Добавить в цитаты Настройки чтения

Страница 127 из 144

CAPITULO VENTICINCO

Irritada, junto a Hergus que roncaba, Sha

– Hergus -susurró, y para su satisfacción no recibió respuesta.

No podía emplear la misma maniobra con su padre o con Pitney. Pero calculó que en media hora más todos estarían dormidos.

Se levantó cautelosamente de la cama y fue hasta la silla donde Hergus había dejado la maleta. Sacó una capa de lana, se envolvió en ella y metió los pies en un par de pantuflas. La lluvia aún golpeaba contra los cristales de la ventana y el viento aullaba lúgubremente en los aleros. Una noche fría, húmeda, pero que vendría de maravillas para sus propósitos.

Sha

La cabaña era una silueta oscura debajo de árboles enormes, a cierta distancia de la posada. Tímidamente, Sha

– Esperaba que vinieras -dijo Ruark roncamente. Cerró la puerta con el pie, puso en el fuego un haz de leña que traía, apoyó su rifle junto a la puerta y arrojó su sombrero sobre la mesa.

– Dios mío, te eché mucho de menos -dijo él y la abrazó, sin pensar en sus ropas mojadas. Su boca cayó sobre la de ella como un ave de presa y la besó con voracidad. Sha

– Te amo -susurró ella, y lágrimas de alegría pusieron chispas en sus ojos cuando levantó la vista para mirarlo. El le tomó la cara entre las manos y la miró a los ojos, como para buscar la verdad en sus profundidades. -Oh, Ruark, te amo.

Riendo de felicidad, él la levantó casi hasta sus hombros y la hizo girar hasta que el ruido de sus risas se mezcló en un torbellino vertiginoso. Ruark la llevó más cerca del fuego y la dejó allí, sonriendo. Muy gentilmente, le acarició una mejilla. Sha

– caliéntate aquí. Aguarda un momento.

Ruark se apartó un poco y ella lo siguió con la mirada, como si estuviera hambrienta de verlo. El llevaba unas ropas extrañas: calzones de piel de ciervo que ceñían apretadamente los muslos esbeltos y musculosos y una chaqueta de piel de castor donde brillaban gotas de lluvia, que con el fuego se convertían en un millar de diminutos rubíes. El parecía un animal salvaje, un felino cazador, y ella sintió al mismo tiempo orgullo y temor. Pensó en la pregunta que se había formulado su padre y supo que si Ruark huía hacia su libertad ella lo seguiría a cualquier parte.

El se quitó su pesada chaqueta y la puso sobre los hombros de ella. Sha

Ruark vio dónde se habían detenido los ojos de ella y -dijo:

– No temas, amor mío… Ya me he ocupado de asegurar tu comodidad.

Sha

– ¡Bestia! Ahora que estoy atrapada en tu guarida, tengo miedo de que me devores.

– ¿Devorarte? -Ruark se quitó su ceñida y oscura camisa de lino y Sha

– No, no te devoraré, amor. -Estiró una mano y acarició un largo rizo que caía sobre el hombro de ella-. Esta es la copa mágica, llena para los amantes en la mesa de los dioses. Cuando más a menudo se la prueba, más rico es el néctar. Reyes poderosos se han vuelto mendigos tratando de alcanzar los límites de este tesoro. Esto es una cosa que debe ser compartida y que jamás puede ser devorada con egoísta voracidad.

Sha

Ruark la besó ligeramente en los labios. -A mí me sucede lo mismo, contigo, Sha

El se agachó y empezó a desatar un envoltorio que estaba en el suelo. Se irguió y lo abrió. El contenido, se extendió como una flor extraña, ultraterrena. Era un montón de ricas, lujosas pieles de profundos rojizos, dorados oscuros, roanos y negros, todo de la mejor calidad.

– ¿Dónde…?

– Esto es mío -:-dijo Ruark respondiendo a Ja pregunta no terminada de ella-. Las traje del carro.

– ¿Pero cómo las conseguiste? ¿Y esas ropas que llevas? Son tuyas ¿verdad? Hechas especialmente para ti.

– Sí -dijo él y sonrió-. Mi familia se enteró de que yo pasaría por aquí y me las envió, eso es todo.

– ¿Tu familia?

– Pronto, amor mío -dijo Ruark- te llevaré con ellos.

Nuevamente se agachó, extendió y alisó las pieles y dejó una a un lado como cobertor. En ese instante Sha

Ruark se puso de pie y se le acercó. El corazón de ella empezó a latir alocadamente.

– Qué hermosa eres -suspiró él después de desnudarla y en tono de reverencia-. No lo hubiera creído, pero te has vuelto todavía más bella. ¿De qué hechicería te has valido?

Sha

– Vaya, esto no es un cualquier potaje -dijo él roncamente y la atrajo hacia la cama de pieles.

Ruark se quitó la ropa. Después la abrazó. Los suaves pechos de ella se apretaron contra él. Se cumplía un sueño, terminaba la larga tortura del viaje por mar. Los muslos sedosos de Sha

La lluvia golpeaba, contra las telas enceradas que cubrían las ventanas y el viento aullaba como un fantasma en la noche, pero después de su propia tormenta, Sha

Los labios de Ruark mordisquearon suavemente la carne del hombro de Sha

– Te construiré una mansión -dijo él.

– Esta cabaña será suficiente… si tú estás conmigo. -Lo miró a los ojos-. Quédate conmigo para siempre. No me dejes nunca.

– No, amor mío. Nunca te dejaré. Te amo.

– y yo a ti.

– Creo que te he amado siempre -confesó Sha

– Tú me elegiste, ¿recuerdas? -sonrió Ruark.

Sha

Ruark se estiró perezosamente y flexionó en el aire un brazo bronceado. -Donde quiera que tú estés.

Sha

– ¿Una cabaña en medio del bosque? -Ruark sonrió y susurró. ¿Meses enteros para los dos solos? ¿No te daría miedo?

Como una niñita ansiosa, Sha

– ¿Dejaría yo mi propio corazón, el aliento mismo de mi vida?

– ¿Y los niños? -susurró ella.

– Tendremos una docena -repuso Ruark.