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Sha
Durante un tiempo durmieron y fue para ambos un sueño natural, sin perturbaciones. Sha
Mucho más tarde, Sha
– El pacto ha sido cumplido. -Su voz fue tan baja que Ruark apenas pudo oírla.
Sha
– Sí Sha
Sha
En la actividad del día, Ruark desapareció de su mente. Sentíase alegre, dichosa y eficiente. Por la tarde, su padre hizo de juez para algunas de las querellas que surgían entre su gente. Sha
Sha
El quinto día amaneció como los otros pero pronto empezó a nublarse y a soplar brisas caprichosas. Sha
Un extraño sonido temblaba en el aire mientras se acercaban al lugar un golpe sordo, pesado, se producía con intervalos de un minuto y cuando dieron vuelta en un recodo del camino vieron el origen del ruido. Troncos alisados de árboles estaban siendo clavados en el suelo por una gran roca que era elevada por poleas tiradas por varias mulas y a la que después se dejaba caer sobre los troncos.
El carruaje se detuvo y Trahern observó, sorprendido. El mecanismo era bastante sencillo. Sólo había sido necesaria una inteligencia despierta para hacerlo funcionar. Sha
– El único problema es que el herrero tiene bastante trabajo para hacer las partes de hierro cómo le ha indicado el señor Ruark, señor Trahern -dijo el capataz, señalando con su sombrero hacia donde se desarrollaba el trabajo-. Si el hombre termina a tiempo, tendremos todo listo para cuando llegue la siguiente partida..
Trahern estaba escuchando las explicaciones del capataz cuando Sha
Momentos más tarde reanudaron el paseo hacia la aldea y después hacia la casa. El incidente quedó olvidado y ella se sentía nuevamente libre de toda preocupación a la hora en que sirvieron la cena. Pitney se les unió y después él y el hacendado iniciaron una partida de ajedrez.
Sha
Su confusión le venía de la intensa sensación de deseo que ahora le recorría el cuerpo. ¿Qué hechizo le había hecho Ruark que ella deseaba unirse nuevamente con él? Estaba sola en su cuarto pero tuvo la seguridad de que si él hubiera estado allí ella se le habría entregado, le habría exigido que le diera 1o que tanto ansiaba. Nunca se había sentido tan mujer como cuando jugó a ser su esposa. Aun ahora, mientras yacía en su cama en la habitación a oscuras, se sorprendía de que ningún sentimiento de culpa por esa noche, o por los deseos que ahora experimentaba, la atormentara. El recuerdo de aquella noche de amor, dejado añejarse y fermentar en su cuerpo de mujer, ahora resultaba más embriagador. No podía resistirse a las excitantes evocaciones y el recuerdo de los momentos que había compartido le causaba vértigos.
– Es nada más que un hombre -susurró en la oscuridad-. No tiene nada especial que no tengan otros. Encontraré un marido y con él compartiré las mismas sensaciones.
Cantidades de pretendientes sin rostro que Sha
– ¿Por qué tiene que ser ese colonial el único capaz de excitarme? -siseó en medio de las sombras. Estaba furiosa consigo misma por haber permitido que él entrara nuevamente en sus pensamientos-. ¡No, 1º rechazaré! ¡El pacto está cumplido! ¡Nada más habrá entre nosotros dos!
Por más que se esforzó para poner toda su determinación en esta promesa, la misma le sonó hueca y cuando volvió a dormirse no tuvo el sueño tranquilo que había disfrutado antes.
A la mañana siguiente Sha
– Hoy no es necesario que vengas conmigo, Sha
Sha
– El señor Ruark estuvo nuevamente aquí -dijo ella bruscamente, segura del hecho.
– Ajá -respondió su padre-. Pero no tienes que preocuparte, hija. Se ha marchado. En realidad -Orlan se limpió los labios con una gran servilleta, se levantó y tomó su bastón y su sombrero que le ofrecía Milán acabo de aumentarle nuevamente la paga, y como estimo que necesito tenerlo más cerca, le he dicho que escogiera una de las cabañas.
– Trahern soltó una risita-. El escogió la mejor, la que está más lejos, bajo los árboles. Trahern la miró un momento y su voz fue apenas un poco más firme cuando agregó: -Como señora – de mi casa, por supuesto, tú te ocuparás de que la cabaña esté presentable.