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Apagaron los ordenadores y volvieron al apartamento de Mikael para dormir unas horas. A las diez de la mañana llamó a Christer Malm.
– Tengo pruebas de que Dahlman trabaja para We
– Ya lo sabía. De acuerdo, voy a despedir a ese cerdo ahora mismo.
– No lo hagas. No hagas absolutamente nada.
– ¿Nada?
– Christer: confía en mí. ¿Dahlman sigue de vacaciones?
– Sí, se reincorpora el lunes.
– ¿Cuánta gente hay en la redacción hoy?
– Pues… está medio vacía.
– Convoca una reunión para las dos. No les digas de qué va. Voy para allá.
En la mesa de reuniones había seis personas sentadas frente a Mikael. Christer Malm parecía cansado. Henry Cortez mostraba esa cara de recién enamorado que sólo un chico de veinticuatro años puede tener. Monika Nilsson daba la impresión de mantenerse a la expectativa; Christer Malm no había dicho nada sobre el contenido de la reunión, pero ella llevaba el suficiente tiempo en la redacción como para darse cuenta de que se estaba tramando algo fuera de lo habitual, y se sentía irritada por haber sido mantenida al margen del information loop. La única que mostraba el mismo aspecto de siempre era Ingela Oskarsson, que trabajaba dos días a la semana como administrativa, ocupándose de las suscripciones y cosas por el estilo, y que, desde que se convirtió en madre, hacía ya dos años, no parecía demasiado relajada. La otra integrante de la redacción a tiempo parcial era la periodista freelance Lotta Karim, que tenía un contrato similar al de Henry Cortez y que acababa de reincorporarse tras las vacaciones. Christer también había conseguido convocar a So
Mikael empezó saludándolos a todos y pidiendo disculpas por haber estado ausente durante ese año.
– Ni Christer ni yo hemos tenido tiempo de comunicarle a Erika lo que aquí se va a tratar, pero os puedo asegurar que en este caso hablo también en su nombre. Hoy decidiremos el futuro de Mille
Hizo una pausa retórica para que asimilaran sus palabras. Nadie hizo preguntas.
– Este último año ha sido duro. Me sorprende que ninguno de vosotros haya ido a buscar trabajo a otra parte. Saco la conclusión de que o estáis locos de atar o sois excepcionalmente leales y da la casualidad de que os gusta trabajar precisamente en esta revista. Por eso voy a poner las cartas sobre la mesa y pediros una última contribución.
– ¿Una última contribución? -preguntó Monika Nilsson-. Eso suena a que piensas cerrar la revista.
– Exacto -contestó Mikael-. Después de las vacaciones, Erika convocará a la redacción a una reunión de lo más triste en la que se os comunicará que Mille
En ese mismo instante cierta preocupación se apoderó de los allí presentes. Incluso Christer Malm creyó por un momento que Mikael hablaba en serio. Luego todos advirtieron en él una sonrisa de satisfacción.
– Durante este otoño tendréis que representar un doble papel. Resulta que nuestro querido secretario de redacción, Ja
– Maldita sea; lo sabía -dijo Monika Nilsson.
Ja
– Si os cuento esto, es porque confío plenamente en vosotros. Llevamos varios años trabajando juntos y sé que tenéis la cabeza en su sitio. Por eso también sé que os vais a prestar al juego de este otoño. Es de vital importancia que le hagamos creer a We
– ¿Cuál es nuestra verdadera situación? -preguntó Henry Cortez.
– Sé que ha sido duro para todos y aún no hemos llegado a buen puerto. Cualquiera con un poco de sentido común diría que Mille
– ¿Cómo? -preguntó Cortez.
– Sorry. No os lo pienso decir. Voy a escribir otro reportaje sobre We
El ambiente se distendió. Mikael se preguntó qué habría sentido él si hubiese estado sentado escuchándose a sí mismo: ¿desconfianza? Sí, sin duda. Pero, al parecer, seguía gozando de mucha confianza entre su reducido grupo de empleados. Levantó la mano.
– Para que esto tenga éxito es importante que We
Mikael escribió «nada de correos electrónicos» en la pizarra.
– Segundo: debéis cabrearos unos con otros. Quiero que empecéis a hablar mal de mí cada vez que Ja
Escribió «mala leche» en la pizarra.
– Tercero: cuando vuelva Erika, tú, Christer, la pondrás al corriente de lo que se está tramando. Su trabajo será asegurarse de que Ja
Escribió la palabra «desinformación».
– Pero ¿el acuerdo sigue siendo vigente? -preguntó Monika Nilsson.
– Creedme -dijo Mikael con severidad-. El Grupo Vanger irá muy lejos para asegurarse la supervivencia de Mille
– ¿Y tú crees que este juego salvará a Mille
– Sé que lo hará. So
– Suena divertido -dijo Monika-. ¿Lo guardamos en la redacción o lo filtramos también a otros medios?
– Que no salga de la redacción. Si la historia aparece en algún lugar, ya sabremos quién lo ha filtrado. Si alguien nos pregunta dentro de unos meses, le contestaremos: «Pero ¿qué dices?, has oído rumores sin fundamento; nunca ha estado en nuestras mentes cerrar Mille