Добавить в цитаты Настройки чтения

Страница 90 из 131

Capítulo 23 Domingo, 3 de abril – Lunes, 4 de abril

Mikael preparó otros dos espressos. Encendió un cigarrillo y le pidió disculpas. Paolo Roberto se encogió de hombros. Mikael lo observó pensativo.

Paolo Roberto tenía fama de ser un tipo chulo al que le gustaba decir sin rodeos lo que pensaba. Mikael se dio cuenta en seguida de que, en privado, resultaba igual de chulo, pero también de que era un hombre inteligente y humilde. Se acordó de que Paolo Roberto había intentado meterse en política, en su día, presentándose como candidato a diputado por el partido socialdemócrata. A Mikael le produjo la impresión de ser un tipo inteligente, y se sorprendió a sí mismo constatando que el tío le caía bien de primeras.

– ¿Por qué vienes a mí con esta historia?

– Salander está metida en un buen lío. No sé qué se puede hacer, pero me imagino que le vendría bien contar con un amigo en su rincón del cuadrilátero.

Mikael asintió con la cabeza.

– ¿A ti qué te hace pensar que es inocente? -preguntó Paolo Roberto.

– Es difícil de explicar. Lisbeth es una persona muy intransigente, pero no me creo la historia de que ella matara a Dag y a Mia. Sobre todo a Mia. En primer lugar, no tenía ningún motivo…

– Que nosotros sepamos.

– De acuerdo, Lisbeth no dudaría en emplear la violencia contra alguien que se lo mereciera. Pero no sé. He desafiado a Bublanski, el policía a cargo de la investigación. Creo que sí había un móvil para asesinar a Dag y Mia. Y, en mi opinión, se encuentra en el reportaje en el que estaba trabajando Dag.

– Si tienes razón, Salander no sólo necesitará a alguien que la coja de la mano cuando la detengan; habrá que darle otro tipo de ayuda completamente distinto.

– Ya lo sé.

Un peligroso destello apareció en los ojos de Paolo Roberto.

– Pero si es inocente, joder… entonces habrá sido objeto de uno de los escándalos jurídicos más notorios de la historia. Ha sido señalada como asesina por los medios de comunicación y por la policía, y encima se ha escrito tanta mierda sobre ella…

– Ya lo sé.

– ¿Y qué podemos hacer? ¿Puedo ayudar de alguna manera?

Mikael meditó la respuesta.

– Hombre, la mejor forma de ayudarla sería, por supuesto, encontrar un culpable alternativo. Estoy en ello. Y lo siguiente, sería dar con ella antes de que algún policía la mate de un tiro. Como ya sabes, Lisbeth no pertenece, precisamente, a ese tipo de personas que se entregan voluntariamente.

Paolo Roberto asintió con la cabeza.

– ¿Y cómo la encontramos?

– Ni idea. Pero sí hay una cosa que podrías hacer. Algo puramente práctico, si tienes tiempo y ganas.

– La semana que viene mi mujer estará de viaje. Tengo tiempo y ganas.

– De acuerdo, estaba pensando en que como eres boxeador…

– ¿Sí?

– Lisbeth tiene una amiga, Miriam Wu, habrás leído, sin duda, alguna que otra cosa sobre ella.

– Más conocida como la bollera BDSM. Sí, algo sé.

– Tengo su número de móvil y he intentado hablar con ella, pero cuelga en cuanto escucha que hay un periodista al otro lado de la línea.

– La entiendo.

– No tengo tiempo para perseguir a Miriam Wu. El caso es que he leído que practica kick-boxing, es profesional. Estaba pensando que si un famoso boxeador se pusiera en contacto con ella…

– Ya entiendo, esperas que nos pueda conducir hasta Salander.

– Cuando la policía habló con ella dijo que ignoraba por completo dónde se había metido Salander. Aun así, merece la pena intentarlo.

– Dame su número. La localizaré.

Mikael le dio el número de Miriam Wu y la dirección de Lundagatan.

Gu

Mikael Blomkvist era un cabrón de primera. La duda residía en si podría persuadirlo para que callara que… que Björck había contratado los servicios de esas malditas putas. Lo que hizo era enjuiciable, y sabía que lo despedirían sin miramientos si eso saliera a la luz. La prensa lo destrozaría. Un oficial de la Policía de Seguridad de Suecia aprovechándose de prostitutas adolescentes… Si, al menos, esos putos chochos no hubiesen sido tan jóvenes.

Quedarse de brazos cruzados significaba sellar su destino. Björck había tenido la suficiente astucia para no decirle nada a Mikael Blomkvist. Le había leído la cara y registrado su reacción; Blomkvist estaba angustiado. Quería información. Pues tendría que pagar un precio. Y ese precio era su silencio. Era la única salida que le quedaba.

Zala creaba una ecuación completamente nueva en la investigación.

Dag Svensson había estado persiguiendo a Zala.

Bjurman había estado buscando a Zala.

