Аннотация
Carmen Posadas
La moral de un esnob
La Marquise de Sévigné estaba concurridísimo aquella tarde, cosa que siempre fastidiaba a André, no tanto por el número de personas que allí se daban cita para tomar el té y comentar los últimos chismes -siempre es importante ver a gente conocida-, sino por el ruido de cucharas, toses y tacitas, risas y platos.
«Me estoy haciendo viejo», pensó André, sin que la idea llegara a disgustarle del todo; pues si bien era cierto que en su último cumpleaños había traspasado la desagradable barrera de los sesenta, también lo era que estaba a punto de alcanzar el cénit de su carrera como anticuario y decorador.
«¡Veintidós habitaciones del Elíseo!», se dijo a sí mismo por enésima vez, al tiempo que le hincaba el diente a un éclair de chocolate. «Me han encargado a mí, a mí solo, la remodelación de veintidós habitaciones: boiserie, cortinas, muebles… ¡Una fortuna! Aparte, ...

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