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Don Juan dijo que el nagual Julián era un mago que podía manejar la fuerza del intento a un grado que resultaría incomprensible para el hombre común. Sus dramas incluían personajes mágicos convocados por la fuerza del intento, como el ser inorgánico que podía adoptar una grotesca forma humana.

– El poder del nagual Julián era tan impecable -continuó don Juan-, que podía obligar al punto de encaje de cualquiera a moverse y a alinear emanaciones que le harían ver lo que el nagual quisiera. Por ejemplo, dependiendo de lo que quería lograr, podía verse muy viejo o muy joven para su edad. Y de su edad, lo único que podían decir quienes conocían al nagual era que fluctuaba. Durante los treinta y dos años que lo conocí, a veces se veía muy joven, y en otras ocasiones estaba tan miserablemente anciano que ni siquiera podía caminar.

Don Juan dijo que, bajo la dirección de su benefactor, su punto de encaje se movió de una manera imperceptible pero profunda. Por ejemplo, un día, sin saber cómo, le vino un temor que por una parte no tenía sentido alguno para él y que por otra parte tenía todo el sentido del mundo.

– Mi temor era que debido a la estupidez perdería mi oportunidad de ser libre y que repetiría la vida de mi padre.

"Y toma en cuenta que la vida de mi padre no tuvo nada de malo. Vivió y murió ni mejor ni peor que la mayoría de los hombres; lo importante era que mi punto de encaje se movió y que un día me di cuenta de que la vida y la muerte de mi padre no tuvieron ningún significado, ni para otros ni para él mismo.

"Mi benefactor me dijo que mi padre y mi madre vivieron y murieron sólo para tenerme a mí, y que sus propios padres hicieron lo mismo por ellos. Dijo que los guerreros son diferentes porque mueven a sus puntos de encaje lo suficiente para darse cuenta del tremendo precio que se ha pagado por sus vidas. Este movimiento les da el respeto y el terror reverente que sus padres jamás sintieron por la vida en general, o por el estar vivo en particular.

Don Juan dijo que el nagual Julián no sólo hizo que sus aprendices movieran sus puntos de encaje, sino que se divirtió tremendamente mientras lo hacían.

– Por lo menos se divirtió inmensamente conmigo -dijo-. Años después, cuando los demás de mis compañeros videntes empezaron a llegar, incluso yo esperaba ansiosamente las disparatadas situaciones que creaba y desarrollaba con cada uno de ellos.

"Cuando el nagual Julián abandonó el mundo, el deleite se fue con él, y jamás volvió. A veces, Genaro nos deleita, pero nadie puede ocupar el lugar del nagual Julián. Sus dramas siempre eran enormes, sin medida. Te aseguro que no sabíamos lo que era divertirse hasta que vimos lo que hacía cuando se le aguaban algunos de esos dramas."

Don Juan se incorporó de su banca favorita. Se volvió hacia mí. Sus ojos estaban brillantes, en paz.

– Yo no soy buen acechador porque quiero a mis semejantes -dijo-. Por ejemplo, si resultara que eres tan estúpido como para fracasar en tu tarea, tienes que tener por lo menos suficiente energía para mover tu punto de encaje y venir a esta banca. Siéntate aquí durante un momento, libre de pensamientos y deseos; yo trataré de venir a recogerte de dondequiera que esté. Te prometo que procuraré hacerlo.

Explotó en una gran carcajada, como si su promesa fuera demasiado ridícula para ser creída.

– Esas palabras deberían decirse ya entrada la tarde -dijo aún riendo-. Nunca en la mañana. La mañana lo hace a uno sentirse optimista y palabras como esas pierden su significado.