Добавить в цитаты Настройки чтения

Страница 52 из 106

– A mí me gusta.

– Ya. Pero ¿qué te hace pensar que Ashley Freeman querría ser parte de todo esto?

O'Co

– Responde, gilipollas.

– Que la amo. Y ella me ama a mí.

Murphy volvió a abofetearlo.

– Eso no te lo crees ni tú, pedazo de capullo.

Una fina línea de sangre se dibujó bajo la oreja de O'Co

– Ella tiene clase, Mickey. Al contrario que tú, tiene posibilidades. Es de buena familia, tiene buena educación y sus posibilidades son infinitas. Tú, por el contrario, vienes de la mierda… -remarcó las últimas palabras golpeando al joven- y a la mierda volverás. ¿Cómo lo conseguirás? ¿Tal vez yendo al trullo? ¿O lograrás librarte para que te maten en algún callejón?

– Estoy tranquilo. No he quebrantado ninguna ley.

Los bofetones repetidos estaban surtiendo efecto: la voz de O'Co

– ¿De verdad? ¿Quieres que te investigue con más atención?

Murphy terminó de dar la vuelta, y una vez más le golpeó la nariz con el cañón, exigiendo una respuesta.

– No.

– Eso pensaba.

Lo cogió por la barbilla y la retorció dolorosamente. Pudo ver lágrimas en la comisura de los ojos del joven.

– Pero, Mickey, ¿no crees que deberías pedirme más amablemente que salga de tu vida?

– Por favor, sal de mi vida -dijo O'Co

– Bueno, me gustaría. De verdad que sí. Mirándolo desde un punto de vista objetivo, ¿no crees que sería bueno, bueno de verdad, que te aseguraras de no volver a verme en tu vida? ¿Que este pequeño encuentro, amistoso como es, sea la última vez que tú y yo nos veamos…? ¿Qué me contestas? ¿De acuerdo?

– De acuerdo. -O'Co

– Tienes que convencerme, ¿no crees?

– Sí.

Murphy sonrió y le palmeó la cabeza.

– Para que nos comprendamos de verdad, lo que estamos haciendo aquí es una negociación privada, especial, cara a cara, nuestra orden de alejamiento temporal. Como si estuviéramos en un tribunal. Excepto que la nuestra es jodidamente permanente, ¿entiendes? Seguro que sabes lo que significa permanecer alejados. Sin contacto. Pero nuestra orden es peor que las demás, porque es especial, sólo entre tú y yo, Mickey. Porque no se basa en un puñado de papeles firmados por un viejo juez al que no vas a hacer ni puto caso. La nuestra incluye una garantía… ¡auténtica!

Y con la última palabra, le descargó un puñetazo contra la mejilla, derribándolo al suelo. Se lanzó sobre él, pistola en mano, antes de que el joven tuviera tiempo de reaccionar siquiera.

– Tal vez debería dejarme de hacer el tonto y acabar con esto ahora mismo -dijo, y de repente soltó el seguro del arma. Alzó la mano izquierda como para protegerse de la inminente lluvia de sesos y sangre-. Dame un motivo -masculló-. El que sea, Mickey. Pero dame un motivo para tomar una decisión.

O'Co

– Por favor… -suplicó al fin-. Por favor, me mantendré alejado, lo prometo. La dejaré en paz…

– Buen principio, gilipollas. Continúa.

– Nunca tendré ningún otro contacto con ella. Me mantendré fuera de su vida para siempre, lo juro… ¿Qué más quieres que diga? -O'Co

– Tendré que pensarlo, Mickey. -Bajó la mano con que se protegía y retiró el arma de la cara de O'Co

Se acercó a la mesa barata donde estaba el ordenador. Había un puñado de CD regrabables dispersos. Los cogió y se los guardó en el bolsillo. Luego se volvió hacia el joven, aún en el suelo.

– ¿Es aquí donde guardas tus archivos sobre Ashley? ¿Es con esto con lo que jodes a gente que es mucho mejor que tú?

O'Co

– No te creo -dijo bruscamente-. Ya no. -Entonces golpeó el teclado con la culata de la pistola-. Jop, jop -dijo mientras el plástico se rompía. Dos golpes más y la pantalla y el ratón saltaron en pedazos.

O'Co

– Creo que estamos a punto de terminar. -Cruzó la habitación y se alzó sobre O'Co

– ¿Qué cosa? -Sus ojos estaban anegados en lágrimas, como Murphy esperaba.

– Siempre podré encontrarte. Siempre podré saber dónde te escondes, no importa en qué pequeña ratonera te metas.

El joven asintió.

Murphy lo miró con dureza, buscando en su cara algún signo de desafío, signos de cualquier cosa que no fuera obediencia. Cuando se convenció de que no había ninguno, sonrió.

– Bien. Has aprendido mucho esta noche, Mickey. Una auténtica educación. Y no ha sido tan malo, ¿verdad? He disfrutado mucho de nuestro encuentro. Ha sido divertido, ¿no crees? No, probablemente no lo crees. Ah, y una última cosa…

Se hincó de rodillas, inmovilizando una vez más a O'Co

– Bang -dijo tranquilamente.

A continuación le sacó el arma de la boca, se levantó, le dedicó una sonrisa, se dio la vuelta y se marchó.

El frío aire nocturno lo refrescó y tuvo ganas de soltar una carcajada. Enfundó la pistola, se ajustó la chaqueta para quedar presentable y echó a andar por la calle, moviéndose con rapidez pero sin prisa, disfrutando de la oscuridad, la ciudad y la sensación de triunfo. Ya estaba calculando cuánto tardaría en regresar a Springfield y se preguntaba si llegaría a tiempo de cenar en algún sitio. Dio unos cuantos pasos y empezó a tararear para sí. «No ha estado tan mal, ¿eh?», pensó. Desde luego se había equivocado: la oportunidad de tratar con una basura como O'Co

La oreja de O'Co