Y Björck era la única persona que sabía que existía una conexión entre Zala y Bjurman, lo que significaba que Zala se hallaba vinculado tanto a Enskede como a Odenplan.

Aunque eso suponía otro grave problema para el futuro bienestar de Gu

Además, desde que Mikael Blomkvist lo visitara el viernes, había cometido otro acto delictivo. Él era policía y si poseía información relacionada con la investigación de un asesinato, su deber era contactar de inmediato con las fuerzas del orden y facilitar esa información. Pero si pasara la información a Bublanski o al fiscal Ekström, él mismo quedaría, automáticamente, en evidencia. Todo saldría a la luz. No lo de las putas, sino todo el asunto Zalachenko.

El sábado hizo una visita apresurada a su lugar de trabajo, la Säpo de Kungsholmen. Sacó todo el viejo material de Zalachenko y volvió a leerlo. Él mismo había redactado los informes, pero de eso hacía ya mucho tiempo. Los documentos más antiguos ya tenían casi treinta años; el más reciente, diez.

«Zalachenko.»

Un cabrón escurridizo.

«Zala.»

El propio Gu

La conexión estaba más clara que el agua. Con Enskede. Con Bjurman. Y con Salander.

Gu

«Está loca de atar. ¡Por el amor de Dios, espero que algún policía le pegue un tiro en cuanto la detengan! Ella lo sabe todo. Si habla, puede hacer saltar toda la historia por los aires.»

Por muchas vueltas que le diera al tema, lo cierto era que Mikael Blomkvist constituía su única salida, y, en su actual situación, eso acaparaba todo su interés. Sintió una creciente desesperación. Había de convencer a Blomkvist para que lo tratara como una fuente confidencial y callara sus… «pícaras correrías» con aquellas malditas putas.

«¡Joder! ¡Ojalá Salander le vuele los sesos a ese Blomkvist!»

Miró el número de teléfono de Zalachenko y sopesó los pros y los contras. No fue capaz de decidirse.

Mikael había convertido en un hábito anotar sistemáticamente el resultado de sus indagaciones. Cuando Paolo Roberto se fue, consagró una hora a esa tarea. Sus notas eran un cuaderno de bitácora, casi en forma de diario, donde dejaba volar libremente sus pensamientos al mismo tiempo que consignaba, con meticulosidad, todas las conversaciones, reuniones e investigaciones que realizaba. Encriptaba diariamente el documento con el PGP y le enviaba una copia a Erika Berger y otra a Malin Eriksson, para que sus colaboradoras estuviesen al día.

Las semanas anteriores a su muerte, Dag Svensson se había centrado en Zala. El nombre salió en la última conversación telefónica con Mikael, tan sólo dos horas antes del asesinato. Además, Gu

Mikael dedicó quince minutos a resumir lo que había conseguido averiguar sobre Björck; poca cosa.

Gu

A Vinge le despidieron cuando, en una conversación con el gobernador civil de la provincia de Norrbotten, Ragnar Lassinanti, sostuvo que Olof Palme trabajaba como espía para los rusos. Luego estalló el caso IB, el de Holmér, el del Cartero y mataron a Palme…, y se sucedió un escándalo tras otro. Mikael no tenía ni idea del papel que Gu

La carrera de Björck entre 1970 y 1985 era una hoja en blanco; algo que, tratándose de la Säpo, no resultaba extraño, ya que todo lo referente a sus actividades estaba clasificado como secreto. Lo mismo podría haberse dedicado a sacar punta a los lápices en un almacén que haber sido agente secreto en China. Aunque esto último resultaba más bien poco probable.

En el mes de octubre de 1985, Björck se trasladó a Washington donde trabajó en la embajada de Suecia durante dos años. En 1988, ya se encontraba de vuelta en Estocolmo y en su puesto de la Säpo. En 1996, se convirtió en un personaje público al ser nombrado director adjunto del Departamento de Extranjería. Mikael no sabía a ciencia cierta en qué consistía el trabajo de Björck. A partir de ese mismo año, Björck apareció en los medios de comunicación, en numerosas ocasiones, a raíz de la extradición de algún que otro árabe sospechoso. En 1998, se colocó en el punto de mira con motivo de la expulsión de varios diplomáticos iraquíes.

«¿Qué tiene que ver todo eso con Lisbeth Salander y los asesinatos de Dag y Mia? Probablemente nada.

»Pero Gu

»Por lo tanto, tiene que existir una conexión.»

Erika Berger no le había contado a nadie -ni siquiera a su marido, a quien, por regla general, no le ocultaba nada- que iba a irse a trabajar al Gran Dragón, el Svenska Morgon-Posten. Le quedaba aproximadamente un mes en Mille

También la acosaba una continua preocupación por Mikael. Había leído su último correo con una sensación deprimente. Reconocía los síntomas. Era la misma obstinación con la que, dos años antes, se aferró a lo de Hedestad, y la misma obsesión con la que fue a por We