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Súbitamente Ruark estalló en carcajadas y Sha

Sha

– Yeso significa que una doncella soltera está disponible.

Sha

– Mi lady Sha

– ¿Por qué me cortejas, Ruark? -preguntó Sha

– Me parece que estás tentándome, mi hermosa Sha

Chispas de ira brillaron en los ojos azul verdosos. Sha

– Eres muy arrogante -dijo.

Con lo que quiso ser una demostración de desdén, los ojos de ella recorrieron el cuerpo esbelto de él, apenas cubierto por los cortos pantalones, pero su mirada vaciló cuando ella comprendió que en toda esa desnudez nada había de lo que pudiera burlarse. ¡Nada! El era musculoso y esbelto, no flaco, pero con músculos largos y firmes debajo de la piel tostada por el sol. Súbitamente ella se preguntó cómo sería yacer contra ese cuerpo fuerte durante una larga noche.

– Me marcho -anunció Sha

Le dirigió una sonrisa radiante y Sha

Sha

– Tranquilo, tranquilo -dijo Ruark para calmado y le acarició la nariz aterciopelada, y miró a Sha

– Necesitaremos tus habilidades en los cultivos por la mañana -dijo ella a manera de excusa-. Si caminas casi toda la noche para regresar a la aldea nos serás de poca utilidad.

– Acepta mi eterna gratitud, Sha

– Bribón. -Sonrió de mala gana-. Yo estaba segura de que el señor Hicks te colgaría. Parecía bastante ansioso de hacerlo.

– No tan ansioso de eso como de dinero, Sha

Sus brazos vigorosos la rodearon otra vez. Ruark golpeó ligeramente los flancos de Attila con los talones Y el animal partió al trote.

Ruark conducía como un jinete consumado y Sha

calor que se difundía por todo su cuerpo..

Cuando casi llegaron al lugar de donde él había silbado, él preguntó:

– ¿Volveremos a encontrarnos aquí?

– ¡Claro que no! -Nuevamente era la orgullosa Sha

me crees capaz de ir, a espaldas de mi padre, a encontrarme con uno de sus siervos para retozar en el bosque? Eres odioso al hacer esa sugerencia.

– Ajá, te ocultarás a la sombra de tu padre -replicó Ruark secamente-. Como una criatura, temerosa de ser una mujer.

Sha

– ¡Baja, descarado! -exigió-. ¡Apéate Y déjame en paz! No sé por qué accedí a cabalgar contigo. ¡Tú… asesino despiadado de una criada fregona!

La risa baja de él la irritó más pero Ruark detuvo a Attila; se apeó y miró a Sha

Habiendo fallado su falsa solicitud, Sha

Era evidente que dondequiera que se presentaran dificultades ella vería a una mula con su jinete con pantalones cortos en el lomo, observando el trabajo de los hombres, explicando alguna i

Sha

Aunque Sha

Sumergida en esta actividad una tarde del viernes estaba en la tienda de la aldea revisando las cuentas de los siervos. Cuando pasaba la hoja del libro de contabilidad sus ojos cayeron sobre el nombre de John Ruark y la curiosidad impulso a mirar las columnas de su cuenta. Las cifras la sorprendieron

La columna de compras era muy breve. Aparte de útiles de escritura, una pipa y un jabón, había solamente una rara botella de vino y un ocasional paquete de tabaco. La columna más larga era la que contenía los cambios en su paga y aquí -la siguió hacia abajo con la punta del dedo- vaya, la misma había sido incrementada una y otra vez, triplicada, no, más de diez veces los seis peniques de un siervo nuevo. Continuó con la cuenta de créditos y con un rápido cálculo mental comprobó que para fines de mes él habría casi llegado a las cien libras de crédito. Entonces otro detalle llamó la atención de Sha

La puerta trasera, por donde el tendero, señor MacLaird, saliera momentos antes, cerróse con fuerza y Sha

– Señor MacLaird -dijo ella por encima del hombro- aquí hay una cuenta que quisiera discutir con usted. ¿Quiere venir…?,

– El señor MacLaird está ocupado afuera, Sha

Sha

– ¿Estás fastidiada, amor mío? -dijo él-. ¿Tanto tiempo he estado lejos que ya no me reconoces? Tal vez pueda brindarte algún servicio, o quizá -levantó una sarta de conchas- ¿una chulería para mi dama?

Bajó las cuentas y Sonrió tristemente. -Perdóname, Sha

Tienda. Una lástima… Y otro de mis talentos desperdiciados.

Sha

– De eso estoy segura que tienes muchos; Ruark. Mi padre me dice que has empezado a construir un nuevo trapiche. Parece que lo has convencido de que es necesario y de que será más eficiente del que ya tenemos.

Ruark asintió.

– Ajá, Sha

– ¿Entonces por qué estás aquí? Yo creía que estarías muy ocupado para andar de un lado a otro. ¿Acaso últimamente eres tu propio capataz y vigilas tus propios horarios de trabajo?

Ruark enarcó las cejas y la miró.

– Yo no estoy estafando a tu padre, Sha