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—Sí, pero ¿cómo es que estaba aquí? ¿No tenía que acudir al Consejo?

—Fue y regresó. Y ahora iba no sé adonde. Pero da igual. No hables de eso. ¿Dónde has estado? ¿Todo el tiempo con el príncipe?

A

—Pero ¿ahora ha terminado todo? ¿Se ha ido?

—Sí, gracias a Dios. No puedes imaginarte lo insoportable que ha sido para mí.

—¿Por qué? Es la vida que llevan todos los hombres jóvenes —dijo A

—Hace tiempo que he abandonado esa vida —respondió él, sorprendiéndose del cambio que se había operado en el rostro de A

A

—Esta mañana Liza ha pasado a verme. Todavía no le asusta visitarme, a pesar de la condesa Lidia Ivánovna —observó A

—Sólo quería decirte que...

Ella le interrumpió.

—¿Era ésa la Thérése a la que conocías de antes?

—Lo que quería decir...

—¡Qué repugnantes sois los hombres! ¿Cómo es posible que no os deis cuenta de que una mujer no puede olvidar esa clase de cosas? —dijo A

—¡A

—Sí, sí —respondió ella, haciendo visibles esfuerzos por aplacar sus celos—. Pero ¡si supieras cuánto sufro! Te creo, te creo... Bueno ¿qué es lo que me estabas diciendo?

Pero Vronski ya no se acordaba de lo que quería decir. Esos ataques de celos, cada vez más frecuentes en los últimos tiempos, le horrorizaban, y, por más que se esforzara en disimularlo, enfriaban los sentimientos que albergaba por ella, a pesar de que sabía que la causa de los celos era el amor que le tenía. Cuántas veces se había repetido que ese amor era la auténtica felicidad. A

—Entonces, ¿qué era lo que me querías decir del príncipe? Ya he expulsado a ese demonio —añadió. Así llamaban entre ellos a los celos—. Sí, ¿qué era lo que habías empezado a contarme? ¿Qué es lo que te ha resultado tan molesto?

—¡Ah, ha sido insoportable! —dijo Vronski, tratando de recuperar el hilo de sus pensamientos—. No sale ganando cuando se lo conoce a fondo. Si hubiera que definirlo, lo compararía con un animal bien cebado, como esos que reciben la medalla de honor en las ferias. Nada más —añadió, con un tono de desdén que interesó a A

—Pero ¿cómo es posible? —objetó ella—. Supongo que habrá visto mucho mundo y que será un hombre instruido.

—La instrucción de esa gente no es como la nuestra. Parece como si sólo se instruyeran para tener derecho a despreciar la instrucción, como desprecian todo lo demás, excepto los placeres bestiales.

—Pero si a todos vosotros os gustan esos placeres —dijo A

—¿Por qué lo defiendes? —preguntó Vronski, sonriendo.

—No lo defiendo. Me trae absolutamente sin cuidado. De todos modos, supongo que, si no te gustaran esos placeres, habrías renunciado a ellos. Pero el caso es que te causa placer contemplar a esa Thérése en el traje de Eva...

—¡Ya estamos! ¡Otra vez ese demonio! —exclamó Vronski, cogiéndole la mano, que A

—¡Sí, pero es que no puedo remediarlo! No te imaginas lo que he sufrido esperándote. Pienso que no soy celosa. No lo soy. Te creo cuando estás aquí conmigo. Pero cuando te vas a algún lugar tú solo y te entregas a esa vida que no comprendo...

A

—¿Y qué? ¿Dónde te has encontrado con Alekséi Aleksándrovich? —preguntó de pronto con un tono de voz nada natural.

—Nos tropezamos en la puerta.

—¿Y te saludó así?

A

—La verdad es que no lo entiendo —dijo Vronski—. Si después de la explicación que tuvisteis en la residencia de verano hubiera roto contigo, si me hubiera desafiado a duelo... Pero esto no lo entiendo. ¿Cómo puede soportar esta situación? No cabe duda de que sufre.

—¿Él? —replicó A

—¿Por qué seguimos atormentándonos todos cuando las cosas podrían arreglarse?

—No, con él es imposible. ¿Es que no le conozco? Todo su ser está imbuido de mentira... ¿Cómo podría vivir conmigo si tuviera algún sentimiento? No entiende nada, no siente nada. ¿Cómo es posible que un hombre siga viviendo bajo el mismo techo con su esposa culpable? ¿Cómo es posible que hable con ella, que la tutee? —Y de nuevo, sin apenas darse cuenta, volvió a imitarle—: «Tú, ma chère. Tú, A

—No tienes razón, querida, no tienes razón —dijo Vronski, procurando calmarla—. Pero no importa, no hablemos más de él. Cuéntame lo que has hecho. ¿Qué te pasa? ¿Qué es esa enfermedad que tienes? ¿Qué te ha dicho el médico? —A