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Insistí que me diera una explicación más amplia de los racimos perceptibles. Me contestó que sólo podía agregar que el punto de encaje es como un imán luminoso que irradia un resplandor que automáticamente agrupa haces de emanaciones adondequiera que se mueve dentro del capullo. Cuando estos racimos se alinean, como racimos, con las emanaciones en grande, percibimos el mundo que conocemos. El agrupamiento de emanaciones se lleva a cabo aún cuando los videntes tratan con emanaciones que nunca se usan diariamente. Cada vez que son acentuadas, las percibimos igual que percibimos los racimos de la primera atención.

– Uno de los más grandes momentos de los nuevos videntes -prosiguió-, fue cuando se encontraron que lo desconocido era tan sólo las emanaciones desechadas por la primera atención. Este descubrimiento fue la gloria de los nuevos videntes, porque virtió nueva luz sobre lo desconocido.

"La enormidad de lo desconocido es casi sin límites pero aún en esa enormidad el resplandor del punto de encaje agrupa emanaciones. Lo que no se puede conocer, por otra parte, es una eternidad donde nuestro punto de encaje no tiene manera alguna de agrupar nada.

Explicó que los nuevos videntes se dieron cuenta de que sus visiones obsesivas, aquellas que eran prácticamente imposibles de concebir, coincidían con el movimiento de sus puntos de encaje a profundas regiones en la banda del hombre.

– Esas son visiones del lado oscuro del hombre -aseguró.

– ¿Por qué lo llama usted el lado oscuro del hombre? -pregunté.

– Porque es nuestro lado sombrío y nefasto -dijo-. No es tan sólo lo desconocido, sino lo que nadie quiere conocer.

– ¿Qué pasa con las emanaciones que están dentro del capullo, pero fuera de los límites de la banda del hombre? -pregunté-. ¿Pueden percibirse?

– Sí, pero de maneras verdaderamente indescriptibles -repuso-. No son lo desconocido humano, como en el caso de las emanaciones desechadas en la banda del hombre, sino lo desconocido casi inconmensurable, donde las características humanas no figuran para nada. En realidad es un área de tan abrumadora inmensidad que los videntes más extraordinarios se verían en dificultades para describirla.

Insistí una vez más que a mí me parecía que el misterio, obviamente, radica dentro de nosotros.

– El misterio queda afuera de nosotros -dijo-. En nuestro interior sólo tenemos emanaciones que intentan romper el capullo. Y, de una manera u otra, este hecho nos aberra, ya seamos hombres comunes o guerreros. Sólo los nuevos videntes pueden superar esto. Luchan por ver. Y a través de los desplazamientos de sus puntos de encaje, llegan a darse cuenta de que el misterio es percibir. No tanto lo que percibimos, sino lo que nos hace percibir.

"Te he mencionado que los nuevos videntes creen que nuestros sentidos son capaces de captar todo. Creen esto porque ven que es la posición del punto de encaje la que dicta lo que perciben nuestros sentidos.

"Si el punto de encaje alinea otras emanaciones interiores, diferentes a las normales, los sentidos humanos perciben de maneras inconcebibles."