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2 A PRIMERA COMPUERTA DEL ENSUEÑO

A manera de preámbulo a su primera lección en el arte de ensoñar, don Juan describió la segunda atención como un proceso que empieza con una idea; una idea que es más rareza que posibilidad real; la idea se convierte luego en algo como una sensación, y finalmente evoluciona y se transforma en un estado de ser, o en un campo de acciones prácticas, o en una preeminente fuerza que nos abre mundos más allá de toda fantasía.

Los brujos tienen dos opciones para explicar su mundo de dimensiones mágicas. Una es con la ayuda de metáforas, y la otra por medio de términos abstractos, propios de la brujería. Yo siempre he preferido la segunda, aunque la mente racional de un hombre occidental jamás encontraría satisfacción en ninguna de las dos.

Don Juan me hizo entender que describir la segunda atención como un proceso era una metáfora de brujos, y que la segunda atención se podía definir como el producto de un desplazamiento del punto de encaje. Un desplazamiento que debe ser intentado, empezando por intentarlo como una idea, y acabando por intentarlo como un estado de conciencia fijo y controlado, donde uno se da cabal cuenta del desplazamiento del punto de encaje.

– Te voy a enseñar el primer paso hacia el poder -dijo don Juan al empezar su instrucción en el arte del ensueño-. Te voy a enseñar cómo preparar el ensueño.

– ¿Qué quiere decir preparar el ensueño, don Juan?

– Preparar el ensueño quiere decir tener un comando práctico y preciso de los sueños; no dejar que se esfumen o cambien. Por ejemplo, puede que sueñes que estás en un salón de clases. Preparar el ensueño significa no dejar que ese sueño se transforme en otro. Es decir que controlas la visión del salón de clase y no la dejas ir hasta que tú quieras.

– ¿Pero es posible hacer eso?

– Por supuesto que es posible. Ese control no es tan diferente al control que uno tiene en la vida diaria. Los brujos están acostumbrados a él y lo ejercen cada vez que lo necesitan. Para llegar a tenerlo debes comenzar por hacer algo muy simple. Esta noche debes mirarte las manos en tus sueños.

No recuerdo que me dijera nada más acerca de esto. Sin embargo, al hacer el recuento de mis experiencias en la segundo atención, salió a la vista que habíamos tenido un intercambio mucho más extenso. Expresé mis sentimientos acerca de lo absurdo de esta tarea, y don Juan me sugirió que debería enfrentarla como un entretenimiento, en vez de algo solemne o mórbido.

– Ponte tan serio como se te dé la gana cuando hablemos del ensueño -dijo-. Las explicaciones siempre requieren de profunda reflexión. Pero cuando ensueñes, sé tan liviano como una pluma. El ensueño tiene que llevarse a cabo con integridad y cordura, pero con risa y con la confianza de quien no tiene preocupación alguna. Solamente bajo estas condiciones pueden nuestros pinches sueños convertirse en ensueño.

Don Juan puso en claro que él había seleccionado arbitrariamente mis manos como algo que yo podía buscar en mis sueños, y que buscar cualquier otra cosa era igualmente válido. El propósito de este ejercicio no era encontrar una cosa específica sino emplear la atención de ensueño.

Don Juan describió la atención de ensueño como el control de los sueños; control que uno adquiere al fijar el punto de encaje en cualquier nueva posición a la cual se haya desplazado durante los sueños normales. En términos más generales, llamó a la atención de ensueño una faceta incomprensible de la conciencia, que parece estar esperando el momento en que la convoquemos y le demos propósito; la llamó también una facultad velada que todos tenemos en reserva, pero que nunca nos atrevemos a usar.

Mis primeros intentos de verme las manos en mis sueños fueron un desastre. Después de meses de vanos esfuerzos, me di por vencido y le eché en cara a don Juan lo absurdo de tal tarea.

