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– ¿Quieres decir que tu compañero mintió?

– No, en absoluto. Me contó exactamente lo que sabía y pude verificar cada palabra suya con documentos de la auditoria del CADI. Incluso viajé a Polonia y le hice fotos al cobertizo de chapa donde estuvo instalada la gran empresa Minos. Y entrevisté a varias personas que trabajaban en la empresa. Todos decían lo mismo.

– No entiendo.

Mikael suspiró. Tardó un poco en retomar la palabra.

– Tenía una historia cojonuda. Aún no me había enfrentado a We

– ¿Y qué es lo que salió mal?

– En algún momento alguien se enteró de que estaba hurgando en algo y We

– Vale.

– Todas estas muestras de simpatía tuvieron como consecuencia que Erika cogiera un cabreo de mil demonios y yo me obstinara aún más. Reforzamos las medidas de seguridad en Mille

– Pero la historia que publicaste fue totalmente distinta.

– Exacto. De repente abrimos una brecha. Conseguimos una fuente, una Garganta Profunda en el círculo de We

– ¿Le creísteis?

– Era muy hábil. Nos ofreció la suficiente información como para llevarnos hasta otra fuente que confirmaba la historia. Incluso nos dio una foto que mostraba a uno de los colaboradores más cercanos de We

– Y todo resultó ser falso.

– De principio a fin-confirmó Mikael-. Los documentos eran hábiles falsificaciones. El abogado de We

– Fascinante -dijo Lisbeth Salander serenamente, asintiendo para ella misma.

– ¿A que sí? A toro pasado fue muy fácil ver cómo nos habían manipulado. La historia de la que partíamos en un principio habría dañado a We

– No podíais batiros en retirada y contar la verdad. Ni probar que We

– Peor aún. Si hubiéramos intentado contar la verdad, señalando a We

– Entiendo.

– We

– Así que elegiste no defenderte y asumir una pena de cárcel.

– Me merecía la condena -dijo Mikael con amargura en la voz-. Fui culpable de difamación. Ya lo sabes. ¿Puedo dormir ahora?

Mikael apagó la luz y cerró los ojos. Lisbeth se acostó a su lado. Permaneció un rato en silencio.

– We

– Ya lo sé.

– No; quiero decir que sé que es un gánster. Trabaja con todos, desde la mafia rusa hasta los cárteles colombianos de la droga.

– ¿Qué quieres decir?

– Cuando le entregué mi informe a Dirch Frode, me encargó otra tarea. Me pidió que intentara averiguar lo que realmente pasó en el juicio. Acababa de empezar cuando Frode llamó a Armanskij y canceló el encargo.

– ¿Ah, sí?

– Supongo que pasaron de la investigación en cuanto tú aceptaste el trabajo de Henrik. Ya no tenía interés.

– Bueno, no me gusta dejar las cosas a medias. La pasada primavera tuve unas semanas… libres, cuando Armanskij no tenía trabajo para mí, así que empecé a indagar en la persona de We

Mikael se incorporó en la cama, encendió la luz y miró a Lisbeth Salander. Su mirada se topó con los grandes ojos de ella. En efecto, tenía cara de culpable.

– ¿Sacaste algo?

– Tengo todo su disco duro en mi ordenador. Puedo darte todas las pruebas que quieras de que se trata de un verdadero gánster.

Capítulo 28 Martes, 29 de julio – Viernes, 24 de octubre

Durante tres días, Mikael estuvo inmerso en los documentos impresos del ordenador de Lisbeth: cajas repletas de papeles. El problema era que los detalles iban cambiando constantemente. Un negocio de opciones en Londres. Otro de divisas en París, hecho con la ayuda de intermediarios. Una sociedad buzón en Gibraltar. El saldo de una cuenta en el Chase Manhattan Bank de Nueva York que inesperadamente se multiplicaba por dos.

Y luego estaban los signos de interrogación más desconcertantes: una sociedad con doscientas mil coronas en una cuenta sin movimientos, abierta cinco años antes en Santiago de Chile -una más de las casi treinta sociedades similares distribuidas en doce países- y ni un solo dato sobre las actividades a las que se dedicaban. ¿Sociedades durmientes? ¿En espera de qué? ¿Empresas tapadera que ocultaban otros asuntos? El ordenador no ofrecía ninguna información sobre las cosas que We

Salander estaba convencida de que la mayoría de esas preguntas nunca obtendría respuesta. Podían ver el mensaje, pero sin una clave no serían capaces de interpretar el significado. El imperio de We

Existía una estructura o, al menos, un indicio de ello. Un laberinto de empresas interdependientes. El imperio de We

Pero si unas empresas eran dueñas de los bienes de las otras, ¿cuál sería, entonces, el valor conjunto de todas ellas?