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XX

—Aquí tiene usted a Dolly, princesa, a quien tanto deseaba ver —dijo A

La princesa Varvara acogió a Dolly con cariño y cierta condescendencia. En seguida se puso a explicarle que se había instalado en casa de A

—Cuando su marido le conceda el divorcio, volveré a mi soledad. Pero, mientras pueda ser útil, cumpliré con mi deber, por más penoso que me resulte. No como otros. ¡Qué bien has hecho viniendo! ¡Es un gesto muy noble por tu parte! No cabe imaginar matrimonio más bien avenido. Es a Dios a quien corresponde juzgarlos, no a nosotros. ¿Acaso Biriuzovski y Avéneva...? ¿Y Nikándrov, Vasílev y Mamónova, y Liza Neptúnova...? Nadie decía una palabra contra ellos. Y al final han acabado recibiéndolos a todos. Además, c'est un intérieur si joli, si comme il faut. Tout-à-fait à l'anglaise. On se réunit le matin au breakfast et puis on se separe. 138Cada uno hace lo que le parece hasta la hora de comer. La comida se sirve a las siete. Stiva ha hecho muy bien enviándote. No debe romper la relación con ellos. Ya sabes que su hermano y su madre son personas muy influyentes. Además, hacen mucho bien. ¿No te ha hablado de su hospital? Ce sera admirable. 139Lo han traído todo de París.

La conversación fue interrumpida por A

Une partie de lawn te

—No, hace demasiado calor. Será mejor dar una vuelta por el jardín o pasear en barca para enseñarle a Daria Aleksándrovna las orillas —propuso Vronski.

—A mí cualquier cosa me vale —intervino Sviazhski.

—Creo que Dolly prefiere dar un paseo, ¿no es verdad? Dejaremos la barca para luego —dijo A

Todos se mostraron de acuerdo. Veslovski y Tushkévich fueron a la caseta de baño, prometiendo que prepararían la barca y esperarían allí.

En cuanto a los demás, se internaron en la alameda formando dos parejas, A

En general, en abstracto, Dolly aprobaba el proceder de A

Sumida en el desconcierto, Dolly buscaba un tema de conversación. Aunque juzgaba que, siendo tan orgulloso, debían de desagradarle los elogios a la mansión y al jardín, no encontrando nada mejor que decirle se puso a hablarle de lo mucho que le había gustado la casa.

—Sí, es un edificio muy bonito, con ese encanto del estilo de antaño —dijo Vronski.

—Me ha gustado mucho el patio que hay delante de la escalinata. ¿Era así antes?

—¡Oh, no! —exclamó Vronski, con el rostro vivo de satisfacción—. ¡Si lo hubiera visto esta primavera!

Y poco a poco, aunque cada vez con más entusiasmo, pasó a enumerar las distintas labores de embellecimiento de la casa y el jardín. Era evidente que había consagrado muchos esfuerzos a la mejora y ornato de su finca, que sentía la necesidad de jactarse delante de las personas que la visitaban por primera vez y que se alegraba de todo corazón de los elogios de Daria Aleksándrovna.

—Si no está cansada y le apetece, podemos echarle un vistazo al hospital. No queda lejos. Vamos —añadió, después de asegurarse, mirándola a la cara, de que Dolly no se aburría—. ¿Vienes tú también, A

—Les acompañamos, ¿no? —preguntó A

—¡Es un proyecto de importancia capital —dijo Sviazhski y, en seguida, para no parecer un adulador, añadió una observación ligeramente crítica—: Pero lo que me sorprende, conde, es que, con todo lo que ha hecho usted por el pueblo en el ámbito sanitario, muestre tanta indiferencia por las escuelas.

C'est devenu tellement comun, les écoles 142—dijo Vronski—. Y no es sólo eso, entiéndame, es que me he ido entusiasmando con el hospital. Por aquí —añadió, dirigiéndose a Daria Aleksándrovna y señalándole un camino lateral que salía de la alameda.

Nada más tomar el desvío, las señoras abrieron las sombrillas. Después de dar unas cuantas vueltas y de atravesar una cancela, Daria Aleksándrovna vio delante de ella, en una elevación del terreno, un gran edificio de color rojo casi terminado, con un diseño muy original. El tejado de hierro, aún sin pintar, despedía un brillo cegador bajo los ardientes rayos del sol. Al lado de ese edificio se alzaba otro, rodeado de andamios; varios obreros con mandiles colocaban ladrillos, sacaban cemento de unos cubos y lo alisaban con el palustre.

—¡Qué rápido avanzan las obras! —exclamó Sviazhski—. La última vez que estuve aquí, aún no habían puesto el tejado.

—En otoño estará todo listo. El interior está ya casi acabado —dijo A

—Y ese edificio nuevo ¿qué va a ser?

—La residencia del médico y la farmacia —respondió Vronski y, al distinguir la figura del arquitecto, con su abrigo corto, se disculpó delante de las señoras y fue a buscarlo.

Esquivando una fosa de la que los obreros sacaban cal, llegó hasta él y se puso a discutir acaloradamente.

—El frontón sigue estando demasiado bajo —le explicó a A

—Ya te dije que había que levantar los cimientos —replicó ésta.

—Sí, claro, habría sido lo mejor, A

—Pues sí, me interesa mucho esta obra —le respondió A