– Hay siete compuertas -dijo a manera de respuesta-. Y los ensoñadores tienen que abrirlas todas, de una en una. Te has dado un soberano chingadazo contra la primera compuerta, la cual debes abrir si es que vas a ensoñar.

– ¿Por qué no me dijo usted esto antes, don Juan?

– Hubiera sido inútil hablarte de las compuertas del ensueño antes de que toparas con la primera. Ahora ya sabes que es un obstáculo, y que tienes que vencerlo.

Don Juan explicó que en el flujo energético general del universo hay entradas y salidas, que funcionan a manera de compuertas; y que en el específico caso del ensueño hay siete entradas; siete obstáculos que los brujos llaman las siete compuertas del ensueño.

– Llegamos a la primera al darnos cuenta de una sensación muy particular que se nos viene encima antes de quedarnos profundamente dormidos -dijo-. Una placentera oscuridad y pesadez que nos mantiene suspendidos y no nos permite abrir los ojos.

– ¿Cómo puede darse uno cuenta de estar quedándose dormido? ¿Cuáles son los pasos que hay que seguir?

– No hay pasos que seguir. Uno solamente intenta estar consciente del acto de quedarse dormido.

– ¿Pero cómo puede uno intentar eso?

– El intento o el acto de intentar es algo muy difícil de explicar. Yo, o cualquier otro brujo, pareceríamos un par de idiotas si tratáramos de explicarlo. Ten esto en cuenta cuando oigas lo que te voy a decir a continuación: los brujos intentan cualquier cosa que se proponen intentar, simplemente intentándolo.

– Eso no me dice nada, don Juan.

– Pon mucha atención. Algún día te tocará a ti explicarlo. Lo que te dije parece una idiotez, porque no lo has puesto en el contexto apropiado. Como cualquier otro hombre racional, tú crees que entender es exclusivamente el dominio de nuestra razón, de nuestra mente.

"Lo que te dije está en el campo del intento y el acto de intentar. Para los brujos comprender eso pertenece al campo de la energía. Ellos creen que si esa explicación fuera oída por el cuerpo energético, éste la entendería en términos enteramente diferentes a los de la mente. El truco está en llegar al cuerpo energético. Para eso uno necesita muchísima energía.

– ¿En qué términos la entendería, don Juan?

– En términos de una sensación física muy difícil de describir. Eso es algo que tú debes experimentar personalmente; de otro modo no hay cómo saber lo que te estoy diciendo.

Yo hubiera querido una explicación más precisa, pero don Juan me dio un golpe en la espalda, con la palma de su mano; y me hizo entrar en la segunda atención. En ese entonces, lo que hizo era un absoluto misterio para mí. Podría haber jurado que con su golpe me hipnotizó. Creí que me puso instantáneamente a dormir, y que me soñé caminando con él en una ancha avenida bordeada de árboles en una ciudad desconocida. Fue un sueño tan vívido, y yo estaba tan consciente de todo, que traté al instante de orientarme, leyendo letreros y observando a la gente. Decididamente no era una ciudad de habla inglesa o española, pero era no obstante, una ciudad occidental. La gente parecía ser del norte de Europa, quizá lituanos. Me esforcé por leer los anuncios de comercio y los nombres de las calles.

Don Juan me dio un ligero codazo.

– No te molestes con eso -dijo-. No estamos en ningún lugar identificable. Te acabo de prestar mi energía, y con ella llegaste a tu cuerpo energético. Tu cuerpo energético acaba de cruzar a otro mundo. Esto no va a durar mucho, así que usa tu tiempo con mucha mesura.

"Mira todo, pero sin andar con la boca abierta. No dejes que nadie te note.

