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– No. Eso sería demasiado sencillo -contestó-. Las acciones de los videntes son más complejas que dividir al hombre en cuerpo y mente. Tú no te acuerdas de todo lo que has hecho, porque cuando uno está en la conciencia acrecentada uno ve.
Le pedí a don Juan que volviera a interpretar lo que acababa de decir.
Me explicó con mucha paciencia, que yo había olvidado todo, porque, al entrar en la conciencia acrecentada o al ir más allá de ella, mi conciencia normal había sido elevada, intensificada, y que eso significaba que otras áreas de mi ser total fueron usadas.
– Todo lo que no puedes recordar está atrapado en esas áreas de tu ser total -dijo-. El usar esas otras áreas es el ver.
– Don Juan, estoy más confundido que nunca -dije.
– No te culpo -dijo-. Ver es dejar al desnudo la esencia de todo, es ser testigo de lo desconocido y vislumbrar lo que no se puede conocer, pero ello no nos trae desahogo. Generalmente, los videntes se descalabran al ver que la existencia es incomprensiblemente compleja y que nuestra conciencia cotidiana la difama con sus limitaciones.
Reiteró que, durante sus explicaciones, mi concentración tenía que ser total, que el comprender era de crucial importancia, y que los nuevos videntes daban el más alto valor a las comprensiones profundas que no eran producto de la emoción.
– Por ejemplo, el otro día -prosiguió- cuando creíste haber comprendido algo muy significativo acerca de tu importancia personal y la de la Gorda, en realidad no entendiste nada. Tuviste un arranque emocional, eso es todo. Digo esto porque al día siguiente andabas de nuevo abrazado de tus ideas, como si nunca te hubieras dado cuenta de nada.
"Lo mismo le pasó a los antiguos videntes. Eran dados a las reacciones emocionales. Pero cuando llegó el momento de comprender lo que habían visto, no pudieron hacerlo. Para comprender uno necesita de sensatez, de cordura, no de emocionalidad. No te confíes en aquéllos que lloran con la emoción de comprender, porque no han comprendido nada.
"En el camino del conocimiento hay peligros incalculables para quienes carecen de sobriedad y serenidad -prosiguió-. Con mis explicaciones, estoy delineando el orden en el que los nuevos videntes arreglaron las verdades del estar consciente de ser, para que te sirva como un mapa, un mapa que tienes que sensatamente ver, pero no con tus ojos.
Hubo una larga pausa. Me miró con fijeza. Definitivamente, esperaba a que yo le hiciera una pregunta.
– Todos caen presa del error de que se ve con los ojos -prosiguió-. Pero no te sorprendas de que después de tantos años aún no te das cuenta de que el ver de los brujos no es cuestión de los ojos. Es muy normal cometer ese error.
– Entonces, ¿cómo ven? -pregunté.
Contestó que ver es alineamiento. Y yo le recordé que me dijo que la percepción es alineamiento. Explicó que alinear emanaciones que se usan rutinariamente es la percepción del mundo cotidiano, pero alinear emanaciones que nunca se usan es ver. El acto de ver, siendo resultado de un alineamiento fuera de lo ordinario, no puede ser algo que uno simplemente vea con los ojos. A pesar del hecho de haber visto incontables veces, yo había sucumbido a la manera en que se clasifica y se describe ver.
– Cuando los videntes ven, hay algo que les explica todo a medida que se lleva a cabo el nuevo alineamiento -prosiguió-. Es una voz que les habla en el oído. Si esa voz no está presente, el vidente no está viendo.
Después de una pausa momentánea, siguió explicando que sería igualmente falaz decir que ver es oír, pero que los videntes habían optado por usar la frase la voz del ver, como norma de un alineamiento fuera de lo común. Dijo que esa voz era algo extremadamente misterioso e inexplicable.
– Mi conclusión personal es que la voz del ver pertenece sólo al hombre -dijo-. Quizás ocurre porque el hablar es algo que nadie más hace, además del hombre. Los antiguos videntes creían que era la voz de una entidad de increíble potencia íntimamente relacionada con la humanidad, un protector del hombre. Los nuevos videntes descubrieron que esa entidad, a la que llamaron el molde del hombre, no tiene voz. Para los nuevos videntes la voz del ver es algo incomprensible; dicen que es el resplandor del estar consciente de ser que toca las emanaciones del Águila como un arpista toca el arpa.
Se negó a explicar más, diciendo que más adelante, conforme avanzara en su elucidación, todo se aclararía para mí.
Mientras don Juan hablaba, mi concentración había sido tan total que realmente no recordaba haberme sentado a la mesa a comer. Cuando don Juan dejó de hablar, me di cuenta que su plato de carne guisada estaba casi vacío.
Genaro me miraba fijamente, con una sonrisa radiante. Mi plato estaba frente a mí sobre la mesa, y también estaba casi vacío. Ya sólo contenía un pequeño residuo de guisado, como si en ese momento acabara de comer. Y yo no recordaba haber comido, pero tampoco recordaba haber ido a la mesa o haberme sentado.
– ¿Te gustó la comida? -preguntó Genaro, y miró hacia otro lado.
Le dije que sí, porque no quería admitir que tenía problemas para recordar.
– Para mí, estaba demasiado picante -dijo Genaro-. Tú nunca comes comida picante, así que me preocupa un poco lo que te vaya a pasar. No debiste comer dos platos. Supongo que eres un poco más tragón cuando estás en la conciencia acrecentada, ¿eh?
Admití que probablemente él tenía razón. Me pasó una gran jarra de agua para saciar mi sed y aliviar mi garganta. Cuando bebí toda el agua ávidamente, los dos comenzaron a reír a carcajadas.
