Добавить в цитаты Настройки чтения

Страница 28 из 429

—Pero, querida princesa— replicó con tanta dulzura como obstinación A

El príncipe Vasili estaba sentado en su actitud familiar, con una pierna sobre la otra; sus mejillas temblaban violentamente y cuando bajaban parecían ensancharse; sin embargo aparentaba estar poco interesado por la conversación de ambas damas.

—Voyons, ma bo

—No sé lo que pone en este papel— dijo la princesa volviéndose al príncipe Vasili y mostrando la cartera de cuero repujado que llevaba en la mano. —Sólo sé que el verdadero testamento está en su despacho; esto no es más que un papel olvidado...

Catiche intentó esquivarla, pero A

—Lo sé, mi querida y buena princesa— dijo A

La princesa calló. No se oía más que el rumor del esfuerzo por adueñarse de la cartera. Era evidente que, de haber dicho algo, sus palabras no habrían sido lisonjeras para A

—Pierre, acérquese, amigo mío. Creo que él no es un extraño en el consejo de familia, ¿no es verdad, príncipe?

—¿Por qué calla, mon cousin?— gritó inesperadamente Catiche, con voz tan fuerte que se oyó en la sala contigua asustando a todos. —¿Por qué calla cuando Dios sabe quién se permite inmiscuirse en nuestros asuntos y no repara en provocar escenas en el umbral de la habitación de un moribundo? ¡Intrigante!— exclamó en voz baja, tirando rabiosamente de la cartera con todas sus fuerzas. A

—¡Oh!— exclamó el príncipe Vasili con voz llena de indignación y asombro. Se levantó. —C’est ridicule. Voyons, dejen esa cartera. Se lo digo a las dos.

La princesa Catiche abandonó la presa.

—¡Y usted también!

Pero A

—Déjela— le dijo. —Yo asumo la responsabilidad de todo. Iré yo mismo y le preguntaré. Yo... y esto debe bastarle.

—Mais, mon prince— objetó A

—Tenga presente que será responsable de todas las consecuencias— dijo severamente el príncipe Vasili. —No sabe lo que hace.

—¡Infame!— gritó la princesa Catiche, echándose de improviso sobre A

El príncipe bajó la cabeza y se abrió de brazos.

En aquel instante la puerta, la terrible puerta que tanto miraba Pierre y que de ordinario se abría tan suavemente, se abrió con gran ruido y batió contra la pared. La segunda de las princesas apareció en el umbral agitando las manos.

—¿Qué hacen ustedes?— gritó desesperada. —Il s’en va et vous me laissez seule. 118

Catiche dejó caer la cartera. A

—Ya puede estar contento— dijo. —Es lo que esperaba.

Y, sollozando, ocultó el rostro en el pañuelo y salió corriendo de la estancia.

Detrás de la princesa apareció el príncipe Vasili. Anduvo vacilante hasta el diván donde se había sentado Pierre y se dejó caer a su lado, ocultando el rostro entre las manos. Pierre notó que estaba pálido y que la mandíbula inferior le temblaba como bajo los efectos de la fiebre.

—¡Oh, amigo mío!— murmuró, cogiendo el brazo de Pierre; en su voz había una franqueza y una debilidad que Pierre jamás había observado en él. —¡Qué pecadores y mentirosos somos! Y, en fin de cuentas, ¿para qué? Voy hacia los sesenta, amigo mío, y ya... Todo concluye con la muerte, todo. La muerte es terrible— y estalló en sollozos.

A

—¡Pierre!— dijo.

Él la miró, interrogador. La princesa besó al joven en la frente, mojándola con sus lágrimas. Tras un silencio dijo:

—Il n’est plus... 119

Pierre la miró a través de los lentes.

—Allons, je vous reconduirai. Tâchez de pleurer. Rien ne soulage comme les larmes. 120

Acompañó al joven hacia el salón, sumido en la penumbra. Pierre estaba contento de que nadie pudiese verle la cara. A

Al día siguiente, por la mañana, A

—Oui, mon cher, es una gran pérdida para todos. No hablo de usted. Pero Dios le dará fuerzas: es usted joven y, según espero, se halla con una inmensa fortuna. Todavía no se ha abierto el testamento. Lo conozco bastante para saber que eso no le hará perder la cabeza. Pero le impone deberes, et il faut être homme. 121

Pierre callaba.

—Quizá más tarde le diré que si yo no hubiese estado, Dios sabe qué habría ocurrido. Sepa que mi tío el conde, anteayer, me prometía no olvidar a Borís. Pero no le ha quedado tiempo. Espero, mi querido amigo, que dará oídos al deseo de su padre.

Pierre no entendía nada; tímido, ruborizado, miraba a la princesa A

Después de su conversación con Pierre, A

—C’est pénible, mais cela fait du bien; ça élève l’âme de voir des hommes comme le vieux comte et son digne fils— comentaba. 122

Por lo que respecta a los actos de la princesa y del príncipe Vasili, también los contaba, sin aprobarlos, pero sigilosamente y en secreto.

XXII

En Lisie-Gori, la finca del príncipe Nikolái Andréievich Bolkonski, se esperaba de un día a otro la llegada del joven príncipe Andréi y de su esposa. Mas la espera no había perturbado el severo orden que regía la vida en la mansión del viejo príncipe. El general en jefe, príncipe Nikolái Andréievich, a quien la sociedad diera el sobrenombre de rey de Prusia, no se movía de Lisie-Gori, donde habitaba con su hija, la princesa María, y con su señorita de compañía, mademoiselle Bourie