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Para poder expresar esta prodigiosa cualidad del punto de encaje y las posibilidades perceptivas inducidas por el ensueño, se necesita una nueva sintaxis; o quizá, si esta experiencia estuviera disponible para cualquiera de nosotros y no únicamente para los. chamanes iniciados, la misma sintaxis de nuestra lengua podría expresada.
Otra cosa que me pareció en extremo interesante, pero que me dejaba absolutamente perplejo, era la aseveración de don Juan acerca de que realmente no había ningún procedimiento, del cual se pudiera hablar, que le enseñara a uno cómo ensoñar; y que más que cualquier otra cosa, ensoñar es el resultado de un árido esfuerzo por parte de los practicantes para ponerse en contacto con la fuerza pere
e e indescriptible que los chamanes llamanDon Juan aseguró que este nexo se puede realizar siguiendo cualquier patrón que implique disciplina.
Sin embargo, don Juan consideraba que para lograr la hazaña de ensoñar, es de suprema importancia seguir el camino del guerrero, o la construcción filosófica que los chamanes usan para sostener sus acciones, cualquiera que éstas sean, en este mundo, o en cualquier otro mundo además de éste. Seguir el camino del guerrero crea una homogeneidad de resultados en la ausencia de cualquier patrón preciso. Los pases mágicos eran el recurso que los chamanes de tiempos remotos utilizaban para ayudar a desplazar su punto de encaje, ya que fueron diseñados para darles la estabilidad necesaria y producir la atención de ensueño, sin la cual no hay posibilidad de ensoñar en la forma en que lo hacían los chamanes del México antiguo. Sin la ayuda de la atención de ensueño, lo máximo a lo que los practicantes pueden aspirar es a tener sueños lúcidos de mundos fantasmagóricos, o quizá, hasta vistazos de mundos que generan energía pero que, en la ausencia de una base lógica exhaustiva que los pueda categorizar adecuadamente, no tienen ningún significado.