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V. LA PRIMERA ATENCIÓN
Al día siguiente desayunamos al amanecer, después don Juan me hizo cambiar niveles de conciencia.
– Vayamos hoy día a uno de esos sitios originales -le dijo don Juan a Genaro.
– Pues, ándale -dijo Genaro con acento grave. Me miró y entonces agregó en voz baja, como si no quisiera que yo lo escuchara:- Crees que él debe… a lo mejor es mucho…
En cosa de segundos, mi terror y mis sospechas escalaron alturas insoportables. Empecé a sudar y a jadear involuntariamente. Don Juan vino a mi lado y, con una expresión de risa contenida, me aseguró que Genaro simplemente se estaba divirtiendo conmigo, y que nos íbamos a un lugar adonde los antiguos videntes habían vivido hacía miles de años.
Mientras don Juan me hablaba, miré brevemente a Genaro. Con lentitud, movió la cabeza de un lado a otro. Era un gesto casi imperceptible, como si me hiciera saber que don Juan no decía la verdad. Entré en un estado de frenesí nervioso, casi de histeria, y sólo reaccioné cuando Genaro comenzó a carcajearse.
Me maravillé de la facilidad con la que mis emociones subían hasta ser casi incontrolables o se apagaban totalmente.
Don Juan, Genaro y yo caminamos una corta distancia hacia las erosionadas colinas aledañas. Nos sentamos en una enorme roca plana, sobre una ladera de tierra cultivable. El maíz había sido recientemente cosechado.
– Este es un sitio original -me dijo don Juan-. Volveremos aquí, o a otro sitio muy parecido, un par de veces más, durante el curso de mi explicación.
– De noche aquí pasan cosas muy raras -dijo Genaro-. El nagual Julián, de verdad, se consiguió un aliado aquí. O más bien, el aliado…
Don Juan hizo un gesto visible con las cejas y Genaro se detuvo a media oración. Me sonrió.
– Es todavía muy de mañana para contar cuentos de horror -dijo Genaro-. Esperemos a que oscurezca.
Se puso de pie y comenzó a andar a hurtadillas alrededor de la roca, en puntas de pie, con la espina dorsal arqueada hacia atrás.
– ¿Es verdad que su benefactor se consiguió un aliado aquí? -le pregunté a don Juan.
No me contestó al momento. Miraba extático las contorsiones de Genaro.
– Genaro se refería a una manera muy compleja de usar la conciencia de ser -me contestó al fin, sin dejar de mirar a Genaro.
Genaro completó una vuelta alrededor de la roca y se sentó a mi lado. Resollaba penosamente, casi sin aliento.
Don Juan parecía estar fascinado por lo que Genaro había hecho. De nuevo sentí que se divertían conmigo, que ambos planeaban algo que yo desconocía.
De pronto, don Juan comenzó su explicación. Su voz me tranquilizó. Dijo que, después de muchos trabajos, los videntes llegaron a la conclusión de que a la conciencia de los seres humanos adultos, madurada por el proceso del crecimiento, ya no se la puede llamar simplemente conciencia de ser, porque su modificación la ha convertido en algo más intenso y complejo, algo que los videntes llaman atención.
– ¿Cómo saben los videntes que la conciencia de ser del hombre crece y se cultiva? -pregunté.
Dijo que en cierto momento, a medida que los seres humanos crecen, una banda de las emanaciones del interior de sus capullos se vuelve muy brillante; conforme los seres humanos acumulan experiencia, esa banda comienza a resplandecer. En algunos casos, el resplandor de la banda aumenta tan dramáticamente que se fusiona con las emanaciones del exterior. Los videntes, al presenciar tal enriquecimiento, tuvieron que concluir que la conciencia de ser es la materia prima y que la atención es el producto final.
– ¿Cómo describen los videntes a la atención? -pregunté.
– Dicen que la atención es domar y enriquecer la conciencia de ser a través del proceso de vivir -contestó.
Dijo que el peligro de las definiciones es que simplifican las cosas para volverlas comprensibles; en este caso, al definir la atención, uno corre el riesgo de transformar un logro mágico y milagroso, en algo común. La atención es el logro individual más grande del hombre. Empieza a desarrollarse desde la conciencia animal, en bruto, hasta que llega a abarcar toda la gama de las alternativas humanas. Los videntes la perfeccionan aún más hasta hacerla cubrir la gama total de posibilidades humanas.
Le pregunté si en la visión de los videntes tenían especial significado las alternativas y las posibilidades.
Don Juan repuso que las alternativas humanas son todo lo que somos capaces de escoger como personas. Tienen que ver con el nivel de nuestra escala cotidiana, con lo conocido; y por lo tanto, son bastante limitadas en número y alcance. Las posibilidades humanas, por otro lado, pertenecen a lo desconocido. No son lo que somos capaces de escoger como personas sino lo que somos capaces de alcanzar como seres vivientes. Dijo que un ejemplo de lo primero, las alternativas humanas, es creer que el cuerpo humano es un objeto entre objetos. Un ejemplo de lo segundo, las posibilidades humanas, es lo que los videntes logran hacer al ver al hombre como un ser luminoso en forma de huevo. Con el cuerpo como objeto uno se enfrenta a lo conocido, con el cuerpo como huevo luminoso uno enfrenta lo desconocido; las posibilidades humanas tienen, por consiguiente, un alcance casi inagotable.
– Los videntes dicen que hay tres tipos de atención -continuó don Juan-. Cuando dicen eso, se refieren sólo a los seres humanos y no a todos los seres conscientes que existen. Pero los tres no son tan sólo tipos de atención, son más bien tres niveles de realización. Son la primera, segunda y tercera atenciones; cada una es un reino independiente, completo en sí mismo.
