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Sha

– El señor Ruark es un hombre honorable. No me ha hecho ningún daño y yo no soy diferente de cuando me fui. - Lo miró con una dulce sonrisa en los labios y habló sinceramente, porque nada de lo que había dicho era una mentira-. Mi mayor preocupación en este, momento, papá, es por el bienestar de él y hasta eso parece haber mejorado mucho.

Trahern la miró largamente como si reflexionara en las palabras de ella. De repente asintió con la cabeza, dispuesta a aceptar la historia.

– Entonces, está bien.

Ahora satisfecho, empezó caminar hacia la puerta pero lo detuvo la voz de Sha

– ¿Papá?

Trahern se volvió y la miró con curiosidad.

– Te amo.

El enrojeció, tartamudeó unas buenas noches y miró rápidamente a su alrededor, como si hubiera olvidado algo. Se tocó los costados y gruñó.

– Hum, él tiene el maldito bastón. -En la puerta, se detuvo y dirigió una última mirada a su hija-. Es bueno tenerte en casa, criatura. Es bueno tenerte en casa.

– ¡Sha

Parecía un pedido de socorro, solitario en el silencio de la noche, y ella no pudo confundir la voz. Saltó de su cama, salió al balcón sin ponerse la bata y entró en la habitación de Ruark. El se retorcía sobre la cama como si estuviera luchando contra invisibles fantasmas. Tenía la frente, cubierta de sudor y la camisa que ella había logrado ponerle estaba empapada. Sha

– ¿De veras estás aquí, Sha

Ella se inclinó y lo besó.

– Oh, Ruark -dijo-, yo creí que te perdería a ti. El le echó un brazo al cuello y la atrajo a su lado. – ¡Te haré daño en la pierna! -protestó Sha

– ¡Ven aquí! -ordenó él-. Quiero saber si esto es un sueño o producto de mi delirio.

Hubo una suave unión de lenguas y labios, cuando sus bocas se entreabrieron y juntaron con una dulzura que pareció detener el tiempo.

– Creo que la fiebre ha cedido -dijo Sha

– ¡Ciertamente! -dijo él, sonriendo-. ¿Tengo que soportar eternamente las ironías de una novia decepcionada?

– En tu delirio dijiste que me amabas -murmuró ella tímidamente-. También lo dijiste antes, cuando estalló la tormenta. Te pedí que me, amaras y tú dijiste que sí.

Ruark desvió la mirada y antes de hablar se frotó el vendaje de la pierna.

– Es extraño que el delirio nos haga decir la verdad, pero es así-. La miró a los ojos-. Sí, te amo. Aunque sea una locura, te amo.

Sha

– ¿Por qué me amas? -preguntó asombrada-. Te he traicionado en cada oportunidad. Te envié a la esclavitud y a cosas peores. ¿Cómo puedes amarme?

– ¡Sha

¿Qué hombre se jactaría de la sabiduría de su amor? ¿Cuántas veces se ha oído decir no me 1mporta, yo amo? Estoy pensando en una muchacha de rostro sin encantos y cabello de color de ratón, cuya virtud fue destruida antes de que ella conociera su existencia. Y en un hombre digno que fue maltratado como esclavo. El buen Gaitlier y Dora. -Miró a Sha

Ruark movió su pierna sobre la almohada y tocó los vendajes, como si quisiera calmar el dolor de su herida. Acarició el brazo de Sha

– Sha

Sha

– Pero yo no quiero amarte -empezó, entre sollozos-. Tú eres un colonial, un asesino convicto, un esclavo.

Yo quiero un apellido para mis hijos. Quiero mucho más de mi marido. -Desvió la mirada, en súbita confusión-. Y no quiero lastimarte más.

Ruark suspiró y renunció por el momento. Tendió la mano y gentilmente enjugó las lágrimas de las mejillas de ella.

– Sha

Su voz adquirió un tono más ligero y sus ojos brillaron con chispas doradas de picardía.

– Ya deberías saber que soy un hombre voluntarioso. Mi madre me consideraba decidido, mi padre me creía malcriado.

Sha

– Sí -dijo- admito eso.

El rió. -Vamos, amor mío, no te aflijas más. Tiéndete aquí a mi lado. Y déjame sentir tu tibieza y tu suavidad. Si no puedes declararme tu amor, por lo menos levántale los ánimos a un hombre enfermo.

Sha

– No puedo descansar porque no sé cuál es peor -dijo él

Ella levantó la cabeza y lo miró desconcertada.

El explicó:

– No sé si es peor el dolor de mi pierna o el de mi entrepierna.

– Mono libidinoso- rió ella y Se refugió en los brazos de él-. Ningún enfermo se excita tan rápidamente ante una leve sonrisa.

Ruark la estrechó un momento, la besó detrás de las orejas y después en los labios. Allí su boca permaneció mucho tiempo disfrutando el dulce sabor a miel. La habitación quedó en silencio y para Sha

Berta había traído una bandeja con el desayuno y Ruark se preparaba para tomar su primer alimento sólido en varios días, cuando se abrió la puerta y entró Pitney trayendo una bandeja con un servicio de café: Lo seguía el mismo Orlan Trahern. Pronto el hacendado dejó una humeante taza en la mesilla junto a la cama.

– Es una hora temprana pero la mejor para venir a agradecerle sin interrupciones por parte de mi hija. – Trahern señaló con el pulgar por encima de su hombro.-. Ella duerme todavía, de modo que hable en voz baja.

Ruark masticó un bocado, no muy seguro de su posición. Miró con recelo a Pitney, quien permanecía de pie con los brazos cruzados, a los pies de la cama. El hombre le devolvió la mirada con un movimiento de las cejas como advertencia.

– Le he asegurado a Trahern -dijo Pitney- que conozco a un hombre que vio cómo lo arrastraban hasta ese barco pirata. En ese momento, el individuo se asustó y no se atrevió a decir nada.

Ruark asintió y bebió el café, que comprobó que estaba generosamente mezclado con brandy. Levantó la taza en silencioso agradecimiento a Pitney y saboreó el aroma que se elevaba de la misma.

Pitney pareció haber dicho todo lo que tenía' que decir y quedó satisfecho con el silencio de Ruark. Trahern se echó atrás en su silla junto a la cama y cruzó las manos sobre su barriga, mientras Pitney acercaba una silla de respaldo recto y se sentaba a horcajadas con los brazos apoyados en el respaldo. Cuando pasaron unos instantes de silencio, el hacendado habló.

– ¿Quiere contarme cómo sucedió todo? Tengo que tomar decisiones y carezco de los elementos suficientes.

Mientras comía, Ruark empezó, su relato. Habló de la incursión y del viaje a la isla. Habló francamente de su intento de confundir a los piratas y su fracaso y declaró que los tres hombres capturados se mostraron deseosos de regresar cuando se les dio la oportunidad. Permitió que lo obligaran a relatar los momentos pasados por Sha

Los dos visitantes parecieron quedar complacidos con el relato y sonrieron aliviados cuando él les aseguró que Sha