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– Probablemente perderá la pierna -comentó él, en tono de pesadumbre. El había visto suficiente, y oído muchos relatos sangrientos, de la cirugía de los barberos. Era una vergüenza hacerla practicar en un hombre-. Es una lástima que el señor Ruark no sea un caballo. Podríamos practicar una de sus curas en él. La yegua está curada y casi no le queda cicatriz.
Sha
– Un remedio para caballos -dijo asombrada-. Esa mixtura… ron y hierbas…
Se detuvo abruptamente cuando le vino el recuerdo. Las hojas que Ruark había cortado para curarle el talón le causaron dolor al ser aplicadas en la herida, pero el dolor cedió en seguida y él dijo que eliminaría el veneno. Apretó la mandíbula, con firme determinación, y miró a Pitney.
– Busque a Elot. Envíelo a recoger las hojas con las cuales Ruark preparó la mixtura. Tenemos que añadir fuerte ron negro. -Cuando Pitney se dirigía a toda prisa a la puerta, ella agregó, por encima de su hombro-: y dígale a Hergus que traiga sábanas limpias y agua caliente.
La puerta se cerró y Sha
Después de una espera intolerable, Pitney regresó con el hallazgo de Elot. Añadieron carbón al calentador de cama y Sha
Recitando una silenciosa plegaria, Sha
Varias veces repitieron el proceso y reemplazaron el emplasto cuando se enfriaba. Después de varias horas, Sha
– Tráeme aguja y un hilo fuerte -dijo Sha
Hergus se apresuró a cumplir la orden y regresó poco después. La criada permaneció a los pies de la cama observando cómo Sha
– Apenas le quedará una cicatriz para poder jactarse de sus heridas. Después aplicó más mixtura y cubrió todo con vendas limpias de lino.
– Me quedaré un poco más -suspiró Sha
Hergus sacudió la cabeza, exasperada,
– ¿Ni siquiera puede tomar un baño? Vaya, si es puro piel y huesos con el hambre que le hicieron pasar esos piratas. ¡Y mire su aspecto! Seguramente asustaría a su mamá si ella ahora despertara y la viera.
Sha
– Y su pobre papá allí abajo, inquieto, deseoso de verla pero sin decir nada. Este buen muchacho ahora puede quedarse solo. Ocúpese de usted misma y dígale unas palabras amables a su papá. El casi se murió cuando supo que se la habían llevado esos piratas.
– Es más probable que papá haya asolado la campiña con su furia -dijo Sha
Pitney arrugó la frente y comentó, torvamente:
– Sí, y juró colgar al señor Ruark después que los siervos vinieron con sus cuentos.
– ¿Qué dijeron ellos? -preguntó Sha
– Dijeron que él peleó por usted y la reclamó como suya -se apresuró a responder Hergus-. Hasta dijeron que él mató a un hombre por tenerla a usted.
– ¿Eso fue todo? -preguntó Sha
La criada dirigió una rápida mirada a Pitney y más renuente, replicó:
– No, dijeron más. -Pitney fue más brusco.
– Todos estuvimos presentes cuacado los siervos dijeron que si usted había sido violada, el responsable era el señor Ruark.
Aguardó hasta que sus palabras penetraran y la observó atentamente. Después se alzó de hombros y se acercó a la puerta.
– Pero los siervos -agregó Pitney- admitieron que no había forma de saber con seguridad 1o sucedido, pues él la llevó a usted. escaleras arriba. -Se rascó pensativo su ancha mandíbula y agregó en tono terminante-: ¿Pero si no tenía intención de llevarla con él a la cama, por qué el hombre peleó por usted?
Sha
Las faldas de Hergus se agitaron. en, su prisa por seguir a Pitney que se marchaba. -Le prepararé su baño -dijo la criada.
Después de asegurarse de que Ruark descansaba tranquilo, Sha
– ¡A bañarse! -ordenó la mujer, y la ayudó a meterse en la tina. Después le frotó la espalda y le lavó, secó y peinó el cabello. -Su papá subirá -informó la criada, y entregó a Sha
Sha
– Lo tiene merecido, por haberse rebajado a acostarse con un vulgar siervo, con todos los lores y grandes señores que le han pedido su mano y los colegios a los que la llevaron. Vea, nada tengo contra el señor Ruark. El no pudo evitar que se 1o llevaran con usted. Y es un muchacho apuesto, sin duda. Pero…
Sha
– ¿Qué conseguirá de todo esto, aparte de una barriga hinchada todos los años y ningún buen apellido para dejar a la prole? -Hergus arrugó la nariz-. Parece irlandés, y usted sabe que nada de bueno hay en esa gente, todos son unos pícaros, holgazanes, fanfarrones y mujeriegos.
Si yo fuera usted, buscaría un buen hacendado escocés con un buen apellido que esté a la altura del de su pobre difunto marido.
Exasperada, Sha
– No espero que comprendas 10 que sucede entre el señor Ruark y yo, Hergus, pero estoy hambrienta y prometiste traerme una bandeja. ¿Quieres que me muera de hambre mientras tú me predicas sobre 1o que me conviene?
La criada fue por fin a buscar la bandeja. Sha
Trahern parecía un poco incómodo y después de un seco saludo, empezó a pasearse por la habitación con las manos a la espalda. Emitió algunos gruñidos cuando se detuvo ante un objeto curioso y después se detuvo para hojear un libro de poesías. Con la punta del dedo índice levantó la tapa taraceada de la caja de música que Ruark había dado a Sha
– ¡Hum! ¡Fruslerías!
Sha
– Tienes buen aspecto pese a la ordalía que has soportado, criatura -comentó finalmente él-. En realidad, si fuera posible, estás más hermosa. El sol te ha hecho muy bien.
– Gracias, papá -repuso ella quedamente.
Trahern se acercó al justillo que estaba prolijamente doblado sobre el sofá, con la daga y la pistola encima. Tomó la pistola, miró a Sha
– Cumplió su propósito -dijo ella.
Trahern se detuvo delante de la mesilla. Sha
– ¿Lo pasaste mal? -preguntó él con preocupación.
– Sí, padre -repuso ella, adoptando un estilo más formal, y se preparó interiormente para el interrogatorio.
– ¿Y ninguno de los piratas… te tocó? -preguntó él roncamente.
– No, padre. Tú has sabido que el señor Ruark mató a un hombre por mí. Fueron dos, si quieres llevar cuenta de sus proezas. Sobreviví solamente por la astucia del señor Ruark y por su destreza con las armas. Si él no hubiera estado allí, hoy yo no estaría aquí.
– y este señor Ruark… -él dejó flotando la pregunta mientras buscaba palabras para expresar lo que lo atormentaba.