De pronto, comprendí lo que ocurría. Mi comprensión fue física. Fue un destello de luz amarillenta que me golpeó como si se hubiera encendido un cerillo justo entre mis ojos. Supe entonces que Genaro bromeaba. Yo no había comido. Estuve tan absorto en la explicación de don Juan que olvidé todo lo demás. El plato frente a mí era el de Genaro.
Después de la cena, don Juan siguió adelante con su explicación. Genaro se sentó a mi lado, escuchando como si nunca antes hubiera. oído la explicación.
Don Juan dijo que, en todos los seres conscientes, es igual la presión que las emanaciones exteriores, llamadas emanaciones en grande, ejercen sobre las emanaciones interiores. Sin embargo, los resultados de esa presión son enormemente diferentes entre ellos, porque sus capullos reaccionan en todas las formas imaginables.
– Ahora bien, -prosiguió- cuando los videntes ven que la presión de las emanaciones en grande desciende pesadamente sobre las emanaciones interiores, que siempre están en movimiento, y las hace detenerse, saben que en ese momento el ser luminoso está consciente de ser.
"Decir que las emanaciones en grande descienden pesadamente sobre las que están dentro del capullo y las hacen detenerse significa que los videntes ven algo indescriptible, cuyo significado conocen sin la menor duda. Significa que la voz del ver les ha dicho que las emanaciones interiores descansan por completo y encajan en aquellas de afuera que les son correspondientes.
Dijo que, naturalmente, los videntes afirman que el estar consciente de ser procede de nuestro exterior, y que el verdadero misterio no está dentro de nosotros. Ya que, por naturaleza, las emanaciones en grande ejercen tremenda presión sobre las que están dentro del capullo, lo perfecto sería dejar que las emanaciones en grande se amalgamen libremente con las que están dentro. Los videntes creen que si dejáramos que este ocurriese nos convertiríamos en lo que realmente somos, seres fluidos, siempre en movimiento, eternos.
Hubo una extensa pausa. Los ojos de don Juan tenían un brillo intenso. Parecían contemplarme desde una gran profundidad. Sentía que cada uno de sus ojos era un punto de brillantez independiente. Por un instante pareció estar luchando contra una fuerza invisible, un fuego interior que quería consumirlo. Pasó con rapidez y don Juan siguió hablando.
– La calidad de conciencia de cada ser individual -continuó- depende del grado en que las emanaciones en grande se amalgaman con las de adentro.
Después de una larga interrupción, don Juan siguió explicando. Dijo que los videntes vieron que la conciencia de ser crece desde el momento de la concepción, se enriquece con el proceso de vivir. Dijo que, por ejemplo, los videntes ven cómo la conciencia de ser de un insecto o la de un hombre crece de maneras asombrosamente diferentes, pero con igual consistencia.
– ¿La conciencia de ser se desarrolla a partir del momento de la concepción o a partir del momento de nacer? -pregunté.
– A partir del momento de la concepción -contestó-. Yo siempre te he dicho que la energía sexual es algo de extrema importancia y que debe ser controlada y usada con mucho tino. Nunca te gustó esa proposición porque, crees que yo hablo de control en términos de moralidad; control para mí significa el ahorro y la recanalización de la energía.
Don Juan miró a Genaro. Genaro asintió con la cabeza.
– Genaro te va a contar lo que decía nuestro benefactor, el nagual Julián, acerca del ahorro y la recanalización de la energía sexual -me dijo don Juan.
– El nagual Julián decía que el sexo era un asunto de energía -comenzó Genaro-. Por ejemplo, él nunca tuvo problemas, porque tenía energía hasta en los dedos gordos de los pies. Pero a mí me echó una sola mirada y de inmediato prescribió que mi chile era sólo para orinar. Me dijo que yo no tenía suficiente energía para el sexo. Dijo que mis padres habían estado demasiado aburridos y demasiado cansados cuando me hicieron dijo que yo era el resultado de una cogida muy aburrida, y que así nací, aburrido y cansado. El nagual Julián recomendaba que la gente como yo jamás tuviera relaciones sexuales, a fin de que pudiéramos almacenar la poca energía que tenemos.
"A Silvio Manuel y a Emilio les dijo lo mismo. Vio que los demás compañeros tenían suficiente energía. No eran el resultado de cogidas aburridas. Les dijo que podían hacer lo que quisieran con su energía sexual, pero recomendó se controlaran y que entendieran que el comando del Águila es que el fulgor de la conciencia de ser se da a través del acto sexual. Todos le dijimos que habíamos entendido y que estábamos de acuerdo.
"Un día, sin aviso alguno y con la ayuda de su propio benefactor, el nagual Elías, abrió la cortina del otro mundo, y sin vacilaciones, nos empujó a todos adentro Con excepción de Silvio Manuel, todos casi nos morimos allí. No tuvimos un ápice de energía para resistir el impacto del otro mundo. A excepción de Silvio Manuel nadie había seguido la recomendación del nagual Julián.
– ¿Qué es la cortina del otro mundo? -le pregunté don Juan.
– Pues ya lo dijo Genaro, es una cortina -contestó don Juan-. Y como siempre, te estás desviando de tema. Estamos hablando de que el Águila ordenó que la energía sexual se use para crear vida. A través de la energía sexual, el Águila otorga la conciencia de ser. Por eso cuando los seres conscientes realizan el acto sexual, las emanaciones que están dentro de sus capullos hacen lo mejor que pueden para conferirle conciencia al nuevo ser que están creando.
Dijo que durante el acto sexual, las emanaciones contenidas en los capullos de ambos participantes sufren una profunda agitación, cuyo punto culminante es una unión, una fusión de dos pedazos de energía consciente, uno de cada participante, que se separan de sus capullos.