Caminamos en silencio. Fue una caminata de una cuadra que tuvo un tremendo efecto en mí. Mientras más caminábamos, mayor era mi ansiedad y mi curiosidad. Tuve la clarísima sensación de que no me encontraba en este mundo. Cuando llegamos a un cruce de calles y nos detuvimos, vi que los árboles a lo largo de la calle habían sido cuidadosamente podados en forma de bolas. Eran árboles no muy grandes con hojas al parecer duras y rizadas. Cada árbol tenía un buen espacio cuadrado para ser regado. No había ni yerbas ni basura en esos espacios, como hay alrededor de los árboles de una ciudad, sino tierra suelta de color negro carbón.

En el momento en que enfoqué mis ojos en el cordón de la acera, antes de cruzar la calle, me di cuenta de que no había coches. Traté desesperadamente de observar a la gente que se arremolinaba alrededor nuestro; quería descubrir algo en ellos que explicara mi ansiedad. Los miré fijamente y ellos también me miraron fijamente. En un instante, un circulo de ojos duros, ojos azules y de color café, se había formado en torno nuestro.

Tuve entonces la aterradora certeza de que esto no era en lo absoluto un sueño; nos encontrábamos en una realidad más allá de lo que mi mente reconocía como algo real. Giré la cabeza para ver a don Juan. En ese instante estaba a punto de descubrir qué era lo diferente en esa gente, pero un extraño viento seco me entró directamente en las fosas nasales. Sentí como un golpe en la cara, mi vista se puso borrosa y olvidé lo que le quería decir a don Juan. En el siguiente instante, estaba yo de vuelta donde había empezado: la casa de don Juan; estaba echado en un petate, acurrucado de lado.

– Te presté mi energía y llegaste a tu cuerpo energético -don Juan dijo como si nada hubiera ocurrido.

Lo oí hablar, pero estaba entumecido. Una extraña comezón en mi plexo solar hacía mi respiración corta y dolorosa. Sabía que había estado a punto de descubrir algo transcendental acerca del ensueño y de la gente que vi, pero me era imposible enfocar esa casi revelación. Cada vez que trataba de hacerlo, el recuerdo del sueño mismo se oscurecía.

– ¿Dónde estuvimos don Juan? -le pregunté- ¿Fue todo eso un sueño? ¿Un estado hipnótico?

– No fue un sueño -contestó-. Fue un ensueño. Te ayudé a entrar en la segunda atención, para que así pudieras comprender lo que significa intentar, no como un tópico para tu razón, sino para tu cuerpo energético.

"A estas alturas, no puedes todavía comprender la importancia de todo esto, no solamente porque no tienes la suficiente energía sino porque además no estás intentando lo que yo intenté por ti. Si lo estuvieras, tu cuerpo energético inmediatamente comprendería que la única forma de intentar es enfocando tu intento en lo que quieras intentar. Esta vez yo lo enfoqué por ti, y lo enfoqué en el acto de llegar a tu cuerpo energético.

– ¿Es la meta del ensueño intentar el cuerpo energético? -pregunté, repentinamente imbuido de una extraña claridad de pensamiento.

– Se puede decir que esa es la meta total -dijo-. En el caso particular de la primera compuerta del ensueño, la meta es, intentar que tu cuerpo energético se de cuenta de que te estás quedando dormido. No trates de forzarte para darte cuenta de que te estás durmiendo. Deja que tu cuerpo energético lo haga. Intentar es desear sin desear, hacer sin hacer.

"Acepta el reto de intentar -prosiguió-. Pon una determinación que no admita palabras o aun pensamientos para convencerte a ti mismo de que has llegado a tu cuerpo energético y que eres un ensoñador. Hacer esto te pondrá automáticamente en la posición de darte cuenta de que te estás durmiendo.

– ¿Cómo puedo convencerme de que soy un ensoñador cuando no lo soy?

– Oír que debes convencerte a ti mismo te vuelve automáticamente más racional. ¿Cómo te puedes convencer de que eres un ensoñador, cuando sabes que no lo eres? Intentar abarca dos cosas: el acto de convencerte a ti mismo que verdaderamente eres un ensoñador, aunque nunca hayas ensoñado, y el acto de estar convencido.