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Aidan maldijo. Con el corazón desolado, se apresuró hacia Do
Aidan apretó su asidero en el cuello de Do
– ¿Cómo pudiste matar a Ronald? ¡Era tu hijo!
– Puede haber sido de mi sangre, -dijo en tono abrasivo-, pero no era mi hijo. Te quería más que a mí. Siempre lo hizo. Mi casa no era tan chula como la del tío Aidan. Mi dinero no era tan bueno. Quería disculparse ante ti. Decirte cuan arrepentido estaba por todo lo que habíamos hecho. Dijo que no teníamos derecho a herirte, así que le dije a Dolor que se lo llevara y usara su cuerpo para llegar a ti.
Aidan se sentía enfermo con sus palabras. ¿Cómo podría haber sido su hermano reducido esto?
– Te quiero, Do
– Entonces muere -Do
Aidan gruñó mientras recuperaba el equilibrio.
Do
Aidan se burló de él.
– Nunca en mi vida pensé que era mejor que tú hasta ahora. Yo nunca podría haber herido a mi familia del modo en que tú lo has hecho. La lealtad es todo para mí. Siempre lo ha sido y siempre lo será. Pero tú… tú no sabes como amar. Tus celos ni siquiera te dejarán reconocerlo cuando lo tengas. No puedo odiarte más, eres una excusa despreciable para un ser humano. Todo lo que puedo hacer es sentir compasión por ti.
Do
Aidan lo agarró y lo arrojó al suelo.
– Eres patético.
Do
– Tú eres el único patético. No tienes nada ahora.
– No es verdad. Tengo mi dignidad y a un millón de personas en el mundo que me quieren. La única cosa que tú tienes en tu vida es ira, amargura y una desconfianza que nunca vencerás. Todo lo que sabes hacer es envidiar a los demás. Nunca tendrás nada. Tu odio y avaricia no te lo permitirán.
Do
Aidan le besó la mano antes de dar un paso alrededor de ella.
– Gracias, Do
Miró a Leta y a Deimos.
– Ahora sé de quien puedo depender. Entiendo lo que es el amor verdadero y lo que significa poner a alguien más sobre mi propia pequeñez. Estoy agradecido a Dios de que seas tan despreciable y de que trataras de arruinarme, todo lo que hiciste hizo de mi vida un infierno mucho mejor. Gracias.
Do
En el momento en que lo hizo, Dolor alzó la mirada con un ceño.
Do
– ¡Mata al bastardo!
Aidan se reforzó para la pelea, pero no sintió que su ira se reavivara. Todo lo que sentía era compasión por el hermano que había permitido que sus celos insignificantes arruinaran su vida entera. Más que eso, los celos de Do
El estómago se le retorció con el pensamiento de lo que Do
No había más dolor dentro de él ahora. Ninguna amargura ni odio. Aidan no sentía nada excepto gratitud por no ser Do
Dolor, quien miraba exactamente como Do
Lo había superado.
– No luchas contra mí -gruñó Dolor.
Aidan sacudió la cabeza lentamente.
– Lucharé sólo por lo que importa -Miró sobre el hombro a Leta-. Su seguridad.
La mirada de Dolor siguió la suya hasta que descansó en Leta. La rabia le oscureció la frente. Dio un paso hacia delante, luego se congeló.
Aidan frunció el entrecejo mientras veía la lucha del dios, como si se contuviera en el sitio por alguna fuerza invisible. Dolor se estiró hacia él, y entonces se rompió en un polvo reluciente que cayó al suelo donde brilló.
Echó una mirada alrededor del cuarto, esperando que el dios se rematerializara.
Dolor no lo hizo.
Confuso, Aidan giró hacia Leta.
– ¿Qué ha sucedido?
– Se ha ido -dijo Deimos, sacudiéndose las manos contra los pantalones-. Lo has derrotado.
– ¿Cómo?
Leta habló en un tono callado.
– El dolor está aquí,
– agudo y claro.
– Aún así, debe desvanecerse,
– Y un nuevo camino debe hacer él. -Ella dio un paso hacia delante-. Eso es lo que Lyssa trataba de decirnos. Liberaste el dolor y la traición de dentro de ti… el temor… y lo dejó impotente para luchar contra ti.
– ¡No! -gritó Do
Aidan giró para encararlo, pero antes de que pudiera sintió un agudo dolor en su hombro. Volteó a su hermano sobre el brazo, y lo sujetó en el suelo. Fue sólo entonces que vio el cuchillo en la mano de Do
La furia lo agarró, pero no permaneció. Do
Deimos recogió el cuchillo del piso.
– ¿Quieres que lo mate por ti?
Aidan sacudió la cabeza.
– Quiero que viva con el conocimiento de que destruyó todo y a todos en su vida que lo amaban -Agarró la mano de Do
Do
Aidan tragó el nudo de la garganta que lo estrangulaba. Aún después de todo lo que había pasado entre ellos, había todavía una parte de él que quería amar a Do
Pero al final, no pudo. Do
– Eras mi hermano, Do
– No necesito tu compasión, gilipollas.
Esas palabras aplastaron cualquier misericordia que tuviera dentro de sí en lo que a su hermano concernía. Había gente allí fuera a la que ninguna cantidad de compasión o amor podía salvar y era tiempo de encarar el hecho de que Do
– Y no necesito basura en mi vida -Echó una ojeada a Leta-. ¿Alguna oportunidad de que el móvil funcione?
– ¿Sí, por qué?
– Porque quiero llamar a la policía para que vengan a sacar a este saco de mierda fuera de mi casa.
– ¡Esto no ha acabado! -gruñó Do
Aidan sacudió la cabeza.
– Oh, sí, lo ha hecho. Vas a salir de aquí en unos pocos minutos y no pensaré nunca más en ti y en lo que has hecho. Realmente no me importas. No vales la sal de mis lágrimas o el poder del cerebro que me llevaría conjurar tu cara.
– No te dejaré descansar.
Aidan bufó.
– Créeme, dormiré bien de noche. Tengo los recursos y el derecho de luchar contra ti hasta el amargo final, por lo que más importa en… mi vida y… -miró a Leta-, mi corazón… estoy más allá de ti.