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Sha
– Enviare a los sirvientes allí.
Su padre se puso el sombrero con algo de irritación.
– Espero que no hagas más desprecios a ese hombre. Tu disgusto hacia él es evidente, pero él me es extremadamente valioso y espero persuadirlo a que se quede con nosotros después de que haya pagado su deuda. Esta noche vendré a comer temprano.
Trahern se detuvo en el vano de la puerta y miró a su hija con una sonrisa, como si quisiera suavizar sus últimas palabras.
– Buenos días, hija -dijo.
Sha
"¡El estará aquí, en el lecho que compartimos! ¡Nuevamente usará el baño! “Una multitud de visiones le llenaron la mente, con una más brillante que las demás: la del alto dosel de la cama sobre ellos, mientras en su interior estallaba el intenso placer.
Si Milán hubiera regresado en ese momento la habría visto con el rostro encendido y los ojos distantes y soñadores.
La cabaña fue alistada y Ruark trasladó sus espartanas pertenencias a su nueva morada esa misma noche. Hizo uso de la tina de bronce y disfrutó de un baño caliente, mientras se entretenía con visiones de Sha
Ruark se puso después sus cortos calzones y recorrió las habitaciones, abrió armarios y arcones vacíos, hojeó libros, siempre tratando de encontrar algo para distraer su mente. No lo logró porque nada podía hacerle olvidar a Sha
El día amaneció claro y radiante. Sha
Empezó a bajar lentamente la escalera y había llegado a la mitad cuando oyó voces masculinas en el hall de entrada y reconoció la risa grave, profunda de Ruark en respuesta al jovial saludo del criado. Sha
– El señor bajará en seguida, señor Ruark. ¿Quiere tomar asiento en el comedor y descansar mientras lo espera?
– Gracias, Jasón, pero aguardaré aquí en el hall. De todos modos, he llegado temprano.
– El señor Trahern querrá verlo cómodo, señor Ruark. Bajará de un momento a otro. Nadie se levanta más temprano que él. El señor Trahern ha trabajado duramente toda su vida y no parece dispuesto a cambiar. Yo estaré en la cocina, señor Ruark. Llámeme si me necesita.
Sha
Sha
– Buenos días -murmuró él y su voz fue como una suave caricia.
– Buenos días, señor. -El tono de ella fue animoso y jovial, casi jocoso-. ¿Se quedará usted a desayunar?
– ¿Tú bajarás? -dijo él con expresión de interrogación, pero más pareció un ruego que una pregunta.
Sha
– Cámbiate de ropa, entonces -dijo Ruark-. Pero baja. ¿Vendrás?
Sha
– Pese a la opinión de tu padre, Sha
Abruptamente, sin dejarle tiempo para replicar, él se volvió y regresó donde había estado antes. Un momento más tarde la voz de Trahern llegó desde parte de la mansión -y Sha
De regreso en su dormitorio, Sha
Sha
– Tengo que hablar de negocios, hija. No vengas a darte aires y siéntate.
Ruark se apresuró a apartar una silla para ella. Sha
– Señor, si ella no fuera su propia hija, no dudo que también usted perdería la cabeza..
Sha
– ¡Ja! -ladró Trahern-. Si yo añadiera leña a ese fuego, ardería toda la isla. Ahora, con tu permiso, hija mía, ¿podemos hablar de nuestros asuntos?
– Pero por supuesto, papá. -Sha
– ¡Maldición, si eso es precisamente lo que acabas de hacer! Ruark sonrió detrás de su taza de té y después de un momento logró ponerse serio.
– ¿Me repite su pregunta, señor? Temo que he perdido el hilo de nuestra conversación.
– ¡Hum! – Trahern se volvió hacia su invitado-. La repetiré una vez más. Acerca del trapiche. ¿Será 1o bastante grande para recibir la producción de todas las otras islas de los alrededores?
Ruark asintió y la conversación derivó hacia detalles del mismo tema. Sha
Esa tarde, en el salón, Trahern expresó sus esperanzas acerca del hombre, John Ruark.
– Como en mi vida he sido más un comerciante que un plantador, Sha
Sha
– Pareces disgustada por mi sugerencia, hija. ¿Por qué te desagrada tanto el hombre?
– Papá -Sha
Trahern abrió la boca para imponer su voluntad, pero ella se inclinó y le puso gentilmente un dedo sobre los labios. Le sonrió con los ojos y bajo esa mirada el viejo Trahern se ablandó. Sha