Страница 128 из 144
– Sha
– Oh, uno o dos. -Sus caricias se hicieron más atrevidas-. Lo que soporte el mercado.
– Pero de este… ¿te disgustaría que fuera una niña?
Ruark se detuvo y el silencio pareció crecer… y crecer. Muy gentilmente apartó las pieles, expuso el cuerpo de ella a la tibia luz del fuego, tocó suavemente los pechos erguidos y el vientre suave.
– Eso es diferente -sonrió él.
– ¿Lo sientes? -preguntó ella, mirándolo a la cara.
– ¡No! -Ruark sonrió ampliamente y la cubrió con las pieles. – ¿Cuanto tiempo?
– Si tuviera que adivinar -dijo Sha
Ruark rió por lo bajo. -Cada día que pasa vienen más cosas buenas de aquello. -Se inclinó y dijo, seriamente-: Te necesito, Sha
Todavía estaba oscuro cuando Ruark la acompañó hasta la posada, pero los primeros rayos del sol asomaban en el horizonte. Todo estaba silencioso en el salón común. Un perro se levantó perezosamente del hogar apagado y buscó un lugar más cómodo sobre una alfombra de retazos.
Subieron la escalera y se despidieron en la puerta de la habitación con un último beso apasionado que tendría que bastarles para todo el día.
Pasó un momento. La puerta del extremo del pasillo se abrió completamente y Ralston salió de la habitación que compartía con Gaylord cubierto con una larga bata. Se detuvo frente a la puerta de Sha
– Mi lady puede ser la esposa de John Ruark -murmuró despectivamente-. Pero pronto sentirá nuevamente el dolor de ser viuda. Lo prometo.
La lluvia había cesado y el sol hizo su aparición con una escarcha que mordía las mejillas y narices. Sha
Ralston pasó junto a ellos y al hacerla preguntó:
– ¿Ha dormido bien, señora?
Sha
– Ciertamente, señor. ¿Y usted.
Ralston se golpeó la bota con la fusta.
– Estuve despierto casi toda la noche.
Sin más comentarios, el hombre se alejó hacia donde Gaylord se inquietaba y gruñía.
– ¿Qué crees que quiso decir? -preguntó Sha
– Eso, amor mío, sólo lo sabe él -repuso Ruark, mirando al hombre con expresión de desconfianza.
Después que Trahern se sentó en el coche, Pitney subió y se ubicó al lado del corpulento hacendado. A continuación subió Sha
Gaylord, al ver que la joven estaba sola en el asiento, se adelantó, hizo al siervo a un lado y puso un pie en el estribo para subir. Pero súbitamente, el bastón de Trahern le cerró el paso.
– ¿Le importaría viajar en el otro coche? -preguntó el hacendado-. Querría hablar unas palabras con mi siervo.
El caballero se irguió arrogante. -Si usted insiste, señor.
Trahern asintió con la cabeza y sonrió levemente.
– Insisto.
Una vez en camino, la conversación giró alrededor de las tierras por las que pasaban y de la riqueza de la campiña. Los movimientos del carruaje, combinados con la brevedad del sueño de la noche, hicieron adormilar a Sha
– ¿Dijo usted que tenía algo que discutir conmigo, señor. -preguntó, aclarándose la garganta.
Trahern miró pensativo la cara de su hija dormida.
– En realidad, muy poco -dijo- pero son muchas las cosas que no quiero discutir con Gaylord. -Hizo una pausa, Ruark asintió con la cabeza, y continuó-: Usted parece sentirse incómodo, señor Ruark. ¿Ella es muy pesada?
– No, señor -respondió lentamente Ruark y sonrió-. Es que nunca sostuve así a una mujer delante de su padre.
– Tranquilícese, señor Ruark -dijo Trahern y rió por lo bajo-.Mientras no pase de esto, consideraré una amabilidad de su parte que sirva de almohada a mi hija.
Pitney se bajó el tricornio sobre los ojos y miró fijamente al joven.
Ruark empezó a sentir que el enorme individuo sabía acerca de el y de Sha
A mediodía se detuvieron y comieron el almuerzo que les habían preparado en la posada. Poco después reanudaron el viaje.
Finalmente todos los carruajes se detuvieron en Rockfish Gap. Un panorama magnífico se extendía ante los viajeros en todas direcciones. Sha
– Las lluvias pueden haber ablandado parte de los caminos -explicó Ruark cuando Trahern volvía a subir al coche-. Yo iré a caballo adelante para dar las indicaciones a los cocheros. Desde aquí la mayor parte del camino es cuesta abajo.
Se llevó una mano al sombrero y se alejó.
A la izquierda empezaron a aparecer extensos campos. Súbitamente un caballo se acercó al coche y Sha
– Casi hemos llegado a la propiedad de los Beauchamps, señor. Estaba preguntándome si a la señora Beauchamp le gustaría hacer el resto del camino a caballo.
Trahern se volvió para interrogar a su hija pero Sha
– El vigor de la juventud -suspiró Trahern, y apoyó los pies en el asiento del frente.
Pitney levantó su jarro de ale en silencioso saludo.
– Será mejor que lleguemos pronto -dijo-, sólo queda una gota de ale.
La mansión de ladrillos rojos de los Beauchamps se levantaba, alta e inmensa, entre robles cuyos troncos apenas hubieran podido ser abarcados por los brazos de tres hombres. Sha
– ¡Mamá! ¡Ahí vienen!
Varias personas acudieron al llamado, y cuando Ruark ayudaba a Sha
También había una pareja mayor, una mujer alta de cabellos oscuros y un muchacho joven que sonreía ampliamente.
– Mi padre y mi madre -anunció Nathanial cuando llevó a Sha
Sha
– De modo que esta es Sha
La mujer, con ojos castaños y cabello rojizo con hebras grises, se mostró más reservada y observó a Sha
– Sha
Sha
– Mi esposa Charlotte -dijo-. Más tarde conocerá a nuestros hijos.
Charlotte tendió sus manos a Sha
– Por supuesto. -Sha
– Jeremiah Beauchamp -dijo Nathanial, señalando al muchacho joven-. Mi hermano menor. A los diecisiete años, apenas está empezando a apreciar el bello sexo, de modo que no se preocupe si él la mira con la boca abierta. Usted es la cosa más bella que él ha visto en mucho tiempo.