alguna forma logró llegar a un rincón solitario de la veranda.

– Maldito bastando -murmuró entre dientes. Apretó fuertemente los puños, se apoyó en la barandilla y aspiró profundamente-. Viene a mí desde mil direcciones a la vez. ¡ Yo lo aplasto aquí y aparece triplicado allá! ¡ Sólo es un hombre! ¡Un hombre! ¡ Un hombre! -repitió, golpeando la barandilla con el puño.

Tratando de recobrar su serenidad, Sha

– ¡El estaba allí! Apoyado tranquilamente. en una columna, y sonriéndole. Todo. el coraje que ella había logrado reunir se desmoronó en un instante.

– ¡Aléjate de mí! -sollozó Sha

Se llevó la mano a los labios y huyó. Pasó raudamente junto a Jasón y subió la escalera sin detenerse hasta que estuvo segura en su habitación.

Su dormitorio estaba caliente. Se quitó el vestido y se puso una ligera camisa. Enjugó la transpiración de su labio superior y se sentó en el borde de la cama, tratando de aquietar el temblor que le sacudía todo el cuerpo. Pero había algo de lo que no podía librarse: ella sabía lo que quería y sentía en su vientre la palpitación de ese deseo.

La noche quedó extrañamente silenciosa. Los sonidos de la reunión fueron disminuyendo hasta que se retiró el último de los invitados. El dormitorio de Sha

Sha

¡Attila! ¡Cabalgar sobre su lomo! ¡Correr veloz como el viento! ¡Attila! ¡Un silbido agudo y penetrante! ¡Ruark! Furiosa, Sha

¡El mar! ¡Flotar sobre las olas! ¡Zambullirse para observar a los peces! ¡Caminar por la playa! Arena tibia y suave bajo sus pies. ¡Una silueta sobre el acantilado! ¡Ruark!

¡Un paseo en el carruaje de su padre! ¡Ruark!

Sha

Pero no aquí. Ahora estaba a salvo. Sha

a la terraza. El viento estaba más fresco y densas nubes pasaban delante de la cara de la luna. Un ancho halo brillaba alrededor del disco de plata, seguro indicio de lluvia inminente. Sha

¡Súbitamente; Sha

Entró nuevamente y se arrojó sobre la cama. Se cubrió la frente con un brazo y cerró fuertemente los ojos, decidida a dormirse. Pero ya había saboreado el más dulce de los néctares; ahora ya conocía la larga y esbelta dureza de los muslos de él, el relieve de los músculos de su espalda, el vientre plano y firme, la fuerza con que se apretaba contra ella. Abrió los ojos y se encontró tendida, muy tensa, a través de la cama.

Lanzó., un gemido, se levantó y se vistió con una falda larga y una blusa suelta, indumentaria habitual de las mujeres de la isla. Se cubrió la cabeza con un pañuelo floreado. Su dormitorio había dejado de ser un paraíso y Sha

Un gran cansancio se abatió sobre Ruark en la quietud de la cabaña. La batalla por conseguir la atención de Sha

Los ojos lo tenían hipnotizado. Los labios formaban palabras sin voz que le llegaban al alma.

"Tiende la mano. Tómame. Córtame. Toma el capullo. Soy tuya".

Cuando estiró la mano, una espina larga, de punta negra, se clavó en su carne y él se retiró presa. de un dolor quemante. La cara rió y agitó brillantes rizos que flotaron a su alrededor en un salvaje desorden de miel silvestre veteada de oro.

La rosa se alejó hasta quedar flotando en medio de una jungla sin hojas y llena de espinas. El canto de sirena aumentó y se volvió intenso, cegándole la voluntad para todo lo que no fuera esa beldad que lo llamaba, que clamaba por que la tocara. El se adelantó descuidadamente. Sus dedos parecieron casi rozar los pétalos de color rojo sangre antes que las zarzas lo atraparan, lo envolvieran y, con perversa malignidad, las espinas se clavaran en sus miembros y su cuerpo hasta que él sollozó de dolor y la quemante blancura del dolor arrasó su visión. El trato de. alejarse, pero cada movimiento renovaba la extasiante tortura. Entonces empezó a caer, a hundirse a través de una selva verde, llena de flores…

Ruark abrió los ojos y quedó mirando la oscuridad hasta que despertó completamente. Maldijo a la rosa, encendió una vela y se puso sus calzones cortos. Se pondría a trabajar para dar paz a su mente y que lo condenaran si volvía a permitir que Sha