Добавить в цитаты Настройки чтения

Страница 10 из 79

– . Ya había pensado en tío Lawrence, pero no podía perder la ocasión de verte a ti.

– Querida mía – dijo Hilary -, las ninfas atractivas jamás deben decir cosas así. Se suben a la cabeza. Bueno, ya hemos llegado. Entra a tomar una taza de té.

En la salida de la vicaría, Di

. – ¿A que no sabes quién se ha presentado después de habernos separado? ¡El hombre malo en personal Ha venido a examinar mis cráneos peruanos!

– ¡No querrás decir Hallorsén!

Adrián le tendió una tarjeta de visita que llevaba impreso:

Profesor Edurard Hallorsen y, más abajo, escrito en lápiz Piedmont Hotel.

– Es un individuo mucho más tratable de lo que creí cuando le encontré en los Alpes. Incluso tengo la impresión de que, sabiéndole coger por su lado bueno, no es un mal muchacho. Eso es lo que quería decirte. ¿Por qué no cogerle por su lado bueno?

– Tú no has leído el Diario de Hubert, tío. – Me gustaría poderlo leer.

- Probablemente lo harás. Quizá lo editemos. Adrián emitió un ligero silbido.

– Reflexiona, querida. Una riña de perros es divertidísima para todo el mundo menos para los perros.

– Hallorsen ya ha hecho su jugada. Ahora le toca a Hubert.

– Bueno, Di

Di

– Está bien, tío. Te lo agradezco mucho. Si vas al West End, ¿podría ir contigo? Quiero ver a la tía Emily.y al tío Lawrence. Mount Street está en tu camino.

– Bien. Cuando hayas acabado de comer nos marcharemos.

– He terminado – dijo Di

CAPÍTULO VI

La fortuna continuaba favoreciéndola. Di

– Ah, Di

– ¿Qué le pasa a tía Em, tío Lawrence?

– Nada, querida. Temo que la vista del pobre tío Cuffs la haya inducido a meditar sobre el futuro. ¿Jamás piensas en el porvenir, Di

Abrió una puerta.

– Querida, aquí tienes a Di

Emily, lady Mont, se hallaba en su salita revestida de madera. Tenía un loro encaramado sobre el hombro y estaba pasando un cepillo de plumas sobre un pedazo del Famille Verte. Bajando el cepillo, se adelantó con una mirada ausente y lejana, y dijo

– Cuidado, Polly.

Acto seguido besó a su sobrina. El loro se trasladó al hombro de Di

– Existe uno para los que lo desean.

– Eres igual, que Michael. ¡Sumamente cerebral ¡-¿ Dónde has encontrado a Di

– En la calle.

– No me parece correcto. ¿Qué tal está tu padre, Di

– Estamos todos muy intranquilos a cansa de Hubert, tía. – Ah, sí. Hubert. ¿Sabes? Creó que cometió un error al azotar a aquellos hombres. Si los hubiese matado a tiros de revólver sería una cosa más comprensible, pero ¡el azote es un acto tan propio de un antiguo señor feudal!

– Cuando ves a un carretero que pega a un pobre caballo para obligarle a tirar cuesta arriba arrastrando una carga demasiado pesada, ¿no te viene ganas de azotarle?

– Sí, ya lo creo… ¿Era eso lo que hacían aquellos individuos?

– Algo mucho peor. Solían torcerles las colas a los mulos y los pinchaban con sus cuchillos. Los pobres animales sufrían terriblemente.

– ¿De veras? Entonces me alegro mucho de que los azotara, a pesar de que no siento ninguna simpatía por las mulas desde que subimos la cuesta del Gemmi. ¿Te acuerdas, Lawxence?

Sir Lawrence asintió. Su rostro tenía una expresión cariñosa, pero burlona, que Di

¿Por qué, tía?

– Se me cayeron encima. Es decir, sólo la que yo montaba. Me han dicho que ha sido la única vez que una mula ha caído encima de alguien. Al parecer, tienen las patas muy firmes.

– ¡Una cosa de muy mal gusto, tía!

– – Sí, y de lo más desagradable. ¿Crees que a Hubert le gustaría ir a Lippinghall la semana que viene, a la cacería de perdices?

– De momento creo que no se muestra dispuesto a ir a ninguna parte. Está terriblemente malhumorado. Pero si tuvieseis un poco de sitio disponible, ¿podría ir yo?

– Claro que sí. Hay sitio en abundancia. Vamos a ver vendrán Charlie Muskham y su mujer, el señor Bentworth y Hen, Michael y Fleur, Diana Ferse y quizá Adrián, a pesar de que no caza, y tu tía Wilmet. ¡Oh! ¡Ah! Y lord Saxenden. – ¿Qué? – gritó Di

– ¿A qué viene esa extrañeza? ¿No es un hombre respetable?

– Pero, tía… ¡eso es maravilloso! El es mi objetivo.

– ¡Qué palabra tan horrible! Es la primera vez que le oiga nombrar así. Además, existe una lady Saxenden, _que actualmente está guardando cama.

– No, no, tía. Quiero hablarle de Hubert. Papá dice que tiene mucha influencia entre bastidores.

– Di

Sir Lawrence rompió el silencio de estatua que habitualmente mantenía en presencia de su mujer.

– Di

– ¿Cómo es, tío Lawrence?

– ¿Snubby? Hace muchos años que le conozco y puedo asegurar que es un buen mozo.

– Esto es muy perturbador – dijo lady Mont, volviendo a coger el loro.

– Querida tiíta, estoy completamente inmunizada. -Pero, ¿lo está lord Snubby? Siempre he procurado que en Lippinghall se respetasen las conveniencias. Tal como están las cosas, Adrián me hace tener algunas dudas, pero – añadió, dejando el loro encima de la repisa de la chimenea -, es mi hermano favorito. Por un hermano favorito una puede hacer muchas cosas.

– Es cierto – asintió Di

– Todo irá bien, Em – intervino sir Lawrence -. Yo vigilaré a Di

– Cada año que pasa, tu tío se vuelve más frívolo, Di

Se acercó a sir Lawrence y éste le posó una. mano sobre un brazo.

Di

– Bueno, adiós, Di

– Estoy más gorda de lo que parece.

– Yo también. Es algo desesperante. Si tu tío no fuese un palo de telégrafos, me importaría menos.