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Súbitamente, un silbido atravesó el aire y el caballo redujo el paso. El agudo llamado llegó otra vez, y pese a sus esfuerzos por controlar a. Attila, Sha
Ruark salió a la luz del sol y silbó otra vez, ahora suavemente, y tendió una mano al caballo. Attila resopló y se acercó para tomar el azúcar que le ofrecían.
Sha
¡Has arruinado a un buen semental! -gritó Sha
Ruark sonrió lentamente. -Es un caballo hermoso y listo. Con otro me hubiera llevado muchos meses. Yo solo le enseñé a venir cuando le silbo. Es más de lo que harías tú.
Sha
– ¡Si crees que yo alguna vez acudiré a tu llamado, entonces eres un estúpido!
Fue como si él no hubiera oído esas palabras. Su lenta mirada se movía acariciadora sobre el cuerpo escasamente vestido de ella. Ruark sentía que su deseo se aceleraba. Recordaba muy bien la morbidez de la piel desnuda de ella.
– ¿Quieres dejar de mirarme así? -gritó Sha
Sin decir palabra, Ruark dio un salto y montó, sentándose detrás de ella. Sha
– ¡Baja! ¿Estás loco? -protestó ella, pero su mente se sintió invadida por la presión del pecho duro y desnudo de él contra su espalda y los muslos largos y atezados contra los suaves y blancos de ella La entrepierna de él presionaba íntimamente las nalgas de ella y Sha
– ¿Qué te propones? -Sha
El le habló roncamente al oído.
– Quédate quieta, Sha
Sha
– ¿Y si nos ven, Ruark?
– ¿Con la marisma de un lado Y el arrecife de coral del otro?
– Rió por 1o bajo-. Yo 1o dudo, Y tú también. Ahora tranquilízate, Sha
Su risa baja tenía un tono agudo, cortante.
– ¡A salvo! -dijo ella en tono despectivo- Cuando tú estás cerca de mí, constantemente me siento amenazada y me parece que en tu mente hay un solo pensamiento.
– Porque hay un solo pensamiento en la tuya, mi amor. -El susurro le acarició el oído y ella se alisó el cabello para tratar de aflojar la tensión – y tú- sabes cuál será el resultado. Lograré mi parte del pacto a su debido tiempo, a mi modo y completamente.
– ¡Eres un bribón para obligar así a una dama!
– ¿Bribón? ¡No! -Ruark se alzó de hombros-. Sólo deseo que me paguen lo prometido por un servicio prestado. En cuanto a obligarte… ¡jamás! No deseo lastimarte, Sha
Sha
– ¡Basta! -Ruark la rodeó con sus brazos Y aferró con fuerza las crines-. Hoy estás a salvo. Esto es nada más que una lección de equitación que quiero enseñarte. Observa. Sube un poco tus rodillas Y deja que el caballo sienta tus talones contra sus flancos. Entonces…
Golpeó los flancos de Attila con sus talones Y el caballo se movió lentamente, al trote. Ruark se inclinó hacia adelante y el animal aceleró el paso. Ruark le hizo hacer una serie de maniobras y Sha
Ruark le susurró algo al oído y Sha
– Pregunté si tu padre te espera pronto.
Sha
– Bien -dijo-. Te llevaré por un sendero que he descubierto en el pantano. No estás asustada ¿verdad?
Sha
– Estoy a tu merced. -Se resignó quizá un poco más alegremente de 1o que había querido-. Sólo espero que seas leal a tu palabra.
– No hay razón para traicionarte, Sha
Ruark se inclinó levemente hacia atrás y dejó que su cuerpo se moviera fácilmente con el ritmo de la poderosa bestia que tenían debajo. Attila corrió más velozmente y sus cascos levantaron pequeños géiser de arena húmeda y agua.
Sha
Con un chasquido de la lengua y una presión de las rodillas, Ruark hizo que el caballo redujera la velocidad y entrara en un estrecho sendero que no parecía llevar a parte alguna sino solamente internarse más profundamente en el pantano. Pero pronto salieron a un claro soleado donde una alfombra de suave hierba de color esmeralda estaba rodeada de fragantes capullos de fucsia, y altos árboles doblaban humildemente sus ramas ante la belleza del lugar.
Ruark se apeó y ayudó a Sha
– Tenías razón -murmuró ella-. Sabes manejar a los caballos. Ruark frotó afectuosamente el cuello de Attila.
– Me gusta trabajar con ellos. Un buen semental siempre reconoce a su amo una vez que el hecho ha quedado bien establecido.
Sha
– ¿Tú conoces a tu amo? -preguntó ella bruscamente-. En realidad, ¿reconoces a algún hombre como?
– ¿Y qué hombre, amor mío, podría ser mi amo? -Se puso junto a ella y le sostuvo los ojos con una decidida mirada ambarina. Cuando continuó su voz sonó suavemente, pero con una nota de determinación que la asustó y la irritó al mismo tiempo-. Te digo, Sha
– Tampoco ninguna mujer -replicó Sha
– Ah, amor mío, eso nunca -sonrió Ruark-. Sólo soy tu humilde servidor como tú eres mi bellísima esposa.
Yo siempre trato de servirte y de obtener el favor de tus ojos.
Incapaz de soportar el peso de la ardiente mirada de él, Sha
Ruark completamente fascinado, se apoyó en un grueso tronco y cruzó los brazos para entregarse en lo que últimamente se había convertido en su pasatiempo favorito: contemplar a Sha
Imaginar la intensidad de la tortura que le causaba, porque debajo de ese exterior a veces burlón, a veces gentil, él se consumía de deseo. De noche se revolcaba, insomne, en su estrecha cama mientras visiones de ella flotaban a su alrededor: Sha
Quedaba en su mente el aroma de ella, la fragancia de flores exóticas aplastadas contra una piel satinada, y debajo el dulce olor a mujer mezclado con un leve dejo de jabón que era un fuego que ardía en su sangre y él no encontraba forma de apagarlo porque el pensar en otras mujeres le amargaba la mente cuando las comparaba con Sha