Добавить в цитаты Настройки чтения

Страница 19 из 52

En mi casa, traté de indagar y de deducir, hasta el cansancio, lo que don Juan quiso realmente decir. No estaba en absoluto dispuesto a considerar que quizá hubiera descrito un proceso factible. Un día, después de haber agotado todas mis ideas y mi paciencia, tuve un extraño sueño. En él, un pez repentinamente brincó fuera de una alberca, al borde de la cual yo caminaba. El pez se retorció a mis pies y luego voló como si fuera un pájaro con alas coloridas, y se sentó en una rama, siendo aún un pez. La escena era tan poco común, que mi atención de ensueño se galvanizó. Supe instantáneamente que se trataba de un explorador. Un segundo más tarde, cuando el pez-pájaro se transformó en un punto de luz, grité mi intento de seguirlo, y tal como don Juan lo había dicho: una fuerza incontenible me jaló a otro mundo.

Volé a través de un túnel oscuro, como si fuera yo un insustancial insecto volador. La sensación de un túnel terminó de una manera abrupta, exactamente como si yo hubiera sido arrojado fuera de un tubo. El impulso me dejó, de un golpe, frente a una inmensa masa física; me encontraba casi tocándola. En cualquier dirección que mirara, no podía ver su fin. Cínicamente me puse a pensar que yo mismo estaba construyendo la visión de esa masa, al igual que uno construye un sueño -¿y por qué no? pensé, después de todo, estaba dormido, ensoñando.

Sin otra cosa que hacer, seguí mi rutina y empecé a observar los detalles de mi ensueño. Lo que estaba frente a mí se parecía mucho a una gigantesca esponja. Era una masa porosa y cavernosa. No podía sentir su textura, pero se veía como si fuera áspera y fibrosa. Era de un color café oscuro. No cambiaba de forma; tampoco se movía. Al mirarla fijamente, tuve la absurda impresión de que esa masa estacionaria era algo real; estaba fija en algún sitio, ejerciendo una atracción tan poderosa sobre mí que me era totalmente imposible desviar mi atención de ensueño para examinar algo más. Una extraña fuerza que jamás había encontrado antes en mis ensueños, me tenía aprisionado.

Luego, sentí claramente cómo la masa dejaba libre mi atención de ensueño, la cual se enfocó en el explorador que me había transportado hasta allí. En la semioscuridad se veía como una luciérnaga flotando a mi lado, por encima de mí. En su reino, era una pequeña masa de pura energía. Yo era capaz de ver su chisporroteo energético. Parecía estar consciente de mí. De repente se me echó encima y me jaló o me aguijoneó. No sentí su toque, sin embargo, sabía que me estaba tocando. Era una sensación nueva y asombrosa; sentí como si una parte de mi, que no estaba presente ahí, hubiese sido electrificada por ese toque; una tras otra, oleadas de energía pasaron por ese yo ausente.

A partir de ese momento, todo en mi ensueño se volvió mucho más real que antes, al punto de que se tornó muy difícil mantener la idea de que estaba meramente ensoñando. Una dificultad incrementada por la certeza de que con su toque, el explorador había hecho una conexión energética conmigo. Empecé a adivinar lo que quería que yo hiciera, en el instante mismo en que parecía jalarme o empujarme.

Lo primero que hizo fue empujarme hacia adentro de la masa física, a través de una enorme caverna o apertura. El interior era tan homogéneamente poroso como el exterior, pero de apariencia más pulimentada, como si la asperidad hubiese sido lijada. Me encontré frente a una estructura semejante a una amplificación de un panal de abejas. I

La luz era muy tenue, sin embargo, todo era perfectamente visible. Los túneles parecían estar vivos y conscientes de sí; chisporroteaban. Al quedarme mirándolos fijamente me di cuenta de que estaba viendo. Esos eran túneles de energía. En el instante de comprender esto, la voz del emisario de ensueño rugió en mis oídos, tan fuerte que no pude entender lo que dijo.

– ¡Baja el tono! -grité con mi usual impaciencia, y comprobé que si hablaba, bloqueaba la visión de los túneles y entraba en un vacío en el cual lo único que podía hacer era escuchar.

El emisario moduló su voz y dijo:

– Estás adentro de un ser inorgánico. Escoge un túnel y hasta puedes vivir en él. -La voz se calló por un instante y luego añadió -: eso es, si así lo deseas.

No pude decir nada. Tenía miedo de que cualquier afirmación que hiciera, pudiera ser interpretada de manera opuesta a lo que quería decir.

– Hay infinitas ventajas para ti -continuó la voz del emisario-. Podrías vivir en tantos túneles como te plazca. Y cada uno de ellos te enseñaría algo diferente. Los brujos de la antigüedad vivieron así y aprendieron cosas maravillosas.

Aunque sin sentirlo, tuve la sensación de que el explorador me empujaba por detrás. Parecía urgirme a seguir adelante. Tomé el túnel inmediatamente a mi derecha. Tan pronto como estuve en él, comprendí que estaba flotando. Era yo una masa de energía igual al explorador.

La voz del emisario sonó una vez más en mis oídos.

– Sí, eres una masa de energía -dijo, reafirmando lo que yo ya sabía. Pero aun así, su redundancia me causó alivio-. Y estás flotando adentro de un ser inorgánico -prosiguió-. Esta es la forma en que el explorador quiere que te muevas en este mundo. Cuando te tocó, te cambió para siempre. Ahora, prácticamente eres uno de nosotros. Si te quieres quedar aquí, simplemente tienes que manifestar tu intento en voz alta.

