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– ¿Cómo te has enterado? -preguntó Mikael.

– Había salido con mi novia y estábamos de camino a casa cuando nos enteramos por la emisora interna del taxi. La policía buscaba información y preguntaba a los taxistas si habían llevado a alguien a esa dirección. La reconocí. Tenía que venir.

Henry Cortez parecía tan conmocionado que Erika se levantó y le dio un abrazo antes de invitarlo a sentarse. Retomó el hilo de la discusión.

– Yo creo que a Dag le gustaría que publicáramos su material.

– Y eso es lo que vamos a hacer. El libro saldrá, por descontado. Pero la situación actual nos obliga a retrasar su publicación.

– ¿Y ahora qué? -preguntó Malin-. No se trata tan sólo de sustituir un artículo; es un número temático y tenemos que rehacer toda la revista.

Erika permaneció callada un rato. Luego esbozó la primera y fatigada sonrisa del día.

– ¿Habías pensado tener libre estas fiestas, Malin? -preguntó-. Olvídalo. Lo vamos a hacer así… Malin, Christer, tú y yo vamos a sentarnos a planificar un número completamente nuevo, sin Dag Svensson. A ver si podemos sacar algunos de los artículos que teníamos pensados para el número de junio. Mikael, ¿cuánto material te había dado ya Dag Svensson?

– Tengo la versión final de nueve de los doce capítulos y la penúltima del diez y del once. Dag iba a mandarme por correo la versión definitiva (voy a mirarlo), pero no tengo casi nada del último, el doce. Es donde iba a recapitular y sacar conclusiones.

– Pero ¿Dag y tú habíais hablado de todos los capítulos?

– Sé lo que pensaba escribir, si te refieres a eso.

– De acuerdo, tú ponte con los textos, tanto con los del libro como con los de los artículos. Quiero saber lo que falta y si podemos reconstruir cosas que a Dag no le hubiera dado tiempo a entregar. ¿Podrías hacer una estimación para hoy mismo?

Mikael le indicó que sí con la cabeza.

– También quiero que reflexiones sobre lo que vamos a decirle a la policía. Qué resulta inofensivo y dónde empezamos a arriesgarnos a violar la confidencialidad de las fuentes. Nadie de la revista dirá nada sin que tú lo hayas aprobado.

– Muy bien -dijo Mikael.

– ¿Crees en serio que la historia de Dag es el móvil de los asesinatos?

– O la tesis de Mia… no sé. Pero no podemos descartar esa posibilidad.

Erika Berger reflexionó un instante.

– No, tienes razón. Encárgate tú de eso.

– ¿Que me encargue de qué?

– De la investigación.

– ¿Qué investigación?

– Nuestra investigación, ¡joder! -Erika Berger alzó repentinamente la voz-. Dag Svensson era periodista y trabajaba para Mille

Miró de reojo a Malin Eriksson.

– Malin, si me ayudas hoy a esbozar las líneas generales de un número completamente nuevo, Christer y yo nos encargaremos luego del trabajo duro. Como tú has colaborado muchísimo con Dag Svensson y en otros textos del número temático quiero que, junto a Mikael, sigas de cerca el desarrollo de la investigación policial.

Malin Eriksson asintió.

– Henry… ¿puedes trabajar hoy?

– Claro.

– Empieza llamando a todos los demás colaboradores de Mille

– De acuerdo. Primero llamaré a los colaboradores y luego volveré a casa a ducharme y desayunar. Regresaré en cuarenta y cinco minutos, si no voy directamente a Kungsholmen.

– Estaremos en contacto a lo largo del día.

Un breve silencio se hizo en torno a la mesa.

– De acuerdo -dijo Mikael finalmente-. ¿Estamos?

– Supongo -respondió Erika-. ¿Tienes prisa?

– Sí. Debo hacer una llamada.

Harriet Vanger estaba tomando un desayuno compuesto por café y tostadas con queso y mermelada de naranja en el porche acristalado de la casa de Henrik Vanger, en Hedeby, cuando sonó su móvil. Contestó sin mirar la pantalla.

– Buenos días, Harriet -la saludó Mikael Blomkvist.

– Pero bueno, ¡qué sorpresa! Yo creía que tú nunca te levantabas antes de las ocho.

– Así es, siempre y cuando me haya acostado antes. Algo que no he hecho todavía.

– ¿Ha ocurrido algo?

– ¿No has oído las noticias?

Mikael le contó brevemente lo sucedido durante la noche.

– ¡Qué horror! -dijo Harriet Vanger-. ¿Cómo estás?

– Gracias por preguntar. Bueno, he tenido días mejores. Pero te llamo porque tú formas parte de la junta directiva de Mille

– O sea, que he de estar preparada. De acuerdo. ¿Y qué les digo?

– Diles la verdad. Que estás informada de lo que ha ocurrido. Naturalmente, te encuentras en estado de shock debido a los brutales asesinatos, pero no conoces en detalle el trabajo de la redacción y, por lo tanto, no puedes comentar ninguna de las especulaciones. Investigar los asesinatos es cosa de la policía, no de Mille

– Gracias por avisarme. ¿Hay algo que pueda hacer?

– Ahora mismo no. Pero si se me ocurre algo, te llamaré.

– Bien. Y Mikael… mantenme informada, please.