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– Solo si es feliz -contestó la paloma perdida-. No quiero saber nada si es triste.
De pronto un ruido de cristales rotos rompió el silencio. Hovha
Debía de ser Yervant, pensó, mientras una nueva preocupación asomaba a sus ojos, una mirada aprensiva y pensativa. Su hijo mayor, Yervant, siempre había sido díscolo y bullicioso, pero últimamente su rebeldía había alcanzado límites intolerables. La verdad es que Hovha
– No te preocupes, pajarillo. -El granado sonrió y se sacudió la nieve de las ramas-. La historia que te voy a contar tiene un final feliz.
Abajo los pasos en el pasillo se multiplicaron de forma alarmante. Ahora parecía que hubiera decenas de Yervants corriendo desobedientes de un extremo al otro con fuertes pisadas. Pero en mitad de todos los correteos, de pronto le pareció oír una voz, tan inesperada y brusca que casi dudó de haberla oído, una voz severa y ronca que restalló un segundo. Y nada más. Después se hizo de nuevo el silencio, como si todo hubieran sido imaginaciones suyas.
En circunstancias normales habría salido corriendo de la habitación para ver si todo iba bien. Sin embargo, esa noche no era una noche normal. No quería que lo molestaran, no ahora que estaba a punto de llegar al final de dieciocho meses de trabajo. Hovha
– Muy bien -convino la paloma perdida-. Cuéntame mi historia. Aunque te advierto que como oiga algo triste, abriré las alas y echaré a volar.
Hovha
Mientras corría hacia las escaleras, Hovha
– Son malos tiempos, muy malos tiempos. Prepárate para lo peor -fue lo primero que murmuró Kirkor cuando se encontraron en la barbería-. Primero llamaron a filas a los armenios. «¿Acaso no somos todos iguales, no somos todos otomanos?», dijeron. «¡Musulmanes y no musulmanes, lucharemos juntos contra el enemigo!» Pero luego desarmaron a los soldados armenios como si ellos fueran el enemigo. A continuación reunieron a los hombres armenios en batallones de trabajo. Y ahora, amigo mío, hay rumores… Algunos dicen que lo peor está por venir.
Aunque sinceramente preocupado, a Hovha
Hovha
Todos los ciudadanos disfrutarán de libertad e igualdad absolutas, sin tener en cuenta religión o nacionalidad, y estarán sujetos a las mismas obligaciones. Todos los otomanos, siendo iguales ante la ley en cuanto a derechos y deberes relativos al Estado, serán elegibles para puestos del gobierno, según su capacidad y educación individual.
Es cierto que no habían cumplido su promesa, abandonando el otomanismo multinacional por el turquismo, pero las potencias europeas vigilaban de cerca el imperio. Seguro que intervendrían si sucedía algo nefasto. Hovha
– No entiendes nada, ¿verdad? -saltó furioso Kirkor Hagopian-. ¡Vives en tus cuentos de hadas!
Hovha
– Pues yo no creo que el fanatismo nos ayude -contestó, apenas en un susurro.
Estaba convencido de que el celo nacionalista solo serviría para sustituir un sufrimiento por otro y que iría inevitablemente en contra de los pobres y los desposeídos. Al final las minorías se apartaban de la entidad mayor a un precio muy alto, solo para crear sus propios déspotas. El nacionalismo no era más que un reabastecimiento de opresores. En lugar de ser oprimido por alguien de otra etnia, acababas oprimido por alguien de tu mismo grupo.
– ¡Fanatismo! -El rostro de Kirkor Hagopian se contorsionó en una mueca de pesimismo-. Llueven las noticias de muchísimos pueblos de Anatolia. ¿No te has enterado de los incidentes de Adana? Entran en las casas armenias con el pretexto de buscar armas y se dedican al saqueo. ¿Es que no lo entiendes? Van a exiliar a todos los armenios. ¡A todos! Y tú estás traicionando a tu propio pueblo.