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que uno mamaba perezosamente de su pecho.

– Según la ley de su padre, un siervo es libre de casarse con cualquier esposa que esté dispuesta a entregársele -afirmo Milly, aunque en un tono bastante suave. Los Camellos pertenecía a los Trahern. Irritar a uno de ellos podía ser tentar al destino-. Vaya, el señor Ruark hasta podría escogerme a mí. No hay muchas otras en esta isla.

La sorpresa de Sha

– ¿Sí? -Arqueó las cejas Y miró interrogativamente a Ruark -. ¿El ya te lo ha pedido?

Ruark ni asintió ni hizo un gesto de negación, sino que sonrió perezosamente bajo la mirada de Sha

– Vaya, él no ha tenido mucho tiempo con todo el trabajo que hace..

– Para eso mi padre lo compró -dijo Sha

Antes que Sha

– Ajá, el ron es bueno llévalo abajo por mí, ¿quieres, muchacho?

Se detuvo abruptamente al ver a Milly.

– Oh, no sabía que había un cliente. Sha

Sha

– ¿Hay alguna mercadería que desees, Milly?

– Ajá. -La muchacha podría jactarse más tarde ante sus amigas de que por lo menos por un momento la altanera Sha

Como Milly evidentemente no traía bolso ni monedas, no fue difícil adivinar el pretexto. Pero Sha

y su cuerpo relucían con una película de sudor, como si los hubieran untado con fino aceite. Milly ahogó una exclamación y el deseo brilló en sus ojos oscuros mientras ella murmuraba una observación:

– ¡Vaya! ¡Igual que una estatua griega, eso es él!

Una línea de piel blanca, no tocada por el sol, se veía sobre el borde superior de los calzones cortos de él y el vientre duro y plano exhibía una fina línea de vello oscuro que descendía desde el pecho velludo. La mirada de Milly estaba tan atrapada por esa exhibición de desnudez que Sha

Sha

– Allí se añejará mientras se usan los otros.

Ruark regresó para levantar el otro barril y Sha

– Milly es una muchacha simple y muy excitable -dijo ella-. Si tú le muestras un poco más, ella podría ser incapaz de controlarse y tú te encontrarías en la posición del violado.

– Pondré cuidado, Sha

Meses de agravios y tensiones se habían venido acumulando debajo del exterior supuestamente sereno de Sha

– He llegado al final de mi resistencia -dijo ella-. Me insultas cada vez que nos encontramos y dices que soy menos que una mujer. Me echas en cara mi falta de honor, pese a que yo me he negado a tus groseras propuestas.

– Tú accediste -replicó él-. Tú diste tu palabra y yo exijo que la cumplas.

– El pacto ya no existe -siseó ella llena de ira-. Tú ibas a morir y yo no me siento obligada por el hecho de que no hayas muerto..

– ¿Qué artimañas de mujer te servirán, Sha

Sha

– ¡Vete! -sollozó- ¡Déjame en paz! ¿Qué puedo decir para convencerte de que no quiero saber nada contigo? ¡Te odio! ¡Te desprecio! ¡No puedo tolerar tu presencia!

Sha

– ¿Y yo qué soy? ¿Menos que humano? ¿Inferior a cualquiera porque me encontraste en una mazmorra Y yo elegí pagar a tu padre una deuda que no contraje? Pero te digo esto… -Bajó su cara hasta muy cerca de la de ella y la miró fijamente a los ojos-. Tú eres mi esposa.

Sha

– No -dijo en un susurro.

– ¡Eres mi esposa! -repitió él lentamente y la tomó de los hombros para impedir que ella se volviera.

– ¡No! ¡Jamás! -exclamó Sha

– ¡Eres mi esposa!

Sha

Se separaron jadeantes, ambos atónitos por el fuerte golpe de su ardor. Trémula, Sha

Cerró los ojos. Su pecho subía y bajaba agitadamente.

Ruark, controlándose apenas, la tomó nuevamente en brazos pero un pensamiento se le impuso. ¡No en una sucia bodega! Ella era digna de mucho más que eso para él. y si llegaba a venir alguien, él sería encerrado nuevamente. ¡Paciencia, hombre, paciencia!

Ruark reprimió su sensualidad con una voluntad de hierro. Lentamente se volvió y empezó a subir la escalera, con la esperanza de que se enfriaran su sangre Y su mente. Cuando abrió la puerta se encontró con la mirada del señor MacLaird, se alzó de hombros Y se adelantó a su pregunta.

– Ella está contando los barriles -dijo.

Cuando Ruark entró nuevamente en la bodega, Sha

– Gracias.

– No me agradezcas todavía -murmuró él y le limpió gentilmente una marca de polvo del brazo-. Habrá una ocasión mejor y un lugar mejor que éste.

Ruark fue por más barriles y cuando traía los últimos a la tienda Sha

Milly todavía estaba allí curioseando y con los ojos llenos de hambre. Para no enfrentarse con su provocativa atención, Ruark cerró violentamente la puerta de la bodega, tomó su camisa y sombrero y se marchó con lo que hubiera podido describirse como una prisa indebida.