El emisario dejó de hablar y pude ver nuevamente el túnel. Pero cuando volvió a dirigirme la palabra, algo se había ajustado; podía escuchar la voz del emisario sin perder de vista a ese mundo.

– Los brujos antiguos aprendieron todo lo que sabían acerca del ensueño, quedándose aquí con nosotros -dijo.

Estaba a punto de preguntarle si habían aprendido todo lo que sabían simplemente viviendo en esos túneles, pero el emisario me contestó antes de que se lo preguntara.

– Sí, aprendieron todo simplemente viviendo dentro de los seres inorgánicos -dijo-. Lo único que los brujos antiguos tuvieron que hacer para vivir adentro de ellos, fue decirlo; de la misma manera que lo único que tuviste que hacer tú para llegar aquí, fue expresar tu intento en voz alta, de una manera fuerte y clara.

El explorador me señaló que continuara moviéndome. Por un momento dudé qué hacer; el explorador hizo algo similar a darme un empellón de tal magnitud que volé a una velocidad inverosímil por i

Cambiamos de direcciones verticales arriba y abajo varias veces, y en todos esos cambios experimenté la misma percepción. Estaba a punto de formular un pensamiento al respecto, cuando escuché la voz del emisario.

– Creo que te sentirías mejor si gatearas en lugar de volar -dijo-. También te puedes mover como una araña o una mosca, para arriba, o para abajo, o volteado de cabeza.

Me calmé instantáneamente. Era como si hubiera estado hueco, y de repente tuviera ahora un peso que podía mantenerme fijo en el piso. No sentía las paredes de los túneles, pero el emisario tenía razón en cuanto a que me sentiría mejor moviéndome contra las paredes como si estuviera gateando.

– En este mundo la gravedad no te inmoviliza -dijo. De lo cual por supuesto ya me había dado cuenta-. Tampoco tienes que respirar -la voz continuó-. Y únicamente para tu conveniencia, puedes retener la vista y ver cómo ves en tu mundo. El emisario parecía indeciso, decidiendo si añadir algo más o no. Tosió de la misma forma que un hombre lo hace cuando se aclara la garganta, y dijo-: la vista nunca se menoscaba en este mundo, por lo tanto, un ensoñador habla siempre de sus ensueños en términos de lo que ve.

El explorador me dio la señal de entrar a un túnel a mi derecha. Era más oscuro que los otros. De una manera absurda, me pareció acogedor, amigable, y hasta conocido. Se me ocurrió que yo era como ese túnel, o que ese túnel era como yo.

– Ustedes dos ya se conocieron antes -dijo la voz del emisario.

– ¿Cómo dijiste? -pregunté. Entendí lo que me había dicho, pero no podía comprender lo que quería decir con eso.

– Ustedes dos forcejeaban una vez, y por esa razón, ahora llevan consigo la energía del uno y del otro.

Se me ocurrió que la voz del emisario estaba llena de malicia o hasta de sarcasmo.

– No, no es sarcasmo -me aseguró el emisario-. Me da gusto que tengas familiares aquí entre nosotros.

– ¿Qué quieres decir con familiares? -pregunté.

– Cuando se comparte energía, se crea un parentesco -contestó-. La energía es como la sangre.

No fui capaz de decir nada más. Sentí de un modo muy vago lejanas punzadas de terror.

– El miedo es algo que no existe en este mundo -dijo el emisario. Y esa fue su única aseveración no cierta.

Mi ensueño terminó ahí. La impresionante intensidad y claridad de mi ensueño, y la continuidad de las aseveraciones del emisario me impresionaron de tal manera, que estaba más que ansioso por contárselo a don Juan. Me sentí terriblemente perturbado y sorprendido cuando don Juan no quiso escuchar mi relato. No dijo nada, pero tuve la clara impresión de que creía que todo había sido el resultado de mis exageraciones.

– ¿Por qué se comporta usted así conmigo? -le recriminé-. ¿Está usted molesto conmigo?

– No. No estoy molesto contigo de ninguna manera -dijo-. El problema es que no puedo hablar de esta parte de tu ensueño. Estás completamente solo en este asunto. Te he dicho que los seres inorgánicos son reales. Ahora te estás dando cuenta de lo reales que son. Pero lo que hagas con tus descubrimientos es asunto tuyo, únicamente tuyo. Algún día te darás cuenta de la razón por la cual tienes que estar solo.

– ¿Pero no hay nada que usted me pueda decir acerca de ese ensueño? -insistí.

– Lo que te puedo decir es que no fue solamente un ensueño. Fue un viaje a lo desconocido. Un viaje necesario, y extremadamente personal.

Inmediatamente cambió de tema, y empezó a hablar sobre otros aspectos de sus enseñanzas. Pero a partir de ese día, a pesar de mi miedo y la falta de consejos, me convertí en un viajero diario a ese mundo esponjoso. Comprobé que cuanto más intensa era mi capacidad de observar los detalles de mis ensueños, más fácil era aislar a los exploradores. Si admitía que los exploradores eran una energía foránea, se mantenían dentro de mi campo de percepción por un rato. Si los tomaba como objetos casi conocidos, se quedaban por un rato aún más largo, cambiando de forma erráticamente. Pero si los seguía, expresando en voz alta mi intento de ir con ellos, los exploradores transportaban mi atención de ensueño a un mundo más allá de lo que puedo normalmente imaginar.