Добавить в цитаты Настройки чтения

Страница 95 из 256

A

—¡Ah! —exclamó A

—¿Es que no quiere encontrarse con Strémov? Dejemos que Alekséi Aleksándrovich y él rompan lanzas en el Comité. Eso a nosotras no nos incumbe. En sociedad es el hombre más amable que conozco y un apasionado jugador de criquet. Ya lo verá usted. Y, aunque su papel de viejo admirador de Liza resulta un tanto ridículo, sale bastante airoso de tan cómica situación. Es muy simpático. ¿No conoce usted a Safo Stolz? Es un tipo nuevo de mujer, completamente nuevo.

Mientras Betsy le decía todas esas cosas, A

—Voy a responder a Alekséi —dijo. Y, sentándose a la mesa, le escribió unos renglones y guardó la hoja en un sobre—. Le digo que venga a comer. Me falta un caballero para una de las damas. ¿Cree que lograré convencerle con ese argumento? Perdone que la deje sola un momento. Haga el favor de cerrar la carta y despacharla —añadió desde la puerta—. Tengo que ocuparme de los preparativos.

Sin pensárselo dos veces, A

Acto seguido selló la carta. Cuando Betsy regresó, llamó a un criado para que la llevara.

Mientras tomaban el té, que les sirvieron en una mesa-bandeja, en el fresco saloncito, las dos mujeres entablaron esa cosy chatcon que la princesa había prometido entretener a su amiga hasta que llegaran los demás invitados. Se ocupaban de las personas a las que esperaban, en particular de Liza Merkálova.

—Es muy agradable y siempre me ha caído bien —dijo A

—Debe usted quererla. Ella la adora a usted. Ayer se acercó a mí después de las carreras y me dijo que lamentaba mucho que no hubieran coincidido. Dice que es usted toda una heroína de novela y que, si fuese hombre, cometería mil locuras por usted. Y Strémov le contesta que ya las comete, aunque no lo sea.

—Pero haga el favor de explicarme una cosa que no he podido entender nunca —dijo A

Betsy sonrió con los ojos y miró atentamente a A

—Es la nueva moda —respondió—. Todos la han adoptado. Esas señoras se han puesto el mundo por montera. Pero hay distintas maneras de hacerlo.

—Sí, pero ¿qué relación tiene con Kaluzhki?

Betsy, de pronto, soltó una carcajada jovial e irreprimible, algo que le sucedía rara vez.

—Está invadiendo usted los dominios de la princesa Miágkaia. Es una pregunta propia de un enfant terrible—dijo Betsy. A pesar de sus esfuerzos evidentes, no pudo contenerse y estalló en una risotada contagiosa, típica de las personas que se ríen poco—. Habrá que preguntárselo a ellos —añadió entre lágrimas.

—Puede tomárselo usted a broma —dijo A

—¿El marido? El marido de Liza Merkálova le lleva la manta de viaje y siempre está dispuesto a atenderla en todo. Y, en cuanto a lo demás, nadie se da por enterado. Ya sabe usted que en la buena sociedad no se habla ni se piensa en ciertos detalles del arreglo personal. Pues lo mismo pasa con este tema.

—¿Acudirá usted a la fiesta de los Rolandski? —preguntó A

—Creo que no —respondió Betsy y, sin mirar a su amiga, empezó a llenar cuidadosamente de té aromático las tacitas transparentes. Le alargó una a A

—¡Cómo me gustaría conocer a los demás como me conozco a mí misma! —dijo A

—¡Un enfant terrible, un enfant terrible! —repitió Betsy—. Ya están aquí.

 

XVIII

Se oyeron unos pasos, una voz de hombre, luego otra de mujer y risas. Al cabo de unos instantes entraron los invitados a los que estaban esperando: Safo Stolz y un joven rebosante de salud, que respondía al nombre de Vaska. Por lo visto, la carne poco hecha, las trufas y el vino de Borgoña le sentaban bien. Vaska saludó a las damas y las miró, pero sólo unos instantes. Entró en el salón detrás de Safo y la siguió a poca distancia, como si estuviera atado a ella, sin apartar sus ojos brillantes: daba la impresión de que quería comérsela. Safo Stolz, una rubia de ojos negros, con zapatos de tacón alto, avanzó con pasos menudos y decididos en dirección a las mujeres, a quienes estrechó la mano con fuerza, como los hombres.

Era la primera vez que A

Betsy se apresuró a presentársela a A

—Figúrese, hemos estado a punto de atropellar a dos soldados —dijo la recién llegada, entre sonrisas y guiños, mientras se arreglaba la cola del vestido, que se había echado demasiado a un lado—. He venido con Vaska... ¡Ah, me olvidaba de que no lo conoce usted! —y Safo lo nombró por su apellido y se lo presentó, ruborizándose y riéndose a carcajadas de haberlo llamado así delante de una desconocida.

El muchacho volvió a saludar a A

—Ha perdido usted la apuesta. Hemos llegado antes. Haga el favor de pagarme —dijo, sonriendo.