Explicó que, en el hombre, la primera atención es la conciencia animal, en bruto, que a través del proceso de la experiencia humana ha sido convertida en una facultad compleja, intrincada y extremadamente frágil, que se encarga del mundo cotidiano en todos sus i
– La primera atención es todo lo que somos como hombres comunes y corrientes -prosiguió-. En virtud de su dominio tan absoluto sobre nuestras vidas, la primera atención es la propiedad más valiosa que tenemos. Quizás es incluso nuestra única propiedad.
"Tomando en cuenta su verdadero valor, los nuevos videntes comenzaron un riguroso examen de la primera atención. Sus hallazgos moldearon todas sus perspectivas y las perspectivas de todos sus descendientes, aunque la mayoría de ellos aún hoy en día no entienden lo que aquellos videntes realmente vieron.
Enfáticamente, me advirtió que las conclusiones del riguroso examen de los nuevos videntes tenían muy poco que ver con la razón o la racionalidad, porque para examinar y explicar la primera atención, uno debe verla. Sólo los videntes pueden hacer eso. Pero examinar lo que los nuevos videntes vieron en la primera atención, es esencial, a fin de permitirnos la única oportunidad, en nuestra existencia, de darnos cuenta de nuestras propias funciones.
– En términos de lo que los videntes ven, la primera atención es un intenso resplandor de color ambarino -continuó-. Es un resplandor que invariablemente se mantiene fijo en la parte superior de la superficie del capullo y que abarca lo conocido.
"La segunda atención, por otra parte, es un resplandor muchísimo más intenso y cubre una mayor extensión. Tiene que ver con lo desconocido. Es un estado complejo y especializado que entra en función cuando se utilizan las emanaciones interiores del capullo que ordinariamente permanecen fuera de juego.
"La razón por la cual lo llamo un estado complejo y especializado es que, para poder utilizar las emanaciones que ordinariamente no entran en juego, uno necesita de extraordinarias y elaboradas tácticas que requieren suprema disciplina y concentración.
Comentó que ya me había explicado, en sus enseñanzas para el lado derecho, que la concentración requerida para estar consciente de que uno está soñando es la predecesora de la segunda atención. Esa concentración es una forma de estar consciente de ser que no está en la misma categoría de la conciencia normal necesaria para tratar con el mundo diario.
Dijo que a la segunda atención también se le llama la conciencia del lado izquierdo; y que es el campo más vasto que pueda uno imaginarse, tan vasto que parece ilimitado.
– Yo no me metería en ella. por nada del mundo -agregó-. Es un atolladero tan complejo y grotesco que los videntes sensatos sólo entran en ella bajo las más estrictas condiciones.
"La gran dificultad consiste en que la entrada a la segunda atención es enteramente fácil y su atracción es casi irresistible.
Dijo que los antiguos videntes, siendo maestros consumados del arte de manejar el resplandor de la conciencia, la hicieron expandirse a límites inconcebibles. Dedicaron todo su esfuerzo a extender ese resplandor a todas las emanaciones interiores de sus capullos, encendiéndolas por bandas, una banda a. la vez. Y lo lograron, pero curiosamente, el hecho de encenderlas por bandas los hizo quedar aprisionados en algo tan inmenso que no pudieron salir más de ello.
– Los nuevos videntes corrigieron ese error -prosiguió- y dejaron que el arte de manejar el resplandor de la conciencia se desenvolviera y llegara a extender ese resplandor, de un solo golpe, a todos los confines del capullo luminoso.
"La tercera atención se alcanza así, cuando el resplandor de la conciencia se convierte en el fuego interior; un fuego que no enciende sólo una banda a la vez, sino que enciende a todas las emanaciones del Águila que están en el interior del capullo del hombre.
Don Juan expresó su reverencia y admiración por el esfuerzo premeditado de los nuevos videntes para alcanzar la tercera atención cuando aún tienen vida y están conscientes de su individualidad.
No consideró que valiera la pena discutir los casos fortuitos de hombres y de otros seres conscientes que entran en lo desconocido y en lo que no se puede conocer sin darse cuenta de ello; se refirió a ésto como el don del Águila. Afirmó que para los nuevos videntes el entrar en la tercera atención también es un don, pero tiene un significado diferente. Es más bien como un premio por un logro extraordinario.
Agregó que al momento de morir todos los seres humanos entran en lo que no se puede conocer, y que algunos de ellos sí alcanzan la tercera atención, pero de una forma del todo breve y sólo para purificar el alimento del Águila.
– El logro supremo de los seres humanos -dijo- es alcanzar ese nivel de atención y al mismo tiempo retener la fuerza de la vida, sin convertirse en una conciencia incorpórea que se mueve como un punto vacilante de luz hacia el pico del Águila para ser devorado.
Mientras estuve escuchando la explicación de don Juan, una vez más perdí totalmente de vista todo lo que me rodeaba. Indudablemente, Genaro se había levantado y se había ido, ya que no aparecía por ningún lado, Me sorprendí al darme cuenta de que yo estaba acuclillado en la roca, con don Juan también en cuclillas a mi lado. Me tenía agarrado, muy a la ligera, de los hombros.
Me recosté en la roca y cerré los ojos. Había una suave brisa que soplaba del oeste.
– No te duermas -dijo don Juan-. Por ningún motivo debes quedarte dormido en esta roca.
Me senté. Don Juan me miraba con fijeza.
– Descansa y no pienses en nada -me ordenó-. Deja que se extinga tu diálogo interno.